domingo, 20 de abril de 2014

Una noche en The Blocken: fiesta secreta, lotería y keta. Una noche en The Brocken: practicando bailes con una Dj amateur de poca monta. Una noche en The Brocken: Por Favor.

El guía de la expedición hacia la fiesta secreta tiene 52 años y es medio ciego y vende cupones y, según afirma Dek, 'se pega farrotes de cuatro días'. Historias como esta hacen que yo ya no sepa cuantas juventudes es capaz de tolerar dignamente un ser humano. Mis respetos parciales al tipo, nuestro partyharder. Siempre he admirado a la gente que toma decisiones basándose en maximizar el placer a toda costa y asumiendo hasta las últimas consecuencias que aquí no hay nada que perder. El guía es conocido también por ser experto en concatenar bajas médicas durante semanas o meses. «Estoy cansado de trabajar», me comenta cuando sale el tema a colación y avanzamos por la calle desierta hacia Blocken. Recapitulemos: farras de cuatro días y récord de bajas laborales en el business de la loto callejera. Uau. Spain is different. Solo un tipo así podía llevarnos a Blocken, un edificio de 8 plantas casi abandonado en el que en el último piso se celebran fiestas puntualmente con hora de inicio pero sin hora de cierre. La dinámica es parecida a hacer clic en los productos relacionados de Amazon. Buscabas un libro y acabas valorando si un espejo en forma de estrella roja y unos zapatos para los bolos es lo que necesitas para que todo vaya un poco mejor.

Nuestra formación festiva consta de cuatro integrantes altamente cualificados. Dek, experimentado fiestero, empresario audaz y persona de bien. Reel, empresaria audaz, SoundCloud hunter y elegante dancer advanced. Cayenne, sagaz y risueña rubia de ojos claros experta en marihuana y miradas deep wild y en bailar como flotando. El último integrante soy yo, así que ahorrémonos fútiles pormenores. 

En la puerta nos recibe un punki de cresta roja que nos lleva a un montacargas. Obviamente, nuestro guía conoce al punki y eso facilita nuestro rápido acceso. Hay 2 tipos de fiestas: las que llegas por tierra, mar y aire y, por otro lado, las que llegas en montacargas. Es como entrar en un restaurante vegetariano con Ronald McDonald llevándote a caballito. Son las 2 de la madrugada y hay poca gente; llegamos pronto y, como quien se lanza a por una misión que exige concentración y rigurosidad entre camaradas, antes de salir del montacargas en el último piso, intercambiamos miradas entre la formación, incluyendo nuestro guía techno-cuponero

Como dicta la tradición de los garitos guarros, el sistema de ventilación de la sala es inexistente. Al escrutar el lugar, y confirmar su estrambótica y amateur distribución de espacios, me topo con un musculator en modo buenrollete. Joder, no es otro que Pani, el skinette chungo del instituto, amigo de mi primera novia, que siempre me miraba con esa sonrisa de «tú estás con el pivón de mi amiga y podría destrozarte la cabeza pero no lo haré por ahora». El tío va rapado al cero y se alegra al reconocerme. Intervengo primero:

—Así que ahora te mola el techno, eh, ¿Pani?
—Bueh, es la movida. ¿Vienes mucho por aquí?
—No, e intuyo que tú sí, right? —respondo sin razón aparente con cierto tono pique light gratuito.
Sí, conozco al jefe. Hoy salgo a darlo todo, trabajo haciendo anuncios de modelo y tal y ahora estoy libre.
—Ajá. Estaré al loro por si te veo en los anuncios de Youtube. Es que otros no veo. Ya sabes que la tele, poco...¿Y en la revista Forbes no ha salido ningún anuncio tuyo por ahora? Ostia, ya lo tengo, ¿Eras el del yogur de frutas orgánicas que salía labrando un huerto en Cornellà?

Viendo que la cosa no da más de sí, y que por mucho que haya interés no nos vamos a hostiar ni de coña, Pani saca una pirula del bolsillo y se la mete cuello abajo sin acompañarla con un trago. Nos saludamos amablemente y sonriendo como si esa conversación no hubiese tenido lugar. Y es que quizás no ha tenido lugar. En Blocken hay que aceptar este tipo de torpes disfunciones.

Chequeo la zona de la tarima del Dj. La sorpresa es agradable, resulta que es una Dj simpaticona y pivoncete la que está a cargo de los platos con un resultado que consigue hacerme pasar del modo aburrimiento al modo temitas flow para fregar los platos a buen ritmo.
A la Dj, que parece nerviosilla pero ilusionada y con ganas, la tarima le queda muy pequeña. Eso complica su trabajo en la mesa de platos y tiene que volcar más de medio cuerpo hacia delante para pinchar en condiciones. ¿Resultado? ¡Premio, un escote para el público participante!


Nuestro guía techno-cupón ya anda metiéndole la chapa a alguna peña que está cerca de la barra. Pasa por delante de Dek y le dice «toma un pollo de keta, anda, de regalo.». La keta, al igual que los ataúdes, no puede regalarse bajo ningún concepto. Eso es de gente fea. Os diré más, no he probado la keta —solo en Berghain, a alguna hora entre domingo y lunes, y eso no cuenta— y no por ello he estado menos horas intentando salir de un baño sin pestillo ni tampoco he recordado mejor cómo he regresado algunas veces a casa casi vestido y caminando de espaldas.

Nos dirigimos a la parte trasera de la sala, lugar para el cutre-chill convertido en narco-chill con sofás peligrosos, plantas injustificables y, oh sí, una silla de barbero oldschool pro. Hay varios grupúsculos de gentes dándole a la tocha y al rulo y con, creo intuir, poco o nada más que decir. Suele pasar, lo de no poder aportar mucho. Conozco estos casos en otros gremios no tan cualificados como las academias de repaso o los eventos de patina en familia por la playa y usa siempre crema solar +30 con tu peque

Cayenne se saca su saquito de maría del bolso y, con sus ojos claros pero tintados de rojo, procede a liarse un porro sentada en mi regazo. Mientras tanto, observo como Dek y Reel bailotean con poco entusiasmo ante la Dj Sexy Teen Playing Techno With 2 Hands and Nice Breasts. 

Nuestro ritual narcótico procede sin mayores sobresaltos —incluido mi open-wallet-credit-card-ticket roll & refresh— y regresamos a la zona central de la pista. Sabes que estás en una fiestucha seria cuando, sobre las tres de la madrugada, ciertos estereotipos de personajes con sus particularidades, que serían cuestionables en otros lugares, campan a sus anchas. En mi primer scroll de persons detecto dos engendros que cumplen mis expectativas medianamente:

1. Bollera-Salida-Agressive Mood: pintas raveras poco elaboradas, algún tatuaje incomprensible y medio borrado, un pelo rollo Elvi's con clapas y mirada de «tú tener rabo te corto cabeza con mirada obsessive marronera». La tía va de chorba en chorba a enganchar bien el potorro. Y luego vacila con la mirada a los tíos. Y, claro, como es tía, ¿qué vas a hacer?. Mentira, no pienso ya en estas memeces porque estoy viendo a
2. El forzudo-yonki-hormonado-ventilador: hagámoslo fácil, imaginemos a un tío que va mucho al gym, normalmente sin dormir, toma batidos, no come casi nada, se droga a piñón y le sube tanto el percal hormonal que necesita ventilar con la boca juntando mucho las cejas y concentrado: SHHHHTTTT SHHHHHTTTT. Es como una olla a presión pero llena de pirulas y anabolizantes y una esperanza de vida similar a la de cualquier habitante de un museo de cera. El tío sopla solo muy puesto. Como si hubiese asumido de forma natural que necesita hiperventilar para no explotar cuando sale de fiesta.

Avanzo a estos dos sujetos y me sitúo con la formación a poca distancia de Dj Teen Breasts, a la que poco repertorio musical le queda y que fuerza su selección pasándose al richiehautismo 2007-2010. Cayenne y su sonrisa, selectiva, que me transmite el mood pertinente para ir a pedir unas birras. De lata y a 4€. Puta mentalidad monopolista de este país. Al saber que no podemos comprar una birra a un kilómetro a la redonda, exprimen el precio de la maldita Estrella Ramm y te lo restriegan por la cara. Lo único que hace que no me cabree del todo es que el tipo que organiza la movida se juega el pellejo si intervienen la movida. Eso tiene su coste y valor, sí.
Las camareras son del estilo en qué momento entraste en el mundo de currar de noche y cómo 10 años después sigues petándolo como quien sale en bici de paseo los domingos por la mañana. Parecen bastante relajadas y hay unas velas en la barra, sin ton ni son, que podrían hacer arder fácil las rastas del petao intruder de turno.

Siento que baja la intensidad y el ánimo inicial y ya vemos la fiesta con bastante menos carisma trash. Busty Teen Dj acaba su set con algunos aplausos y entra en escena algo que no pinta nada bien. Dj Miguelín da Silva, de aspecto latino y cara de gustarse mucho. Su repertorio inicial consta de un beat porculero —es decir, monótono sin gracia, facilón, incapaz de sostenerse por sí solo— y temas que suenan a Matinée descolorido pasado por unas castañuelas caseras y la voz de su abuela cantando en la ducha. Tengo que reaccionar ante este despropósito musical: sigue haciendo calor y me planteo si es el momento de comenzar mis clases de baile. Para ello, tomo a Cayenne de la mano e inicio el show.

1. Baile lo vivo enchufao: cara muy seria, mirada frontal a la víctima y bailando por encima del beat. Es decir, que en cada beat hagas mínimo dos movimientos y no uno solo, generando una sensación de hiperbaile y de sobrerevolucionado que hace que a) el resto parezcan desacompasados y b) te pidan speed todos los que se cruzan contigo. Canción ideal para hacerlo:



2. Baile techno-perraco: buscas el frente de Cayenne y apoyas el tuyo. Caras muy cerca, manos en las caderas y hacer justo lo contrario que en baile 1. Un movimiento cada dos beats, ralentizando el tiempo, ojos cerrados y agarrarse la propia camiseta del pecho en plan buf me follaría a mí mismo así que mejor que lo hagas tú. Canción ideal:


3. Baile acoso y derribo hard: lentamente acompaño a Cayenne hacia la pared. Su culo queda pegado contra ella —cosa que siento en el alma, imaginaos las paredes de The Blocken a estas alturas—. Coloco también una mano en la pared —todo sea por el baile, damn— y con la otra recorro el cuello de Cayenne desde un lateral hacia su escote. Acto seguido, miro al suelo y veo cómo ella sigue el ritmo con los pies —y se está partiendo la caja con mi show, cosa que me resta credibilidad, una vez más—. Paso final, pongo las dos manos contra la pared, arrimamos los cuerpos y Cayenne queda en medio, como encerrada, y levanto la vista al cielo como agradeciendo al Organizador del Cotarro que haya sido tan considerado conmigo en ocasiones así. Temón para hacer esto:


Transpirando y pasado de vueltas, regreso con Cayenne a la narco-chill-zone. Esta vez nos sentamos felices en la silla metálica de barbero. Es un poco como el trono de un rey acid. Puedes ver a lo lejos el Dj pinchando y a la derecha los yonkies ravers garrulers. Es decir, lo controlas todo y no haces nada salvo impregnarte sin esfuerzo del ciego general.

Shit. Noto mi voz quebrada, ronca. Intento susurrar algo al oído de Cayenne y ella gira la cabeza hacia mí y pone cara de Qué coño me estás contando con esta voz de leñador carajillero de les terres de Lleida. Pero, como bien sabemos gracias a los taoístas y al sentido común de la portera —no hay mal que por bien no venga— caigo en la cuenta de que mi voz es muy Rust, el prota yonkipro de True Detective. Así que eso me dota de toda una gestualidad parecida a la suya y me hace sentir bastante interesante y con carácter poco habitual. La silla de barbero me viene al pelo. Miro a un tipo bajito de ojos pequeños y mentón chato que está a mi lado. Me dirijo a él con voz de Rust.


                                         

—Compañero, colega, tío, Miguelín da Silva, el puto Dj que está ahora dándole al Sync en nuestro jeto, ¿a ti que te parece? —Doy una ultra calada y sé que ya de base he cometido el error de preguntar. Rust solo pregunta a víctimas, testigos y sospechosos, nunca para entablar conversación. Pero a estas alturas del rodaje hay que tirar del carro como sea y pasar el rato con dignidad.
—¿Qué Dj dices? ¿Ya no está la tía esa tetuda? Es que desde tan lejos no veo.
—Creo que se debe más a tu estatura que no a la lejanía de la tarima, pero es reconfortante comprobar que tu capacidad para mentirte y justificarte, tan propia de nuestra especie, sigue intacta a las...joder, ¿5 de la mañana? ¿El puto Miguelín da Silva lleva ya una hora destrozando mi gusto musical? Cayenne —la miro y toso profundamente—, we should go. Quiero dar una vuelta por los polígonos de la zona y hacer check-in en Foursquare en cada uno de ellos. Foursquare poligonero, qué de puta madre.
—Quiero fumar otro porro, espera —y me acaricia el pelo y luego dejo caer mi espalda hacia atrás y noto como mis hombros se destensan. Qué prisa hay, en realidad, añado.

No sé si salimos de ahí a las 6 o a las 8 pero ya es de día cuando bajamos las escaleras y el punki nos comenta algo acojonado que la poli ha estado merodeando por la calle; que salgamos al trote y vayamos directos a la Diagonal. Me guardo la harina y los trocitos de pan en la huevera. Dek y Reel siguen por ahí arriba, han conseguido soportar la penuria causada por Miguelín da Silva y ahora disfrutan con un tío que toca el violín eléctrico junto con el live en el ordenador y cuyo resultado, vistas las limitaciones de The Blocken, es bastante decente.

Ahí van los Mozos de Guarra con su patético Seat Altea. Cayenne y yo seguimos caminando por la acera como si nada. Ella, chica experta en trabajar bajo presión, canta una canción tirolesa que deja descolocados a los Mozos cuando el que conduce baja la ventanilla y nos pregunta que de dónde venimos.
                  
                   15 seconds in a Secret Party@Barcelona 'Mar'. from Vanity Dust on Vimeo.

Le enseño el vídeo en el iPhone5.

—Venimos de este lugar. En efecto, es un puto desastre de sitio, señor madero. Por eso nos hemos ido. Pensábamos que sería una agradable cena exótica con unos amigos de ultramar que hacía tiempo que no veíamos y resulta que han montado una jarana insoportable y no tiene nada que ver. Si pueden, vayan y pregunten por un tal Miguelín da Silva, es uno de los que maneja el cotarro y también suele pasearse los lunes por la mañana cerca de las guarderías de la zona alta de la ciudad.
Y, ahora, si nos disculpan, mi amiga Cayenne está bastante deshecha tras la frustración culnaria que nos hemos llevado al vernos en este lío festivo para orangutanes.
Cayenne ya hace rato que ha dejado de cantar cosas del Tirol y ahora, con las facciones tensas y una mirada desubicada pero inquietante suelta en plan a la ligera:

—Por favor.

Los policías se miran. Claro, por favor. Cómo no se les había ocurrido antes, ni a mí tampoco. El 'por favor' de Cayenne es tan ambiguo y desconcertante que deciden no cuestionarlo. Es como una palabra clave que desactiva a los androides. Tan random que te quedas loco. Por favor. Los petaos maderos suben la ventanilla del Altea y arrancan más mal que bien y se pierden por la lejanía poligonera. Una cosa es usar las clásicas armas de chica para salir de un apuro policial: miradita, lo siento agente, verá, escote, etc... y la otra es sencillamente decir POR FAVOR.

Superados todos los impedimentos para alejarnos de The Blocken de una santa vez, paramos un taxi e intento convencer al taxista de que nos deje fumar dentro. Me agarran del brazo por detrás.

—Eh, se me ha olvidado de decírtelo antes. ¿Un gramito de keta y un boleto, colega? Aprovecha que no curraré en dos meses seguidos.
—Por favor.



viernes, 11 de abril de 2014

La noche en que Paul Kalkbrenner, Ellen Allien y Sascha Funke convirtieron sus firmas en tatuajes con Happy Face en mi espalda


La nostalgia en dosis moderadas es interesante. Rememorar gestas que solo puede disfrutar el que las ha vivido es un poco rancio. Pero algo se puede tolerar si la ocasión está justificada, o pretende estarlo. Ese día eramos unos 1.000 bailando en Nitsa. 2007. Cuando se podía fumar, el aforo se petaba al máximo, hacía calorazo, la cola no tenía cintas en el exterior ni 20 seguratas por metro cuadrado. Y, los precios, eran incluso asequibles. Además, era también Abril. Hará ahora, pues siete años.

Mi estrategia groupie entregado fue sencilla y altamente efectiva, quizás porque al estar poco considerada en el mundo de la electrónica resultaba más fácil manejar el asunto. En la parte trasera de mi armario he encontrado, tras años de pensar puntualmente en ella, la camiseta firmada por Ellen Allien, Sascha Funcke y Paul Kalkbrenner. La misma noche, uno detrás de otro, estamparon el rotulador que yo llevaba preparado previamente en el bolsillo y en una camiseta gris sencilla que sabía que iba marcarse bien.

Paul, por aquellos tiempos, no es que no fuese conocido, es que sencillamente a la gente se la sudaba. Era Ellen Allien 100%. Recuerdo a la gente confundiendo a Sascha con Paul, o viceversa, y mirándome raro al verme pegando saltos y chillando sus nombres con dicción casi correcta. El primer en pinchar fue Sascha Funke. Fue, por lo tanto, el primero en firmar.

Me situé en un lateral del escenario y a grito pelao le llamé cuando estaba cerrando la sesión. Sonrió, vino e hizo en mi pecho el garabato más extraño de los tres. Con Paul fue algo parecido. Pacientemente, como el monje Zen que llama durante meses a la puerta del templo hasta que dejan que entre, bailé a mi rollo durante toda la sesión y, cuando Kalkbrenner cerró el chiringuito, se acercó y estuvimos comentando la jugada. Le dije que tenía un vinilo suyo. Se puso contento. Pee a tener el peor nombre, firmó con bastante precisión. 7 años después sigue leyéndose el trazo de este Dj incombustible que tan bien coquetea con el famoseo sin dejarse llevar (del todo). Recuerdo, ya en la salida, Paul caminando con aspecto cansando hacia un taxi, diciéndome que durante el Sónar volverían a Barcelona y que posiblemente pincharían en la playa. Sí, en 2007 todavía podían pinchar en modo chiringuito oldschool sin 200 controles de todo tipo y más.

Las firmas algo desgastadas de Paul Kalkbrenner y el señor Sascha Funke.

Sobra decir que Ellen Allien era la musa de mis delirios electrónicos. Me encantaba verla pinchar y bailar. Como ponía cara seria pero sonreía en cualquier momento y saludaba al personal. Pese a ser delgada como el grosor de un vinilo, imponía respeto a su alrededor. Será aquello que algunas personas célebres poseen, el aura de fuckers. Por aquel entonces bPitch Control estaba que echaba humo, repartiendo junto a Cocoon el lado más colorido del miminal. Y Ellen Allien se salía, todo el rato.

Abren las luces y la euforia se va liberando con tonos rojizos que emergen de las luces que rodean la pista de baile.

—¡Ellen! ¡Elleeeeeeeeen!

Me mira, sorprendida por el griterío. Desde donde se encuentra soy incapaz de decirle que me firme la camiseta. Mi voz se pierde por entre el gentío ebrio. Saco mi rotulador, se lo muestro, la miro a los ojos y hago el gesto de garabatear el aire. Entiendo —cómo no— y se acerca y la gente que ya se iba se gira al verla tan cerca. Me mira el pecho y pone cara de disgusto. La parte frontal de la camiseta la han copado sus dos colegas, con lo que Ellen me agarra de los hombros y me gira, poniéndome de espaldas a ella y mirando a la peña marchándose a por una vida mejor.



Ellen me firmó esto, justo antes de que un tropel de manos intentasen agarrar el rotulador mío para que les firmase cualquier cosa que llevasen encima. Su nombre, con letra de niña pequeña, y un happy face

Al encontrar la bolsa con esta camiseta he viajado exactamente a la emoción que sentí al salir de Nitsa garabateado por mis ídolos. Con el sudor todavía en la frente, el corazón acelerado, una media sonrisa y sin ninguna prisa por llegar a casa. Noto, justo ahora, un leve cosquilleo en la espalda. Me pregunto si, en vez de una firma, Ellen prefirió hacerme un tatuaje.





sábado, 5 de abril de 2014

Un poco más huérfanos

He pasado la semana arrastrándome por casa. Durmiendo más horas de las que tiene el día. Sin fumar. Y para que yo no fume algo grave tiene que estar pasando. Hoy ya sale el sol en Barcelona, vuelven los escotes y los guiris son, un año más, los amos de la ciudad. Me encuentro mejor físicamente, hasta el punto de que he podido pelear una vez más contra el espejo. Me duele la nuca. Pero sigo triste. Esta semana ha sido triste y dolorosa para todos. Hemos perdido a una madre, me atrevería a decir que generacional. Porque todos la conocíamos y todos la queríamos y todos la seguíamos. No pude conocerla en persona, cosa que me reprocharé la vida entera. De algún modo, saber que varios libros que he recibido en los últimos años ella los había tocado, y había decidido que eran para mí, me hace sentir afortunado, querido, pensado. Y yo la pienso a ella, muy fuerte, desde mi fuero interno y con aquellos con los que me siento cómplice de nuestra maltrecha supervivencia. Y esto, y tantas otra cosas que he aprendido desde la distancia, no se olvidan. Más bien todo lo contrario, se reivindican, y nos acompañarán, a mí y a toda una generación de huérfanos. Ya solo nos queda admirar la belleza de la Luna. Cada noche posa sobre los descarriados una mirada tranquilizadora y con futuro. Lágrimas fuera, es nuestra obligación seguir o hacer ver que lo hacemos.

Despido este breve post con una ráfaga electrónica. La música, ese invento de locos que siempre nos queda, incluso tras la derrota.




viernes, 4 de abril de 2014

«Planteo mi música como una narración. Me encantan los cambios de estado dramáticos» EgoDrôme con Blanali, la sofisticación electrónica personificada



Le conocí primero a él y luego a su música. De hecho, hasta me costó atar cabos. Luego, la asociación entre el talento de Blanali y su savoir faire como persona de bien me pareció indisociable. Con motivo de su último lanzamiento, un EP llamado Breath, comentamos y repasamos algunos de los puntos clave de su trabajo. Conozcan a Blanali, bailen con él y dejen mecer sus tímpanos con sus estructuras electrónicas sofisticadas que narran historias bien urdidas y opuestas al sarao del techno zapatillero o a la música con fórmulas y 0 creatividad.

Vanity: Nos conocimos en una poco animada fiesta hará cosa de un año, en Barcelona, donde pinchaba Michael Mayer. Pese al pasotismo general recuerdo que nosotros lo pasamos bastante bien,
¿qué ha pasado por tu vida en estos últimos meses? ¿Sobrevives en Barcelona?

Blanali: Hace ya un buen tiempo, durante el que han nacido muchos proyectos y hay aún más que están por venir. Sobretodo es momento de repensar mi sonido y la forma de hacer música.

V: Ya son varias las personas que me han hablado, desde distintos sitios, de tu último trabajo, Breath, calificándolo de excelente, visión que yo también comparto (por eso te estoy atosigando a preguntas). ¿Cómo ha sido el proceso de gestación? ¿Has partido de trabajos anteriores tuyos o has querido innovar por completo?

B: Es un trabajo que fue pensado como una unidad. La verdad es que hacía mucho que no tenía la oportunidad de trabajar en algo enteramente mío, ya que durante un par de años estuve más concentrado en remezclar a otros artistas que en sentarme de nuevo a producir material completamente original. Esto ha hecho que durante esta etapa anterior mi sonido y mi manera de producir también haya ido transformando. De ahí que el sonido sea un poco híbrido y refleje diferentes estilos musicales a los que me he acercado.



V: Me llama mucho la atención que, de los dos tracks, Breath es mucho más ambient y suave y, en cambio, The Night, sin ser tampoco muy cañero, parece estar más enfocado a la pista de baile. ¿Los has concebido de forma diferente pensando en cómo y dónde deben ser escuchados?

B: En realidad, aunque fueron creados pensando en momentos diferentes (Breath tuvo un periodo de gestación de mas de 6 meses, y después apareció The Night), ambos fueron concebidos
especialmente para el EP; están pensados para su reproducción uno después del otro, como si fuesen dos momentos diferentes de una historia. Aunque este EP solo cuenta con dos canciones, forma parte de una narración más grande en la que estoy trabajando. En unos meses aparecerá la segunda parte. Del mismo modo, me ocurre algo parecido con el cómo me gusta concebir las sesiones. Los podcast especialmente. Al estar desvinculadas de un contexto de noche se prestan para ser más narrativas. Me encantan esos cambios dramáticos de un estado a otro.

V: Ubicas entre tus referencias a artistas tan dispares como Sonic Youth o Stravinsky. ¿Cómo se construye a través de sus influencias tu propio sonido?

B: La música electrónica llegó a mi inicialmente como un medio y no solamente como un estilo que quería aprender. Sonic Youth y Stravinsky tienen en común el deseo de experimentación y la búsqueda de nuevos caminos sonoros. La música electrónica permite precisamente eso: si sabes hacer las conexiones adecuadas, puedes crear melodías complejas sin utilizar instrumento alguno. 
Cuanto más pasan los años más creo en que lo realmente importante de la música se encuentra en la sinceridad de su composición y no en el afán por pertenecer a la escena de un tipo de música en particular; es más, así es como los diferentes géneros han sido creados: algunas veces por error, otras por malentendidos y a veces casi conscientemente, pero todos ellos están basados en la mezcla de influencias e intereses diferentes de los artistas que los han empezado.

V: ¿Y qué hay de la música electrónica actual que te llame la atención, que sigas regularmente? ¿Quizás hay algo que te cabree en especial o, por el contrario, algo que te flipe mucho y que
veas con potencial? (ya sabes, como periodista hago a veces preguntas tan asquerosas y ambiguas como esta…)

B: Una de las cosas que más me atrae ahora es la relectura que muchos géneros están empezando a hacer sobre su pasado. Esto es ir mucho más allá de quienes lo producen sin entender de dónde viene y solo copian el sonido de algún artista en particular. Este fenómeno suele ser bastante complejo, y un poco un arma de doble filo. La búsqueda en el pasado suele venir cuando las formulas innovadoras se han agotado y hay que volver al tiempo donde los sonidos modernos se gestaron. En mi opinión, lo malo se da cuando esto genera artistas que llevan al extremo el concepto de ir hacia atrás, y actúan como conservadores afirmando que todo lo que no está hecho como se hacía en ese momento es banal y de fácil factura. Eso resulta paradójico, ya que es precisamente lo mismo que se afirmaba cuando apareció la música electrónica. El público "tradicional" afirmaba que si una batería no la tocaba una una persona, si era por el contrario secuenciada, resultaba bastante fácil. Aparentemente, cualquiera puede hacer una secuencia… Algo similar sucede ahora con la vuelta a los sintetizadores analógicos. Soy un fanático de los sintetizadores, y creo que el sonido que producen tienen una calidad inimitable, pero al mismo tiempo no comprendo a los que dicen que si la música electrónica no se hace con sintetizadores, si no haciendo uso de micro edición, procesos de sampleo y automatizaciones imposibles en un aparato real, no tenga el mismo valor. En términos generales creo que la música tiene su valía en base a lo que pueda generar al público, en su capacidad por comunicar, y no en marcas concretas de instrumentos.


V: ¿Hay publicaciones de música electrónica, tanto nacionales como internacionales, online u offline, que sigas para mantenerte up to date?

B: Me gusta mucho XLR8R en general; me gusta el tener acceso a tantos artistas independientes que es en quienes recaen finalmente los sonidos de vanguardia. Además, hay muchísimas cosas
de muy buena calidad y todas descargables.

V: Como comentabas, trabajas también en el campo de los remixes, ¿cómo abordas cada trabajo que se presenta en tu bandeja de entrada?

B: Siempre me ha gustado entender las remezclas como una posibilidad de reconstruir la creación de alguien otro; es un ejercicio interesante el poder ver por dentro una canción que alguien ha hecho, y luego tener el permiso para reinterpretarla. Normalmente el proceso que sigo se centra en escuchar la versión original, ver de qué va y qué es lo que me transmite a mi. A partir de ahí pienso qué posibilidades sonoras tiene. Como en la música que hago, me gusta que las remezclas tengan un carácter narrativo, y eso suele producir un sonido bastante íntimo y personal.

V: Preparas, también, algunos conciertos, ¿dónde y cuándo podremos verte en acción con tu nuevo trabajo?

B: Siempre hay cosas por allí rodando. Últimamente he estado presentando un poco más mi faceta experimental en espacios que lo permiten, como por ejemplo Mutuo en Barcelona. Ha sido un local que me ha permitido trabajar y enseñar ese lado menos conocido mío. Estoy preparando nuevas actuaciones más tipo concierto y con un directo renovado y, por otro lado,  pienso también en un formato banda. 

martes, 25 de marzo de 2014

Recuerdos acelerados de un finde festivalero made in Barcelona: In Local Techno We Trust

Aquello era el no-va-más. Miraba desde la tarima, detrás del dj, bailando como si me fuese la vida, todo el gentío festivo que, a pesar de ser ya las cinco de la madrugada, seguía bailando risueñamente y sin líos al son del italodisco más fresco que recuerdo haber escuchado en un club. Creo que esa noche llevaba una boina, de color marrón-anaranjado. Y una sudadera Adidas que compré una vez ciego por internet a precio de saldo. Mantenía un gintonic en la mano y le daba sorbos cortos pero constantes, como un niño pequeño hiperactivo que no para de meterse el pulgar en la boca. Había dormido de media 4 horas en los últimos dos días. Recuerdo vagamente que el viernes por la mañana, tras una noche en un club del gótico sin pestillos en el baño, me puse a ordenar toda la habitación. Sacos de ropa que daría a la beneficencia, motas de polvo gigantes con vida propia, gafas de natación. A más colocón, más cosas quería ordenar. En el comedor dormía TVB (The Valencian Boy). Sus viajes a Barcelona son espectaculares: siempre se las apaña para venir cuando hay percal en la ciudad. Y se las apaña para estar a la altura del pitote sin despeinarse. Dice que tenemos jazz por estas tierras. Que somos todo jazz. Será la primavera, será que no hay mucho que perder. 

Mientras sigo en backstage bailando, sonriendo y abrazando al mundo entero, aparece Il Capo y me dice «hey, me tengo que pirar para el after, tú te ocupas de las chaquetas». ¿Yo, chaquetas, qué putas chaquetas? ¿Hay chaquetas? ¿Dónde, qué?. Me dejo mecer por los flashes y las luces estroboscópicas y mi iPhone tiene menos batería que Fukushima y dan las seis y se acabó lo se daba. Abrazo a los Djs y las 700 personas que deben quedar en la sala aplauden y las luces blancas que alertan del cierre se encienden y, en realidad, todo sigue en llamas. Lo siguiente que recuerdo es estar llamando a gente con unas 10 chaquetas en las manos que pesan como un cadáver y entonces vienen a por mí y finalmente las chaquetas regresan a sus amos. Es domingo de madrugada. Salimos del club y caminamos hacia el metro. Como 15 minutos de pateo hablando y comentando la jugada. Todavía recuerdo lo guay que ha sido la tarde, en un antro cercano al barrio de Sant Antoni, deambulando entre las dos salas llenas de gentío con barra libre de Jäger que te daban en un tubo como una probeta.  Y, claro, es demasiado gracioso que unas chicas amables y de negro te den una probeta llena de líquido negruzco-radioactivo gratis y luego te saquen una foto la mar de chula que te dan al momento en modo Polaroid. En el metro somos muchos, creo, y va muuuuuy lento y cierro los ojos y sigo detrás de la tarima pero esta vez hay más humo y todo se vuelve sinuoso y oscuro y me aferro a un altavoz para que no pase nada.

En el after hay cola. El sol es espléndido, algunos cretinos han decidido desperdiciar un domingo por la mañana saliendo a correr. Hay tipos mayores que van con rubias del Este. Si hay tipos estilo Cristiano Ronaldo Pureta con tías Cuore es que el sitio es lo suficientemente sórdido para pasártelo en grande. Entramos, el local es más grande de lo que pensaba. Volvemos a salir, intento llamar a más dealers. No hay suerte, andarán todos dormidos o en la cárcel. No pasa nada. Es momento restos. Forzar el plástico verde con la tarjeta para hallar algo de felicidad polvorienta. El set que nos espera en el garito es de puro acid. Acid style del bueno. Quedan pocos supervivientes del grupo, y tengo la visión borrosa pero llena de afecto por aquellos que me voy encontrando dando tumbos y contorsionándose con menos soltura que hace unas horas. 

Las horas de domingo que quedan por delante cumplen un lema que no recuerdo de que anuncio es: expect the unexpected. Y así fue. 




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