martes, 23 de septiembre de 2014

Estratechno & Dj Berru / The Option B meet BeCool Barcelona :: Viernes 26 septiembre@BeCool BCN

Que Estratechno es la fiesta techno más enfermiza y pro de Badalona lo sabemos desde hace años, porque el colectivo ahí sigue dándolo todo tras dos años al pie del cañón. Un proyecto así no es nada fácil, de hecho, es más bien una batalla continúa de esfuerzo colectivo para solventar todos los problemas y vicisitudes que liarla a nivel festivo comporta a estas alturas de la película. Pero han podido con ello, vaya si han podido. Y la cosa sigue, confiemos que para mucho rato. ¿Qué hay de nuevo? Este cartel lo dice todo:



El próximo viernes noche en la sala BeCool de Barcelona esta incansable technotroupe viaja de Badalona a la zona alta de la gran capital para dejarla patas arriba. No se lo pierdan, ahí tendréis a un servidor a primera fila. Aprovecho, si tenéis más curiosidad, para recordar la entrevista ÊgoDrome que le hice a Dj Berru, uno de los Djs que pinchará el próximo viernes 26. Shake it.

sábado, 20 de septiembre de 2014

La sesión electrónica de after ideal para presentarla de viva voz con todo el afecto onfireista

Sábado 20 de septiembre de 2014 a las 15:30h en Barcelona. Hoy tocaba dar la bienvenida a lo podcast. [Mis dos fuentes clave de inspiración han sido la voz de Tiga y el rollo que lleva Adam Beyer en su DrumCode Radio]



«Hi everyone my name is Vanity Dust and I'm happy and high enough to share with you this set that I recorded at an afterparty at my place in Barcelona, this morning. Hope you can notice that I haven't slept for at least 24 hours. Thanks for listening. I hope it's going to be fun to dance and easy to flow through it. Keep that base.»









Un atrezzo agradable que diría que concuerda con el estilo de la intro.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

La primera mención con @ de la Historia de Twitter Inc.


«El primero en utilizar el símbolo @ fue un joven diseñador de Apple, Robert Andersen, que el 2 de noviembre de 2006 respondió a su hermano poniendo una @ delante de su nombre.» 





La verdadera historia de Twitter

Nick Bolton
Editorial Planeta, 2014.




48 horas en Ibiza (II) La repelencia austríaca y cómo pasar el rato en el mayor club del mundo

Me pongo las Ray-Ban para evitar mostrar unos ojos hostiles y nada motivados con el encuentro de la  jefa de la organización del viaje. La bebida energética Turbo, que nos paga el jaleo de 48 horas en Ibiza, ha contratado a una empresa austríaca para que gestione nuestra estancia. Eso lo descubro tras nuestro desembarco en el aeropuerto de la isla, cuando la chica rubia, guapa y simpática que nos recibe de primeras nos presenta a un muermo Rottenmeier que lleva toda una vida sin saber gesticular. Se presenta amablemente pero con su expresión facial nos da a entender algo así como: «conozco a los periodistas como vosotros, que venís a por juerga fácil y dos días de gorra. Bueno, no tengo nada en contra, salvo que hagáis todo lo que nos dé la gana. Ibiza no os pertenece, vosotros nos pertenecéis a nosotros. Nos suben a una camioneta con el logo de Turbo y un conductor de pintas soviéticas con tatuajes del montón —tribales y sucedáneos— que pone alguna radio enfermiza que nos ametralla con un house tan infumable como las rebajas del Zara. 

¡Vaya foto de mierda! Apuesto a que los posibles Djs winners del concurso que nos trae a la isla mercablanca tendrán una idea así de su profesión en la cabeza. Pero, quién sabe, igual tenemos a un Mike Banks infiltrado y con ganas de reventarlo todo desde dentro. 

Al llegar, nuestra jefa austríaca no para de quejarse. Achaca cualquier retraso o imprevisto al carácter español. Resoplando, no se corta un pelo con el "You know, is Spain". En esas que, tras un par de sobradas de este palo, mientras mis compañeros de profesión miran el whatsapp de reojo o sacan fotos borrosas de la piscina del hotel, le suelto:

Hey, you, granny, calm down. Te lo explico de la siguiente manera. Si esto es un desastre tan absoluto, ¿por qué putas no montáis este evento en algún fabuloso pueblo del interior de tu país? Apuesto que ahí todo llega a la hora, ¿no? Todo menos el sol, la peñica buena y un club que ponga algo diferente a bailes regionales. O lo tomas o lo dejas. Pero basta de mamonear. Aquí todos hemos llegado puntuales y mis drogas no las han encontrado en el control del aeropuerto.

La Granny Dictator no entiende una mierda de lo que le digo, así que cree que le estoy preguntando de dónde es de Austria. Me responde con un nombre impronunciable. Bebo Turbo gratis y escucho con atención el plan. Nos dejan un rato para ir a las habitaciones y luego, puntuales, cómo no, tenemos que irnos para el club más grande del mundo a recibir a los rockstars, los patronos que supervisan a los aspirantes a ser Djs. El prestigioso (risas) concurso mundial está ya en una fase avanzada y nos toca contar a nuestros respectivos medios —Vanity Dust Techno News, en mi fraudulento caso— cómo está el asunto. 

Lo que no sabíamos es lo tedioso de pasarnos tres horas en el Gigantic Club sin hacer nada en concreto. Pero, eh, eso sí, al pie del cañón para cuando llegue la exclusiva —risas—. Dicho esto, en la piscina del hotel había una tía que vi desde la habitación con tetas operadas tomando el sol y braseando sus neuronas a la intemperie. 


viernes, 12 de septiembre de 2014

«No me interesan los artistas que dictan sentencia» EgoDrôme con Alejandro Vidal, desde Berlín sin nostalgia

Al poco de conocerle, Alejandro Vidal  lanzó a la basura —casi literalmente— mis lecturas, discos, concepciones sobre la vida, el amor, el arte y lo que podía hacer o dejar de hacer con todo ello. Sus propuestas y conversaciones fueron como un cegador golpe en la sien que me situó otra vez en la casilla de salida, con una adrenalínica pero aterradora sensación de que ya nunca nada sería como antes, de que lo que me contaba Alejandro era demasiado increíble y potente como para dejarlo pasar de largo. La primera obra de arte que colgué en mi casa lleva su firma y los consejos más jodidamente reveladores que me han dado sobre la vida, también. No exagero al decir que montaría una rave semanal en su honor como ritual de agradecimiento por estos más de 10 años de amistad que mantenemos. Pero, sabiendo que vive en Berlín, no me cabe duda de que nos esperan mejores formas para celebrarlo. 

AV. Meet the sensei.
—Vanity Dust: Nos conocemos desde hace más de 10 años. Tú fuiste, como suelo decir, mi gran mentor en el campo de la música electrónica y la literatura. Contigo descubrí a Mathew Jonson y Houellebecq por primera vez, quizás en 2006. ¿Hasta qué punto la literatura y la música electrónica han sido y son importantes para ti y tu trabajo? ¿Cómo han sido estos diez últimos años de tu vida?

—Alejandro Vidal: Ayer compré Decompression de Mathew Jonson, un disco que he seguido escuchando y que faltaba en mi colección.  La música, sea electrónica o no, es útil para mi. Mi interés abarca diferentes géneros. Por ejemplo, mientras respondo a tus preguntas suena el magnífico álbum de Coil titulado Music to play in the dark.  Al igual que la literatura, la música tiene la capacidad de transmitir emociones y conocimiento. Yo soy una persona curiosa por naturaleza. Me gusta investigar y utilizar las herramientas necesarias para ello.

Respecto a la otra cuestión, resumirte una década de mi vida no es posible en una respuesta. Intento vivir con intensidad sin perder el equilibrio, y hasta la fecha creo que he hecho un buen uso de los años. En este momento actúo de un modo más consciente y menos intuitivo. Vamos a ver cómo continúa. Lo mejor de la década ha sido ver crecer a mi hija Chloé, que va a cumplir seis años. Me ha ayudado a poner en perspectiva muchos asuntos de mi vida. De repente, hay muchísimas cosas que no termino de entender. Otras las veo claras y no las comparto.

—¿Cómo fue, en tu caso, la entrada en el mundo del arte y cuándo decidiste que querías dedicarte a ello? Nunca es una decisión fácil, y menos en la situación actual. ¿Qué fue lo que realmente te empujó a ello? ¿Hay vuelta atrás?

–No creo que haya una clara entrada a lo que llamas "mundo del arte". Ni siquiera sé si existe un mundo así. Las decisiones nunca son fáciles y cuando yo empecé a trabajar en ello la situación era otra. Me empujó Anabelle, ella me ayudó incluso cuando mi trabajo era realmente una mierda. Después de casi 20 años me doy cuenta de que el compromiso que uno tiene le obliga a vivir expuesto y atento a lo que sucede. Desarrollas un instinto de supervivencia mientras aprendes a vivir sin miedo, cuando caminas un paso por delante de los demás. No hay vuelta atrás porqué soy de los que no regresa. Incluso, en las circunstancias más adversas, continúo en la dirección que me parece adecuada.  Para una persona como yo tenía sentido desarrollarse en este ámbito. Me cansé de aportar en las ideas de otros.
Actualmente no me ubico de forma cómoda en el territorio del arte. Me creo muy poco de lo que veo. No sigo las reglas del juego. No las de antes, y menos aún las de ahora. Voy por libre y no me importa pagar el precio. Conozco a grandes artistas y buenos profesionales que todavía desarrollan un trabajo bien serio. Tristemente, la mayoría se ha rendido a una especie de circo en el que los artistas somos devorados por los leones.

—En tus exposiciones recientes trabajas tanto la fotografía como el vídeo. También has hecho pintura, ¿existe alguna limitación por tu parte a la hora de elegir el formato? Aunque más que de formato, quiero me hables de contenido. Mostrar los claroscuros de la sociedad del espectáculo del S.XXI (con su celebración de la violencia, su delirio viral y la huida hacia el placer desenfrenado) es una de tus constantes en las obras. ¿Es una forma de resistencia? ¿Qué piensas del arte que rehuye cualquier crítica y se limita a ‘ser bonito’ para acabar apareciendo en revistas de diseño?

—Empecé pintando. Luego me daría cuenta de que la pintura no era el medio adecuado para mí. Me acusaron de elegir otro camino más fácil. Eran momentos en los que por usar vídeo o fotografía en gran formato te señalaban con el dedo por 'espectacularizar'. Todavía hay mucho cateto que piensa que solo la pintura es un arte. La división de las artes en disciplinas pertenece al pasado, siempre fui partidario de que se contaminen entre sí. Cada proyecto tiene uno o varios soportes que se ajustan más a su contenido.
En mi obra aparecen referencias al uso que hacemos de la imagen, a la violencia política y a diferentes zonas de fricción social. Me interesa tener una distancia crítica con todo aquello con lo que trabajo y me cansa un poco el arte que se escuda en lo político cuando realmente no opera como tal. ¿Resistencia? No lo sé. El arte hay que saber utilizarlo. Se termina convirtiendo en un modo de ver y entender nuestro entorno. Hoy todos los que intentamos vivir libremente somos resistencia, pero no hay que ser tan pretencioso como para dar respuesta con el arte a los asuntos que a uno le preocupan. Sí creo necesario hacer las preguntas correctas. Ahí es dónde cada individuo establece su propia relación con las obras. No me interesan los artistas que dictan sentencia.
Me parece bien que haya un arte superficial. Hay buenas piezas que parecen no tener más contenido que su belleza y sin embargo van mucho más lejos. La crítica nunca me preocupó personalmente. En España existe un escenario realmente deficiente.

Obra: Alejandro Vidal.
—Dejaste Barcelona para instalarte en Berlín. También barajabas mudarte a China. Sin duda, Berlín es una capital que atrae por su fuerte cultura artística y, en lo que nos concierne, por su manantial. ¿Por qué Berlín? ¿Hasta qué punto existen mitos sobre la ciudad y hasta qué punto has descubierto nuevos horizontes?

—Después de más de 10 años tenía claro que era el momento de irse de Barcelona. Sientes que la ciudad te escupe porque ya no aceptas su evolución. Hay muchos lugares que tenía en consideración: Bangkok, Bruselas, Beijing, Berlín...El plan era seguir con la letra B. Finalmente, Berlín se ajustaba más a mi situación. Me parece un buen lugar en donde Chloé puede crecer. La escena cultural no era un punto del todo importante para mi a la hora de decidir, ya que creo que Berlín tiene mucha oferta pero no tanta de calidad. Me gusta Berlín por la libertad que se respira en la calle, aquí se puede vivir fuera del sistema sin que te miren raro. Cabemos muchos de los que no nos adaptamos a otros lugares. Ya no es una ciudad económica pero todavía se vive sin la sensación de que te roban a cada paso. Me gusta que sea desaliñada, sucia y que es una ciudad que no se revela a cualquiera. Pisé Berlín por primera vez en 1995 y, aunque ha cambiado, mantiene la esencia. No sé cuál puede ser el mito, hay un Berlín para cada persona. Mucha gente sigue viviendo la ilusión de ese estereotipo que todos buscan. Y sí, sigue existiendo, pero más como un decorado para los que buscan esa experiencia de la que han escuchado hablar.

—Siempre te he conocido como un sibarita con una singular capacidad para guiar hacia los mejores restaurantes, centros de arte, librerías, clubes…Imagina que alguien que pasa por aquí quiere marcarse un viaje a Berlín como toca, ¿alguna recomendación a la altura de las circunstancias?

—No puedo generalizar en lo que se refiere a recomendaciones en Berlín. Yo tengo 'mí Berlín', pero tal vez no se ajusta a los gustos o intereses de todo el mundo. Creo que es importante que cada persona descubra la ciudad a su manera sin necesidad de que la dirijan. Sí es cierto que me cuesta muy poco saber a dónde ir en cualquier ciudad. Por otro lado, me gusta combinar todo tipo de lugares. No voy a la caza de lo que se considera 'cool'. Mi criterio es otro.



—Háblanos de Berghain. El mito sobre lo que ocurre en su interior no para de crecer, así como su discutida política de acceso. ¿Por qué en España lo hemos hecho tan mal y es imposible crear una atmósfera parecida?

—Berghain es uno de mis lugares más queridos. Reúne muchos de los elementos que hoy considero transformadores. No es solo un techno club, es algo mucho más serio y no necesariamente divertido. Me sorprende que cuando a uno le hablan de Berlín siempre sale el tema. No está bien hablar demasiado de Berghain. Comparto su política de acceso, está bien planteada. A pesar de ser polémica tiene muy en consideración a los que somos regulares del club. Hay un respeto y reconocimiento mutuo. Sobre lo que ocurre en su interior, no voy a hablar.
En España hay otra cultura. La sociedad es mucho más conservadora y menos abierta a entender. En Berlín ha habido ya clubs como E-Werk, Tresor, Bunker o, más recientemente, Ostgut, en dónde las noches y los días eran igualmente fuertes.
En Berghain la exploración sexual y narcótica no está estigmatizada. No se juzga a la gente por muy extrema que sea su posición.  El público es adulto y la edad no es un impedimento para bailar dos días seguidos. Berghain es clubbing existencialista, muchas veces realmente intenso. No solo por sus horarios sino también por la elasticidad de sus límites. En España hay demasiado control, creo que la gente vive más reprimida. Existe la errónea creencia de que 'como en España no se vive en ningún lugar', sigue siendo un país poco preparado para algo así.  No me imagino una fiesta como Snax en España.

—¿Qué podrías contarnos de lo que tú has vivido ahí personalmente?

—Una amiga me decía que el Domingo vivimos doble. Que todo lo que le falta al Lunes lo vivimos ya el día anterior. En Berghain me he desarrollado más como individuo y he conectado con personas con las que he establecido vínculos especiales. Estas amistades tienen otra escala.  Wendy, a quién conoces, me decía que vamos a la caza de máxima intensidad. Y es cierto que desarrollas una necesidad de vivir al limite mientras estás allí. Aprendes mucho de ti mismo y las largas sesiones del closing son casi religiosas. La experiencia es profunda, ritual y transformadora.  Cada vez que vas es  realmente una historia de la que te vas a acordar.
He visto y vivido lo inimaginable. Prefiero no ser explícito en mi respuesta ya que muchas cosas no alcanzan a ser comprendidas fácilmente. Berghain se ha de vivir y no puede ser explicado. Después de estos dos primeros años estoy empezando a entender el lugar.

—¿Fue Barcelona, lugar en el que viviste los últimos años, un lugar en el que vivir con libertad y en el que forjar proyectos potentes? ¿Qué se ha torcido además de una pleitesía al turismo? No sé si un festival como el Sonar, del que viviste los inicios, te dice algo al respecto al anunciar, este año, una esponsorización con Bershka.

—Llegué a Barcelona a principios del 2000, desde Londres, más por las circunstancias que por deseo de establecerme en la ciudad. Recuerdo que lloré al llegar. Vinieron años de bonanza y sucedieron cosas, me acostumbré a la ciudad y conocí a gente estupenda. Pasaron los años y seguía habiendo más libertad de la que hay ahora mismo.
Pero es imposible realizar proyectos potentes en una ciudad que carece de estructuras, economía e interés por ello. Resultaba cómodo vivir allí a pesar de una pobre vida cultural. Cierres como el de Metronom, Sala Montcada, Santa Mónica, KBB y tantos otros lugares han dejado a la ciudad fuera de juego.
En estos años Barcelona se ha vendido totalmente al turismo y ha perdido su identidad. Es un territorio en manos de negociantes que venden una idea de ciudad sin prestar atención a las consecuencias. Barcelona se ha destruido en catalán.
Desde hace seis años el declive es notable. Cuando me fui a Berlín extrañaba la vida en Barcelona. Me fui como por obligación. No quería seguir viviendo en una ciudad así. Ni en un país gobernado por ladrones. Ahora me doy cuenta de que la Barcelona que yo disfruté ya no existe. Ya no es la misma ciudad. La mayoría de mis amigos también se han ido. En mi último viaje sentí que ya no pertenezco a Barcelona, más bien fue como un exorcismo. Ahora leo que presumen de ser una de las ciudades preferidas para el turismo de compras. Y sí, parece un gran shopping mall cerca del mar.

Sónar ya hace muchos años que dejo de ser un festival de referencia. Todo se fue perdiendo en la misma medida que lo sucedido en la ciudad. Las estadísticas son más importantes que el contenido. Sónar entiende de volumen de negocio pero no de música avanzada.



—En España el debate se centra ahora sobre cuán débil es la recuperación económica. Ni siquiera se habla de una recuperación satisfactoria. ¿Se respira todavía crisis en Berlín?

—Berlín es una ciudad en crisis. Siempre lo ha sido. No hay trabajo, ni industria, ni mantenimiento, ni orden. Aquí la crisis no es un tema recurrente. La gente no habla todo el día de dinero. Si lo entendemos así, la crisis es el estado normal de las cosas. Al contrario que en España, no se ha corrido a gran velocidad para luego tener que frenar en seco. Por ejemplo, la cultura de vivir a crédito no existe, los bancos casi no tienen sucursales, ofrecen pocos servicios y los cajeros automáticos están siempre lejos. Es una cultura cash. En Berlín, por lo menos, los bancos tienen poca presencia y se vive de otra manera, con gente menos esclava. Pero lo intentan cambiar, las ciudades se entienden como un modelo de negocio cuando en realidad son un lugar para vivir. Berlín es ahora víctima del capitalismo hipster. Por fortuna, creo que seguirá siendo un lugar que no es para todo el mundo.

—¿Qué piensas del devenir político de España y de sus medios de comunicación? ¿Hasta qué punto los medios de comunicación han sido una fuente de tu trabajo?

—Hablar de la política española no me apetece mucho. Prefiero no envenenar esta entrevista con mi odio. Ya sabemos de qué va y lo patético que resulta tener un gobierno tan estúpido. En todas partes te dan el pésame por ello. No le veo futuro, incluso iniciativas como 'podemos' también me parecen una vergüenza. Cuando leo noticias de allí me pone de muy mala onda y no me siento para nada en sintonía con la España actual.
Los medios de comunicación están al nivel de lo que el país puede ofrecer. En ocasiones percibes que ni saben hablar con propiedad. Todavía me sorprende que el deporte sea un asunto de interés nacional. Estamos hablando de un país en el que los futbolistas son héroes y los políticos roban con todo el descaro.Pero sin embargo parece que nada nos sorprende.  Pasan los años y siguen los mismos debates sin resolverse. Algunos ya se convierten en crónicos. Cambian los interlocutores pero no resuelven nada. Creo que en España se juntan la ignorancia y el orgullo. Una combinación fatal.

—Hemos comentado, también en varias ocasiones, la falta de background o el desprendimiento del pasado artístico de mucha gente para comprender lo que está ocurriendo ahora. De ahí los fakes y los productos que son meras copias y que son aceptados por mero desconocimiento de lo anterior. Por ello, no nos faltan momentos en los que escuchamos temas antiguos o comentamos películas que sin duda siguen siendo necesarias. ¿Qué grandes tracks y películas han sido y son determinantes para ti?

—Me es imposible resumir en una lista música y películas. Son muchas y no soy fan de enumerarlas.  He seguido de cerca el cine asiático. Lástima del desaparecido BAFF en Barcelona. Directores como Apichatpong Wherasethakul o Hou Hsiao- Hsien. Me sigue gustando el cine que se hace en Europa, a excepción del español. Hace décadas que no tengo TV pero reconozco que se ha avanzado mucho con algunas series bien interesantes. En lo musical llevo desde la adolescencia escuchando música electrónica. Tuve un periodo de rock radical vasco, combinado con todo lo que dio de sí la new wave y la música oscura de los ochenta. En adelante, escuché ambient, drum & bass, electro, house y techno. Desde las primeras referencias de Warp, Skam, Rephlex a las interesantes colaboraciones publicadas en sellos como FAX. En mis tiempos de Londres fueron las fiestas Metalheadz de Goldie o las noches de V Recordings, Logical Progression las que me estimularon mucho y bien.  Hubo una Barcelona dominada por Kompakt y otros sellos que también me gustó. Desde hace ya años me intereso por el techno. Desde clásicos como Robert Hood, Surgeon o Dave Clarke a otros como Marcel Dettmann, Rodhad, Function o Rrose. También he estado cercano al Jazz: Thelonious Monk, Art Blakey, John Coltrane u otros como Esbjorn Svensson Trio o Brad Mehldau.

—El viaje es otra de tus prioridades vitales, desde Londres a recorrerte islas perdidas por Asia sin electricidad. ¿Qué ha significado para ti el viaje y, en concreto, el continente asiático? Mientras nosotros caemos, ellos suben, ¿cómo ves la Asia de hoy? Hace no tanto estuviste en Hong Kong rodando…

—Viajar siempre ha sido importante para mí. Me interesa la distancia. A veces, cuanto más lejos y remoto ha sido el lugar más feliz me he encontrado. 
En 1996 fui por primera vez a Asia, en Nepal. Desde entonces India, Laos, Tailandia, Indonesia, Japón, Corea, Myanmar, China y otros destinos completan mi vagabundear por el continente. Asia, como gran parte del mundo, se enfrenta a contradicciones. El progreso, la idea que tenemos de él, amenaza con destruir formas de vida únicas. En otros países son los gobiernos los que actúan de una forma bien dañina contra su propio pueblo, como sucede en China, Tailandia o Myanmar. En este último país se podían observar los efectos de la dictadura militar. Ya hace casi 10 años de ese viaje.
Confío en que muchos lugares que me han maravillado no cambien. La democratización del viaje y el turismo son uno de los grandes males. Hace años era diferente y en alguoas lugares solo encontrabas personas afines y que realmente saben a lo que van. Hoy lamentablemente se está perdiendo cierta magia.  Toca irse todavía más lejos para intentar estar solo y a gusto.

—Desde tus días en Barcelona hasta la actualidad también te adentraste en el mundo de las artes marciales, ¿qué has aprendido y por qué te parece relevante esta forma de trabajar el cuerpo y la disciplina mental

—En Barcelona tuve la suerte de conocer gracias a Jaime Pitarch el karate Club Hirota. Entrené allí durante varios años con el sensei Santiago Cerezo. Aprendí desde la base, bien acompañado por novatos y veteranos que se toman muy en serio su entrenamiento. La disciplina me enganchó rápidamente. Sientes que es beneficioso tanto en lo físico como en la manera con la que que terminas actuando fuera del dojo. Después, Jordi me introdujo en el Koryu Uchinadi y lo estuve practicando en Barcelona y después aquí en Berlín. Es una visión muy interesante del karate iniciada por Hanshi Patrick MaCarthy. Actualmente y por diversas circunstancias estoy practicando Wing Chung. Las artes marciales chinas son bien diferentes. Todavía me estoy habituando a ello, pero me gusta cómo es el combate en distancia corta y a gran velocidad.

—¿Qué tiene Vidal en mente para los próximos meses? ¿Y a largo plazo?

—Sobrevivir es mi prioridad. No tengo planes. Actualmente ha cambiado todo tanto en poco tiempo que mantenerse a flote es toda una misión.  Estoy viendo cómo encontrar un nuevo orden en mi vida. A nivel profesional necesito evaluar y cambiar muchas cosas. No me interesa en dónde me sitúo actualmente. He de iniciar nuevas colaboraciones y crear otra estructura de trabajo más eficiente. Pensar a largo plazo como antes ya no es posible. Vivimos en la época en que pensar en la próxima semana es largo plazo.

—¿Sigue habiendo para Vanity un plan especial para visitar el mundo clubber de la ciudad?

—Aquí cada semana hay un plan especial. Este Domingo es el Open Air de Innervisions en Pankow. Septiembre empieza bien. Barnt estará en Panorama Bar el primer fin de semana. A final de mes se celebran los 5 años de Stroboscopic Artifacts con Sandrien, Lucy & Rrose. Me parece que es esencial. El último Domingo del mes está la Klockworks Nacht con DVS1, Ben Klock y otros. No estoy muy al día de lo que sucede en clubland. A la hora de salir soy fiel a mi lugar. Deberías venir en Septiembre. Creo que se te debe de haber olvidado.

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