Help me not to think

think

Sigo planteándome el paso del tiempo como algo escabroso y fatal. Y es que no logro salir de esta concepción, por mucho que me empeñe. Salvo cuando logro aferrarme al teclado, poner una sesión como esta y ganarle el pulso por un rato más al relojero:

¿Por qué he entrado en una senda tan negativa en los últimos tiempos, tan irresistiblemente apática y poco dada al manejo del tiempo de una forma menos lacerante? Las leyes del karma tienen la respuesta, sin duda, y me toca asumirlo con parsimonia y elegancia, casi hasta con paciencia. El juego de los superhéroes no deja de ser eso, un juego, y cuando te tomas algo demasiado en serio como para que deje de ser divertido… una tormenta de mil y un días se cierne sobre ti cual maldición impertérrita y brutal. Mil y un días son, ahora que lo pienso, unos tres años, y es imposible esperar tanto tiempo a retomar la buena senda. Algo habrá que hacer para salirse de esta, quizás buscando otro podcast tremendo logremos tener una hora más de reloj para capear la maldición y comenzar a proclamar las buenas nuevas, el mejor flow posible. Hablando de flow, hay una marca de cigarrillos que está usando esta palabra para sus productos, así que tengo que dejar ya de usar este término porque se ha mercantilizado hasta el nivel soporífero. Ya no queda flow que repartir como léxico, ¿se nos está agotando el onfireismo? De eso nada, aquí va esto que acabo de encontrar hace apenas unos segundos:

Y así van pasando los minutos, poco a poco, hasta que llegue la hora de pasar a la acción, y para eso creo que todavía falta una hora. Así que sí, pasaremos, sea como sea, esta hora juntos. Recuerdo cuando, hace años, me sosegaba enormemente el hecho de tener música y una página en blanco por delante. Y esta es la sensación que más añoraba de todas en este nuevo ciclo, haber perdido este espacio catártico para lograr encarar el vacío sin más expectativa que la escritura y la música, con apenas una máquina vaper a mi lado y algo de luz. Esta autonomía exploratoria resulta sí, de nuevo, sosegante, una bocanada de paz in extremis. Porque, ya hace más de un año que vivo clean y eso son palabras mayores, aunque el viaje ha sido de lo más crudo y frustrante. Ojalá el optimismo con el que afronté mi liberación de las sustancias hubiese permanecido intacto e impoluto, prístino, pero mucho me temo que el vapuleo vital ha sido enorme. Por eso esta reconquista, aunque sea puntual e inconexa, es meritoria, es un logro, esto de volver a asumir el vacío y la palabra y el techno desde el nada que hacer y nada que contar en especial es el poco patrimonio que me queda. Y qué menos que compartirlo.

Este 2018 que estamos cerrando, lejos de ser el año pleno que prometía ser, se ha convertido en el año de las pérdidas. He perdido gente cercana, algo de cordura, he perdido pulsiones y he habitado en una tristeza algo turbia y molesta. Este año ha dolido, y aceptarlo es lo más digno que creo que puedo hacer. Sin embargo, la pérdida más extraña es la que uno siente como propia, como parte de sí, y han sido doce meses en los que si algo he perdido ha sido mi kamikaze way al abordar las cosas. Esa forma proactiva y brutal para asimilar la realidad y tratar de digerirla y tirar adelante. Esto ya no funciona, la pesadez se ha instalado como si tal cosa, campando a sus anchas y dejándome fuera la mayoría de las veces, o una gran parte de ellas.

—BUENO, BUENO, BUENO. ¡Tenemos al señor quejica existencialista dando la brasa!

—Gracias por interrumpirme, la verdad es que estaba haciendo un discurso horrible y demoledor, tienes razón.

—Tranquilo, para eso estamos, pero va, ve cortando el rollo bajonera y ponte las pilas, que has encontrado un par de buenos podcast y ya llevas casi media hora escribiendo, has logrado a duras penas hacerte con la mitad de lo que te queda… ¿No decías que te liberaba tanto el hecho de tener buena música y escribir sin ton ni son?

—Exacto, como decía, joder, sin hacerme pesado, es lo muy placentero y revitalizante que me supone esta práctica, y que esta era una de las conquistas que estaba intentando retomar, volver a mis estados en los que solía practicar esto sin más expectativa ni mayor inclinación que el mero hecho de hacerlo. Que esto luego me servía para encarar el resto de cosas en la vida, pero que…

—Que sí, que ya lo hemos entendido. Anda, cambia de disco, habla de otra cosa.

Venga, sí. Te voy a hablar de lo que tengo en la vitrina de mi casa. Es el museo del sin sentido. Tiene una linterna de un dj famoso que todavía funciona, un par de vapers cascados y un vinilo roto, entre otras cosas. Las he ido colocando ahí sin ton ni son, y dan un aire rocambolesco al panorama de mi comedor.

Pero hay una cosa que no entiendo, y esta es el por qué seguimos estando organizados según estados-nación. No comprendo cómo podemos estar ligados a estados nación ni tampoco por qué nos sentimos identidades separadas unos de otros. Me resulta muy extraño. Lo sé, no viene al caso, pero tenía que decirlo… Es algo a lo que también le doy vueltas recientemente, y es complicado salir de este loop. Espera, voy a cambiar de podcast, ¿vale?

Este también estaba en mi feed reciente y es un poco menos oscuro y más rítmico, tiene aires melódicos y Teenage Mutants son conocidos desde hace años. ¿Te estaba hablando de los estados-nación? Joder, se me ha ido la cabeza con eso, es otro tema deprimente. Me afecta el invierno, en serio. Me quedan exactamente veinte minutos en el teclado, aunque ya me duela la espalda, y no pienso separarme de ti. Eso es, ¡esa es la sensación que buscaba! Ahora lo recuerdo de mis épocas de excesos, estaba tan enganchado a lo que hacía en la pantalla que sentía que el tiempo transcurría en mi contra, y cuando llegaba a esa sensación mi mente comenzaba a funcionar a las mil velocidades y colores, y eso es lo que estoy sintiendo ahora, justo ahora, te lo prometo. Joder, lo estoy sintiendo mientras suena un tema bastante hortera de la sesión de Teenage Mutants, esta especie de dark disco con purpurina y voz quebrada y algo metalizada, pero tiene ritmo. Lo he intentado pillar por Shazam pero se ha vuelto loca la máquina y ha sacado temas que no tienen nada que ver, es así de frustrante, a veces. Vamos, que el tiempo sigue transcurriendo a la par, al fin, vuelvo a sentir esa adrenalina y las palabras del nada que hacer y nada que decir siguen fluyendo en el vacío. Poca broma, que al final lograré pasarme todo el rato aquí y el sinsentido habrá triunfado. No te pongas nervioso, Vanity, que estás todavía a tiempo de perder otra vez fuelle, aguanta el pulso, aguanta la narrativa, ¡Aguanta! Respiro hondo y medito en la cortada de rollo que ha supuesto sacar el Shazam en medio del flujo de escritura. Y es así, el reloj vuelve a bajar su intensidad y me veo de nuevo escribiendo a un ritmo forzado. Me decía 30drop en su entrevista que el humano es algo que interfiere en el devenir natural de las cosas, que no es precisamente algo que forma parte del todo, sino que lo distorsiona. Os juro que esto me caló y sigo todavía intentando hallarle algo que no me perturbe demasiado. Pero como algo que interfiere somos algo también fascinante, intruso, intempestivo, algo que se mete en todo. Y dejaré de meterme en este texto, al final no supero la prueba de la hora, estoy agotado y sin ideas sobre el propio flujo, aunque, ahora que lo pienso, los flujos que se sostienen a sí mismos son los que más aguantan y mejor discurren. Aunque sean un peñazo, como este. ¿Vuelvo a hablaros de mi vitrina museo sin sentido o mejor paso a mis libros sobre música electrónica? La verdad es que tengo más de los que he leído y me hace feliz tenerlos, sí, los libros me hacen bastante feliz. Alucino, es la primera vez que aparece esta palabra en este site desde hace mucho tiempo, por lo menos mencionada por mí mismo. Qué hartazgo de discurso, se nota que me está haciendo feliz y que necesito salir a tomar el aire, y es que cuando se acerca el momento de salir a tomar el aire uno vuelve a nacer tras haber volcado todo esto aquí, es así, es así de liberador, por eso la escritura a veces es un más bien una cárcel autoimpuesta y la llegada a cierto estado de lucidez que es altamente liberadora, luego, hayas escrito lo que hayas escrito, te sientes habitando otra vida, porque te has zambullido de tal modo en el texto que has dejado de ser tú mismo. Esa es la clave, por eso veo que estoy siguiendo con el texto, porque la sesión de Teenage Mutants sigue sonando como una apisonadora y las palabras siguen emergiendo en este texto, así que es posible que logre acceder a la hora de escritura y me vaya con una sonrisa al haberlo logrado, en el texto menos curado y más flujo de escritura que he escrito en los últimos… ¿años? Es curioso, porque, a veces, uno desea tener lectores y, otras, se alegra de no tenerlos. Este texto, obviamente, corresponde a la segunda categoría, es un texto que no acaba de ser recomendable ni acertado para nadie. No es por su dificultad, es por su pesadez gravitacional, por su extraño y torcido acontecer, porque transmite pesadez. Pero los blogs a la antigua usanza que yo conocí tenían eso, cada uno era un mundo personal-ficcional con pocas vistas a superar una pequeña comunidad, si es que la tenía. Y eso era bonito, pero no quiero caer en la nostalgia, no ahora, que estoy a punto de superar la hora de escritura con esto. Help me not to think. No em digáis que no es una ayuda estupenda, asombrosa, esto de escribir y que así interfieras en tu propio pensamiento de un modo en que dejes de pensar de forma convencional y transcribas en palabras lo que de otro modo no interferiría igual. La música y la literatura hacen lo mismo, interfieren en nuestro pensar y nos convierten en otra cosa, esa es la gran calve y el éxito de su divulgación. Y ya, sí, se ha cumplido con creces el tiempo que tenía que pasar aferrado escribiendo. Así que, con esa sonrisa y la sesión de Teenage Mutant todavía sonando, me despid, sin más dilación ni aspavientos.

BlogVanity Dust