sábado, 16 de agosto de 2014

¿Por qué Frankie Wilde convierte a David Guetta en un telettubie?

Tuve la oportunidad de conocer a Pete Tong hace apenas un mes, en Ibiza. Todavía no había visto la película que él mismo produjo en 2004 y que, pongo la mano en el Traktor, le propinó a él y a sus colegas unas risas que a día de hoy siguen haciendo historia. 

Como muchos sabréis, la película It's All Gone Pete Tong narra la historia de Frankie Wilde, un DJ de hábitos algo excesivos que está en la cresta de la ola y que pasa el verano reventando clubes en Ibiza. El personaje goza de un carisma fuera de lo común, no solo por poner un musicón "supuestamente" buenísimo, sino por comportarse las 28h como un rockstar de manual: drogas, pasta, temazos, onfireismo y chorbas circulan por su mansión sin límite alguno. Más allá de estos seductores y entretenidos tópicos, el personaje de Wilde merece otro análisis más amplio que nos permita ubicarlo respecto a otros DJs que, ni por asomo, logran estar a su altura.

¿Por qué Frankie Wild mola mucho más que David Guetta?

Ahí va Frankie, dejen paso al menda electrónico.


1. No le importa parecer gilipollas todo el rato y vive en una permanente euforia mediática

Más que un DJ comedido, selecto y con aires de businessman —lo que se lleva ahora—, Frankie Wilde parece salido de las cavernas de la Inglaterra lumpen. Apenas es capaz de pronunciar dos frases seguidas que tengan sentido, está siempre afónico y sus chistes no tienen gracia. Entonces, ¿por qué mola tanto? ¡Porque está encantado de la vida! La energía que desprende es pura, sin filtros ni postureos, en las entrevistas se comporta como el señor que se rocía de cava delante de las cámaras al haber ganado la lotería de Navidad. Cuando pincha es capaz de vestirse de aviador, de aplaudir durante media hora seguida y de lanzarse al público con mucha más vitalidad que el papanatas de Steve Aoki.

Yo me apartaba.

2. Se droga todo el rato.

Recientemente se ha puesto de moda el discurso políticamente correcto de que los Djs no toman merca y van al gimnasio. Y eso está muy bien, no puedes estar delante de las cámaras diciendo que eres un farras y un yonkie. Salvo si eres Frankie Wilde. Nuestro Dj vive con una bolsa de 10 gramos de cocaína pura en el bolsillo y que no duda en usar como quien tiene los labios cortados y va con el tubo de crema de cacao en la mano.

3. Lleva el ritmo in da body

Su control de los vinilos y otros utensilios musicales es propia de la intuición que gastan los maestros Zen. Es como un alfabeto que pilla un lápiz y dibuja e ilustra cosas que reflejan lo que quiere decir incluso mejor que con simples palabras. ¿No es acaso maravillos, tan maravilloso como un poema de Shakespeare?

David Guetta (lila) y sus amigos.


4. Nadie entiende exactamente qué pasa por su cabeza.

Frankie apenas siente la necesidad de explicar cómo se siente, qué piensa de las cosas o cuáles son sus planes. Sencillamente, se deja llevar. Si en el discurso del bienestar personal no paran de machacarnos con esa necesidad de fluir sin limitarnos podemos reivindicar sin miedo a nuestro gurú y maestro electrónico.

5. Los héroes nunca mueren.

ATENCIÓN: NO SPOILER. No revelaremos aquí la clave que vertebra la película, pero sí comentaré que Wilde se encuentra en una situación límite y patética que está a punto de costarle todo. Mal hacen los que le dan por perdido y no confían en él.

Por todo esto, y mucho más, Frankie Wilde es el technorockstar que puede iluminar nuestro sendero en el mundo tan aséptico que nos rodea. 

Keep that base.

viernes, 15 de agosto de 2014

El techno versátil en la cumbre: entrevista a Recondite (extended version)

Por cuestiones de espacio, la versión publicada en eldiario.es tenía que ser más corta y tuve que eliminar algunos temas de la entrevista. Esta es la versión extended del encuentro que duró más de una hora y que a día de hoy sigue siendo un tema recurrente al escuchar los epictracks de Recondite

Llegué puntual al hotel pero ya me estaban esperando. Tenía una ansiada cita con Lorenz Brunner, conocido en el mundo de la electrónica como Recondite. Acompañado por su manager y un amigo, nos sentamos los cuatro en el bar del hotel donde se alojó durante el Sónar en Barcelona. Recondite hizo su aparición estelar actuando el viernes noche, justo antes de Richie Hawtin. Su trayectoria es discreta pero infalible y reconocida tanto por su calidad musical como por su efectividad en la pista. Sus temas son himnos en el célebre club berlinés Berghain y, al mismo tiempo, sin renunciar a su oscura y profunda visión del techno, el mismo Hawtin le invita por segundo año a pinchar en sus sonadas fiestas Enter de Ibiza.


Vanity Dust—Si analizamos el cartel de este Sónar, tu presencia aporta el lado más techno y oscuro del cartel. Hay, digamos, un cambio respecto a otros años en los que el techno estaba más presente. ¿Cuál crees que es el estilo que siguen ahora los festivales electrónicos?

Recondite—Es cierto, los lineup de los festivales están cambiando. Creo que el techno, llamémosle Berghain techno, tuvo una expansión e influencia importante en los últimos años, con Dettman o Klock encabezando festivales. Fue como la segunda ola del techno industrial, algo bastante singular. Pero ahora pienso que están regresando estilos más melódicos, como el de Innervisions. En otra escala crece la presencia del EDM, con grandes melodías, quizás las más vulgares, pero melódicas al fin y al cabo.

—¿Cómo te ubicas tú dentro de este cambio de tendencia?

—Creo que la razón por la que me han invitado a un festival como Sónar se debe a que tengo dos producciones que combinan justamente un beat techno con melodías simples, atmosféricas y efectivas. Me siento cómodo con este estilo.

—Hay Djs que suelen encasillarse en un único estilo, o que siempre se ubican en estilos muy similares. Cuando tú comenzaste y evolucionabas como músico, con tracks como Cleric, corrías el riesgo de que te pegasen la etiqueta de “tipo que produce techno duro y oscuro”. Sin embargo, parece que no te sentías cómodo quedándote solo en ese registro, o eso se desprende de uno de tus álbumes más recientes, Hinterland.

—He intentado ser diverso. No quiero que me categoricen en una única dirección, no me resultaría beneficioso. Ahora, por ejemplo, tengo la suerte de actuar en festivales y seguir al mismo tiempo en los clubes o en noches techno del sello Dystopian. Incluso puedo pinchar con Innervisions y adaptarme a ese estilo sin perder el mío. En otras ocasiones actúo con Richie Hawtin.

—De hecho, quería preguntarte acerca de Enter, el concepto creado por Richie Hawtin que incorpora a Djs que van más allá de su sello. ¿Cómo fue tu incorporación al proyecto? ¿Cómo se presenta este nuevo año en Ibiza?

—Para mí Enter es la oportunidad de llevar mi propia concepción musical en un ambiente totalmente distinto, Ibiza.

—Sí, digamos que no es Berlín.

—No, no precisamente. Pero Enter es una de las fiestas más variadas de la isla, creo que con el lineup más cuidado. Tienes a Voices From The Lake, por ejemplo, y escucharles en Ibiza es inusual. Mi música tampoco es nada habitual en Ibiza, y mi primera actuación el año pasado en la sala Mind… ¿Has estado en Space Ibiza?
—Sí, recuerdo la sala principal acristalada, es bastante impresionante. Y luego una más pequeña, cerrada y con buen sonido. Pero no recuerdo tantas salas ni estuve con el concepto de fiesta Enter.

—La sala Mind es en la que yo actué. También estuvo, por ejemplo, Demdike Stare. Este año será el lugar de, por ejemplo, Voices From The Lake. Es como un pequeño club dentro de un club. Fue el único show que hice en Ibiza el año pasado y no fue para nada convencional o típico. Iba sin expectativas, no tenía ni idea de qué esperar. Richie me había dicho que ahí todo era muy distinto, que podía pinchar lo que quisiese, aunque fuese muy deep y oscuro. Y yo pensaba, ¿en Ibiza?, ¡Veremos!. Pinché dos horas, antes y después del hermano de Richie, Matthew, que pincha sets ambient. Me quedé muy sorprendido: buen sonido, atmósfera oscura y buena decoración minimalista. Respecto al público, es interesante. Por un lado tienes el público que conoce Enter, al que le gusta estar en la sala principal y en la terraza. Por el otro, tienes a los que están de paso por la sala Mind; se paran, escuchan y piensan “está bien, me atrae”, y se quedan para descubrir algo diferente. Es como imaginar una fiesta en una casa berlinesa con una sala chillout. Haces una fiesta en un piso compartido, pongamos con varias habitaciones, con una dedicada a la fiesta, otra con buen techno y otra más chill. Es un poco así. No quiero decir que yo pinche chillout, sino que esa sala te transportaba a otra atmósfera diferente dentro de la misma fiesta.
Respecto a este año, Creo que será mucho más potente. Pincharé cuatro veces en Ibiza, dos en la sala Mind y otras dos en la sala principal. Es perfecto, de este modo podré pinchar toda mi variedad musical. Tengo muchas ganas de que llegue el momento.

—Tras el Sónar pincharás en un festival en Budapest. Cuando viajas a por Europa, ¿sueles adaptar lo que pinchas en función del espacio y el lugar en el que actúas?

—Totalmente. Mis sets son siempre inéditos. Por supuesto que hay algunos tracks a los que recurro, pero trabajo en directo. De otro modo, me aburriría rápido. Cuando pincho en directo, planteo un cincuenta-cincuenta: mitad Dj set, con mis propios temas, y luego hago improvisaciones, temas inéditos, samples, percusiones y añado elementos… Esta doble vía me hace más flexible que si solo hiciese un live convencional y, al mismo tiempo, también me da más opciones como Dj al poder reaccionar con más posibilidades ante la respuesta del público, el entorno o mi propio estado de ánimo. Estas actuaciones son lo que realmente me motiva y me siguen dando ganas de continuar haciéndolo. Si no quisiese hacerlo así, pincharía mierda.

—Actualmente vives en Berlín, ¿sueles actuar ahí con frecuencia?

—No pincho habitualmente en Berlín. He pinchado en Panorama Bar unas cuatro veces, una en Berghain y luego en algunos eventos más pequeños. Pero nunca he tenido una ‘residencia’ en algún club de la ciudad. Cuando pinchas live no sueles tener residencias. Me parece bien que sea así, no me gustaría pinchar a menudo en la ciudad, quiero que sea algo especial. Dos veces al año me parece suficiente, por ejemplo. Y creo que debe ser así en cualquier otra ciudad. No tiene sentido pinchar cinco veces al año en Amsterdam si lo que haces son live. Es una locura si piensas en la cantidad de clubes que hay en Europa, o en Japón, o incluso todos los que han empezado más recientemente en Estados Unidos o Sudamérica.

—¿Has actuado en Japón alguna vez?

—Sí, recientemente, en Tokio.

—Siempre me ha parecido sorprendente la sensación de que Japón está un poco fuera del mundo que conocemos, pero que a pesar de ello hay un interés por el techno europeo. ¿Cómo fue la experiencia de pinchar ahí con tu particular propuesta musical? ¿Qué sensaciones tuviste con la ciudad y el país? Quiero decir, a primera vista no me parece que sea una ciudad con la personalidad adecuada para tener una escena de techno industrial…

—Tokio me resulta una ciudad extraña. Hay mucha gente a la que le encanta, y que piensan que es una de las mejores ciudades del mundo. Pero para mí no es el caso. Me gusta mucho la comida, con alimentos sanos y frescos, especialmente el pescado. Aunque, al mismo tiempo, si lo piensas, es cuestionable el ritmo de pesca que llevan y el tema de la caza de ballenas. Sobre este tema podríamos hablar eternamente. Toda la sociedad, como decía, me parece extraña; cómo construyen las ciudades, con asfalto por todas partes, y el contraste que se genera con esa cultura ancestral que busca la calma espiritual y el equilibrio sereno de la mente. Quizás en ciudades con Kyoto puedes todavía experimentar la presencia cercana del campo, pero las concentraciones de gente en la mayoría de las ciudades da una visión de que todo está construído y pensado para el crecimiento, incluso más que en Estados Unidos. Quiero decir, Estados Unidos es el emblema del capitalismo, pero los japoneses lo han elevado a otro nivel.
Estamos entrando en una charla política, ¡tampoco quiero convertirme en un hater de Japón! Tuve una estancia muy buena en Japón y hay mucha gente dentro del país que no está nada de acuerdo con las políticas que se están llevando a cabo. Siguen con sus planes nucleares en una de las zonas tectónicas más peligrosas del mundo. Aunque en cierto modo sea una ‘energía limpia’, Fukushima queda muy reciente. Por ahora parece que no tienen otra opción, el consumo de energía es increíble. Y no solo pienso en las pantallas de Shibuya, hay muchos otros lugares que que tienen pantallas gigantes de cine, con altavoces, que no paran en todo el día, incluso de noche. Mantener eso son ingentes cantidades de energía que anuncia basura que nadie necesita. ¡Claro que no pueden prescindir de las nucleares a este ritmo!



—A veces veo el techno oscuro, con esas melodías más tenues y poco luminosas, como una reacción a esta era de consumismo e hipersociabilidad en la que vivimos; una respuesta a esa felicidad que la tecnología debería haber aportado y que desde todas partes parece que tenemos que seguir comprando y celebrando. En realidad, veo el techno como una respuesta del que no quiere rendirse a este discurso. Lo he vivido en lugares como Berghain, en donde se respira una actitud que a mí me parece que va en esta dirección.

—Creo que sé a qué te refieres. Es como tener un sentimiento de desesperación hacia algo que echas de menos y quieres expresar y para hacerlo buscas cosas que te permitan llenar ese vacío. A veces encuentras en este tipo de música una forma de alcanzarlo y de compensar esa sensación en la vida diaria.

—Por otro lado, eres un gran coleccionista de álbumes y de música que va mucho más allá del techno, que abarca estilos de todo tipo, ¿cómo ha sido tu relación con la música hasta alcanzar tu situación actual y tu propio estilo?

—Siempre estuve enfrentado a mi familia por el tema de la música, en concreto a la hora de escucharla. En mi familia han sido grandes coleccionistas, del lado más duro del rock y del metal. Pronto me enfrenté a Metallica con mi primo, que vivía con nosotros. Mi primo es mayor que yo y siempre escuchaba bandas como Bad Religion o Black Sabbath. El tenía la habitación al lado de la mía, era un piso viejo y de mierda, así que se oía todo. Yo escuchaba más hip-hop. Con el tiempo coincidiríamos con Ramnstein y, por otro lado, a él también le gustaban cosas que yo escuchaba, como Wu-Tang Clan. Durante todos estos años tuve mis diferencias e influencias con ellos respecto a los estilos más duros. Pero, como decía, pronto me interesé por cosas que daban importancia a los ‘graves’, como el hip-hop que comentaba. Mi pasión por este estilo creció sin parar y cada vez acumulaba más álbumes.

Recondite mira a un amigo que nos acompaña en la entrevista, sentado en nuestra mesa tomando un zumo, y le pregunta acerca de la complicidad hiphopera que compartían y también de la obsesión por coleccionar álbumes en aquellos tiempos mozos. Le habla a él directamente:

—Recordarás aquellos tiempos también… Tú estabas obsesionado como un loco con coleccionar hip-hop underground norteamericano, tanto de la costa Este como de la costa Oeste. Pero llegó un punto, creo que a ti también te pasó lo mismo, en el que te saturabas con las voces y los contenidos de las letras de los raps.

Recondite retoma la conversación conmigo y prosigue su trayectoria vital con la música.

—Por ese tiempo comencé a conectarme con la electrónica alemana del momento, muy minimal. Fue casi por casualidad, en una fiesta en un jardín en el que alguien puso un mix de Superpitcher. Me impactó muchísimo esa amplitud oscura. Veía esa música con un grave y un beat similar al del hip-hop pero sin vocales ni contenido. No tenía cosas de las que hablar y hablar, solo creaba una atmósfera, un estado de ánimo. Me metí de lleno en ello, apunté el CD, lo compré en la tienda de discos local. Por aquel entonces iba muchísimo en bicicleta, subiendo y bajando montañas, recorriendo los campos y los bosques. Escuchaba ese mix y me inspiraba muchísimo. Empecé a coleccionar este tipo de música y también a pinchar. Acabé llegando al punto en el que me di cuenta de que no encontraba el sonido que a mí me gustaba. Es decir, sí lo encontraba en términos generales, pero pensaba que podía hacer algo distintivo. Ahí fue cuando empecé a hacer mi propia música. Podría decir que desde ese momento he producido cada semana.

—¿Trabajas cada semana desde entonces?

—No diría cada día, porque hay algún día en el que no me dedico a la música, pero sí la mayor parte del tiempo. Tengo muchísimas canciones en casa que nunca serán publicadas porque no me parecen lo suficientemente buenas y hay otras que las uso a veces para un live. En los últimos cinco años he producido una cantidad ingente de canciones.

—¿Qué puedes contarme de tu sello, Plangent Records, que lanzaste en 2011? ¿Nació de forma natural en todo este proceso?

—Totalmente. No quería regalar copias promocionales. El único músico al que le di una promo fue a Scuba. Le conocí en un estudio en el que él trabajaba.  Siempre tuve un gran respeto por él, no solo por su música sino también por sus fiestas Substance en Berghain, que me gustaban mucho. Además, no paraba de pinchar ni de hacer ejercicio durante los fines de semana y el lunes, aunque aparecía bastante destrozado, ahí estaba. Hablamos mucho de deporte, le enseñé a hacer algunos ejercicios y le dí la promo porque ese gran respeto y porque quería ver cómo reaccionaría como Dj. De hecho, pinchó dos temas que yo tenía pensado sacar en un disco. Hizo un show en Berghain am Kantine, una sala anexa al club, y fue la primera vez que escuché un tema mío pinchado por otro Dj, el tema Decamp. Scuba me apoyó mucho desde el principio y me puso en contacto con un distribuidor en Holanda, Clone. Me dijeron que querían distribuir el álbum e imprimí 50. Luego les mandé más, produje cuatrocientos. Y luego otros cuatrocientos.

—Me parece un éxito muy potente por tratarse de un primer álbum.

—Sí, se agotaron muy rápido, especialmente porque Todd Burns hizo una reseña muy buena en Resident Advisor. Siempre estaré muy agradecido por ello. Y luego vinieron otros tres álbumes más. Entre ellos hubo el lanzamiento en Hotflush Recordings del tema DRGN, que tanto Richie como Ben Klock o Scuba pincharon bastante en sus sesiones. Al ser un tema más techno, llegó la conexión con Dystopian. Conocía a Rødhåd como amigo desde hacía años. Le conocí por casualidad a los pocos meses de mudarme a Berlín, muy al principio. Desde entonces mantuvimos el contacto y si no recuerdo mal, de hecho, él fue uno de los fundadores del sello. Con el contacto de Dystopian conocí a este hombre de aquí.

Recondite ladea la cabeza y señala al otro acompañante que está con nosotros en la mesa, delante mío, que es su manager actual. Luego continúa explicando su trayectoria como productor.

Recondite: En Dystopian me ofrecieron hacer un lanzamiento. Saqué el tema Cleric. Comencé a trabajar con ellos como agencia de booking. Entre una cosa y la otra también se dio la publicación en Acid Test y luego Hinterland. Lo más reciente es el trabajo que he hecho con Innervisions, Psy.

—Quería preguntarte acerca del álbum Hinterland, está muy relacionado con Bavaria, tu lugar de origen, como si los sonidos estuviesen asociados a un lugar físico concreto.

—Sí, a un lugar físico y a una atmósfera mental. El álbum contiene las atmósferas y los estados mentales que tuve grabados en la mente durante mi infancia. A veces melancólicos, a veces más oscuros o más cálidos. Es solo mi interpretación del tiempo que pasé allí.

—¿Planeas moverte de Berlín?

—No. Eso es tan seguro como decir amén*.

*Recondite usa la frase hecha en inglés: as safe as the amen in the church.

Al decirlo, ríe y mira con complicidad a sus dos acompañantes, que ríen con él. Nos situamos de nuevo en la capital alemana.

Recondite: —Mi novia es de Berlín y está bastante harta de la ciudad, no le importaría mudarse al campo. Le gustan los jardines, la naturaleza... Pero no es el momento, todavía. Estoy pasando una buena época en Berlín, me gusta encontrarme con mis colegas, ir a cenar con ellos y poder charlar tranquilamente, conocer a nueva gente y tener un aeropuerto bien conectado. Si viviese donde nací tendría que viajar unas dos horas en tren para llegar al aeropuerto. Sería más estresante que otra cosa. Veremos qué me depara el futuro, pero por ahora me veo en la ciudad. Es un buen lugar para vivir, puedes ir al bosque muy fácilmente.

—En Barcelona tenemos Berlín muy mitificada. Mucha gente se muda ahí o viaja a la ciudad para buscar trabajo, salir de fiesta o por su actividad artística. No sé si los que vivís ahí notáis esta nueva ola de inmigración de los últimos años. Por lo que he leído, ha conllevado un incremento de precios del alquiler y también cierta saturación de extranjeros en la noche de la ciudad. ¿Crees que los que van llegando aportan cosas a la ciudad o que llegan más bien para apropiarse de lo que la ciudad ofrece? Cuando entrevisté a Ben Klock y lo hablé con él lo veía de forma positiva.

—No lo veo para nada negativo, mientras la gente se comporte. Yo hice lo mismo.

En este punto se produce una intervención interesante. Responde el manager de Recondite con toda naturalidad y aporta su visión particular, basada en su experiencia directa, y apunta a que la llegada de gente como Recondite ha conllevado nuevas perspectivas para la ciudad.

Manager: —Yo nací y crecí en Berlín. Por supuesto que mucha gente dice “dios mío, todo el mundo está viniendo a vivir aquí. Hay demasiados extranjeros y turistas”. A fin de cuentas, la ciudad vive en parte de eso, ya que en realidad hay poco dinero. Claro que todo el mundo quiere estar en la lista de invitados a las fiestas, pero lo que hacen es traer dinero a la ciudad.
Si miramos la escena de clubes, muchos propietarios se están mudando a la ciudad. De hecho, solo dos propietarios de clubes importantes son de Berlín. El resto, como Watergate o Berghain, son de gente que se mudó a la ciudad hará cosa de diez o veinte años. Es bastante interesante ver la energía que proviene de gente que ha venido de fuera. Como te decía, eso incluye la cultura de club, las agencias o el mundo del arte. Y eso es bueno porque, en ocasiones, la gente de Berlín ha sido algo perezosa, consumiendo y yendo a sitios que los que han venido de fuera han creado para ellos. La idea que hay en Berlín es la de compartirlo todo con los que llegan y, por lo general, la gente trata de integrarse. A pesar de ello, no todos quieren formar parte de la comunidad de la ciudad. Otro suceso interesante es que ahora hay berlineses que se dan cuenta de las muchas oportunidades que hay y que, inspirados por los que llegan, tratan de aprovechar. Sí, hay mucha gente que se queja de los turistas y los extranjeros, pero creo que por ahora es lo mejor para la ciudad.

Recondite: Lo que quería decir con que la gente “se comporte” es que respete lo que encuentra en la ciudad. Por ejemplo, pienso en alguien que viene de Bavaria, un sitio muy diferente de Alemania, con otra cultura y de tradición católica. Debería respetar lo que hay en Berlín, donde especialmente en la parte Este hay muchos artistas y otras maneras de vivir. Creo que cuando estás ahí no debes adaptarte, pero sí respetar los hábitos locales. Una de las cosas que hicieron que yo tuviese ese respeto es el hecho de que trabajo con mucha gente local. El equipo entero de Dystopian es berlinés. Mi novia nació en Prenzlauer Berg. Realmente me gusta este hecho. No fue buscado, vino de forma natural. A veces me parece que hay un cierto choque entre la gente nacida en Berlín y la gente de otros lugares de Alemania porque tratan de construir su propia cultura y entorno en Berlín, y eso, obviamente, para la gente de la ciudad, es una falta de respeto. Si alguien construye su propio ambiente en tu casa, obviamente no te gustará. Puedes tener tu propio estilo de vida y tu propia cultura, pero debes encontrar la forma en que puedas expresarla de acorde con lo local.
Lo bueno de Berlín, y es otro punto a favor de tener tantas influencias de fuera, es que es multicultural.

—Sí, algo interesante de la ciudad es que me parece realmente multicultural. No solo la convivencia más o menos correcta entre culturas, sino que hay interacción tanto social como económica.

—Puede que no tanto como en Nueva York, donde tienes desde un distrito polaco, italiano o alemán… Aunque en Berlín hay un barrio turco o uno árabe, es diferente.

—Una cosa que me impresionó mucho de Berlín las primeras veces que estuve en la ciudad es el respeto y la forma en que la gente joven maneja sus libertades. Por ejemplo, en los alrededores de Berghain no tienes a grupos de gente bebiendo o liándola, ni tampoco controles de policía que se dedican a registrar a diario a todo el mundo, sistemáticamente y con malos modales. Puede haber controles y redadas, pero son ocasionales y sin duda alguna mucho menos hostiles, excesivas y constantes como aquí.

–Berlín es especial en este sentido.

Interviene, de nuevo, el manager y amigo de Recondite.

—Es algo muy distintivo de la ciudad. Como dices, la gente de Berlín sabe manejarlo. Piensan, “de acuerdo, tengo varias fiestas este fin de semana, así que la primera me la tomo con calma, luego me acuesto y descanso hasta la noche, como algo y voy a otra fiesta”. Controlan el desmadre y pueden tener fiestas de 20 horas sin acabar completamente destrozados. En Amsterdam, por ejemplo, hacemos fiestas de 24 horas con el sello en Trouw Club. Las primeras seis o siete horas son buenas, luego todo se vuelve muy depresivo y la energía cae. No están preparados para este tipo de fiestas. La gente queda colgada en las esquinas. Hasta varias horas después la fiesta no arranca de nuevo. En Berlín esto no ocurre, la gente sabe cuanto puede beber o, si toma drogas, sabe cuáles y cómo tomarlas. Hay gente que toma drogas y a pesar de ello sigue en la pista de baile durante horas sin acabar mal. Comen algo, toman un café. Es posible que la gente tome drogas y sepa mantenerse. Esto es lo que ocurre en Berlín.

–En cierto modo, echo de menos este comportamiento en Barcelona. En el Sónar noche, por ejemplo, la fiesta acaba a las siete de la mañana. Lo que recuerdo de otros años es ver más de la mitad de la gente realmente acabada, igual que en los clubes que cierran a las seis de la mañana.

Recondite: —Puede ser que la misma limitación del horario haga que la gente quiera pasarse mucho porque quieren aprovecharlo al máximo. En Alemania existe este cliché sobre la estructura y la organización mental de la gente. Es posible que tenga que ver en cómo la gente vive las fiestas en Berlín.

Miro el reloj, llevamos más de cuarenta minutos de conversación y recuerdo que el manager me había hablado de una media hora de entrevista. Aunque me parece que todo el mundo se siente cómodo, prefiero lanzar una última cuestión vinculada a la relación de Recondite con la multitud de sellos con los que ha trabajado.

Vanity Dust: —Por último, viendo tu amplia y reciente producción en distintos sellos, me interesa saber cómo funciona tanto tu relación con los sellos, ya sea Dystopian o Innervisons, como con otros músicos con los que sueles trabajar. ¿Cómo trabajas con cada uno de ellos?

Recondite: —Los primeros contactos con cada sello han sido diferentes. Con Hotflush vino a través de Scuba y con Dystopian a través de Rødhåd. El contacto con Ghostly llegó al hablar con su propietario, Sam Valenti, a través de la red. Sam Valenti me puso en contacto con Innervisions, ya que conocía a Dixon y Âme. Pero, para mí, lo más importante al trabajar con todos ellos es que puedo producir de forma especial y con mucho valor en distintas plataformas y con los diferentes estilos que tengo. Cada uno representa una parte de mi trabajo. Ghostly me brindó la oportunidad de cederles la gestión de mi sello, Plangent, e hicieron buenos diseños gráficos y hacen todo el trabajo “de oficina” que no me interesa. Para mi lado techno, cuento con Dystopian, y para trabajos más influenciados por el pop puedo trabajar con Innervisions o Hotflush. Así no tengo que usar cuatro o cinco alias diferentes ni perderme al tratar de expandirme. Puedo mantener mi propio nombre y mis estilos, y la gente sabe que si saco algo en Dystopian será más techno o que si publico algo en Innervisions será más melódico.

—Me parece muy útil y vñalido lo de tener únicamente un nombre con varias plataformas, más que un nombre diferente para cada estilo musical.

—Al inicio fue un poco arriesgado, porque muchos promotores quieren que cada músico tenga su música concreta, de este modo saben exactamente lo que va a pinchar y lo que va a producir. Tomé el riesgo de ser alguien que, a pesar de tener diferentes estilos e interpretaciones partiendo de una misma idea, pudiese gustar con un único nombre. En realidad, es algo propiamente humano, porque, aún siendo una misma persona, no siempre eres el mismo. ¿Por qué no debería poder ser así como artista? Este es mi reto como artista, poner un sello en mis estados de ánimo, puede ser triste, feliz, oscuro o profundo. Eso es, esencialmente, lo que intento hacer.







domingo, 10 de agosto de 2014

48 horas en Ibiza (I) Madrugón hostil y confuso ritual antes del embarque

Lo peor que puede ocurrirme en un viaje de prensa no es que pierda el vuelo de avión. Lo jodido es que el vuelo sea a las putas 6 de la mañana y que tenga la bondad de llegar puntual al aeropuerto. Es una clásica venganza de los departamentos de comunicación que montan los eventos. Esto es lo que está colgado en la nevera compartida de su departamento:

«Recordad, los periodistas a los que contratamos para que cubran nuestros eventos son unos vagos vividores que se aprovecharán de nosotros para luego hacer una reseña mediocre de nuestra movida. Lo peor es que les necesitamos. Lo mejor, ¡que madruguen y suden su puto MacBook de los cojones!»

Y por eso siempre sales a vuelos de alto trolleo horario. En el aeropuerto de Barcelona suelo llevar a cabo varios rituales:

1. Comprar en las máquinas de MacDonald's un cortado por 1€. No tiene que molar demasiado ver que la propia empresa va poniendo más máquinas y que tus compañeros se van yendo. Así que intento jugar a un doble filo: pido por máquina pero luego finjo necesitar otro azucarillo, cosa que, obviamente, solo una persona real puede solucionar rápido.

2. Entrar en el Springfield y mirar todas las prendas de tío pero con cara de enojado, como de profunda decepción. Algo así como la cara que pones cuando ves 2 girls 1 cup. Suele despertar malestar entre alguna dependienta que, de todos modos, prefiere no intervenir. Así es una gran parte de nuestra contemporaneidad: veo algo un poco marronero peeero prefiero no intervenir. Eh, quiero decir, que si quisiese lo haría, puede que lo haga. Ahora no. Ya. Luego, antes de salir de la tienda profundamente decepcionado, comento en caja buscando complicidad: qué guay que la tienda se llame como el pueblo de los Simpson, ¿no?

3. Fumar. Fumar. Fumar. 

4. Preguntar por libros de actualidad política en el Replay. Esta vez fue así: «Oigan. Ahora que está ocurriendo todo esto de Pablo Church y WeCan en España, que ya era hora ¿tendrán algún libro que hable sobre comunidades libertinas y autogestionadas centradas en el cultivo del caucho?

5. El más breve y que simbólicamente me hace más ilusión: entrar en la tienda Esigual y sacar un trapo de colores pillado de mi cocina y llevarlo al mostrador como si quisiese comprarlo. La chica de la caja lo agarra para ir a buscar el código y ve, algo sorprendida, que no es una prenda de la tienda: «cielo, es para ti. Que con tanto aire acondicionado aquí debes tener el deepthroat hecho polvo. Take care. Volveré.»

Hora de embarcar (llego tarde por culpa de este ritual que cada año se me va un poco más de madre). Al hacer el checkin vi que dos periodistas más venían de Barcelona y en el mismo vuelo. Los busco con la mirada pero lo único que veo son chonis sueltas algo ilusionadas por su esperado veranito de currete en Ibiza. Les deseo lo mejor desde mis adentros, confiando en que este sea el año del braguetazo y por fin puedan seducir a hombres de la talla de Frankie Wilde:

Quién pudiese pillar a un Dj así de pro, eh. 

Por alguna extraña razón, los empleados de Peting se ríen mientras hacen la última llamada del embarque. Ya dentro, sentado y listo para leer un poco el último número de El Estado Mental, conozco a los otros dos reporters del viaje: Nasty Journalist (NJ) y Herald Rasta (HR). El primero tiene un fino sentido del humor y es un tipo ordenado y de bien que a) podría ser un cleptómano de alto standing o b) podría tener un pasado eclesiástico pero que seguramente c) le mola bastante liarla pero sin mancharse las manos. Por otro lado tenemos a HR, reconocible a tres kilómetros porque —gag fácil— sus rastas miden algo parecido, motivo por el cual las ha tenido que facturar y pagar equipaje extra. Lo que más entrañable me resulta a primera vista es su condición de alborotador. Con una naturalidad envidiable es capaz de poner a medio avión a buscar por el suelo unas monedas de euro que ha perdido para luego decir: «¡eh! y se me ha caído también una pirula roja, si la veis debuti. ¡Y si os la tomáis, vaya viajecito os espera! ¡JOJO!»

Despegamos. Son las 8 de la mañana. Madre mía la que estaba por venir.



miércoles, 30 de julio de 2014

El tema electrónico que escuché después de ver 'El desencanto' (de los Panero)

Terminada la película necesitaba una banda sonora que esculpiese, ni que fuese de modo etéreo, la truncada y cegadora trayectoria de los Panero. Haciendo scroll en Spotify me crucé con este tema que todo aspirante a Dj Deep pateó el último año. Surgió parte de su efecto desesperadamente necesitado.




You are a primitive woman
I am a primitive man
We are primitive people in a primitive land.

We’re not too far from the future
We’re not too far from the past
And this moment, this moment won’t last.


Lo decía el mismo Leopoldo María Panero: después de la infancia «uno tiene que sobrevivir».

martes, 15 de julio de 2014

Clift #09: Alf | Melmaquianos peludos y comegatos frente a humanos comunes | 'Todo es culpa de Alf': Mi colaboración en Clift,el curradísimo y classy Fanzine

DeHavilland son un equipo de gente excelente, serios en el curro y liantes en lo creativo. Pulcros en el diseño y macarras a la hora de plantear un nuevo trabajo. Agradezco enormemente la oportunidad que me han dado para cagarme en la madre que parió a Alf y en algunas cosas más que me apetecía soltar a bocajarro. Enjoy!

The fanzine. Appeal es poco.
Y lo sabes.

Una de las ilustraciones más guapas y heavys que me han hecho para un texto, thanks David Maingault.


Colaboradores: Nick Alston, Pau Anglada, Flavita Banana, Jorge de Cascante, Anna Civit, Vanity Dust, Maria Herreros, Los Bravú, Rafael Luna, David Maingault, Ibán Manzano, Albert Monteys, Grace Morales, Paul Paetzel, Jim Pluk, Alex Red, Cristian Robles, Sergio Sarria (Andalucia o muere), Judit Taborda, Tania Terror, Emma Trithart, Eduard V. Gran, Sara Xiol.

¡More info!
aquí

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