«Yo por estos dos me dejo petar el culo» Breves apuntes de reenganche sobre la noche del viernes en el Sónar y esas mandíbulas que bailan en la intimidad

Una cosa que me jode bastante en los festivales, casi de las que más —no al nivel de las gordas bailongas con escote de elefante en celo—, es lo pesada que puede ser la gente drogada pidiendo tabaco. Cualquier persona pidiendo tabaco ya es un coñazo, pero con el ciego el asunto es intolerable. Caminando por la zona del SónarCar, espacio en el que hay unos autos de choque que en alguna edición tenían gracia, se me acerca un guiri renqueando. Apenas es la 1 de la noche.
—Peergdona, Sorrgy, ¿cigarrete? —Y sonríe como si eso fuese a solucionar algo, o a enternecerme. Una sonrisa muy crappy, medio quebrada, que esconde una nefasta experiencia con el alcohol, el acné adolescente y un padre demasiado cariñoso en la infancia.
—Mira, chavalote. Vienes a mi ciudad a pegarte una fiesta mientras digieres una paella putrefacta con tu puto calimocho y cal en la nariz. Mi país es pobre, aquí ahora hay gente que lo está pasando muy mal. Hay gente que ha estado ahorrando todo un año para venir aquí, ¿y va y vienes a tú hecho un asco y pidiendo tabaco a los nativos?
En El SónarCar se reúne poco público nacional de todo el Sónar, ya sea de Hospitalet, les terres de l'Ebre o Burgos. Porque está en los platos Mylin, uno de los músicos más reconocidos y consistentes de  la escena spanish style. Hace mucho calor. Se nota el puretismo. Esos jetos ya con sus arrugas y algunas desproporciones poco preocupantes todavía. ¿Pero qué haríamos sin el puretismo? ¿Nos quedamos con los fans de Skrillpez? Sería un poco aburrido. Los puretas se saben las canciones Acid y bailan bastante más desinhibidos y sonrientes que el tropel veinteañero que pulula sin rumbo por la vida y, por supuesto, por el festival. Juventud, divino desastre. Pero bueno, no seamos duros con los teens. Todo el mundo se equivoca en la vida. Y ser joven es, en realidad, un error en sí mismo. 
Joder, son las 9:30 de la mañana y aquí ando en el Central Scrutinizer (casa) Barceloneta escribiendo esto de preReenganche, tras estar petándolo desde las 5 de la tarde. No es serio de que siga con esta crónica moribunda, por mucho que inexplicadamente nos haya sobrado tanto M como Speed. Esos queridos 'restos' que sabes que puedes dejar en la mesilla de noche y acostarte tranquilo: ahí se quedan, a tu lado, por si algo sale mal. Pero antes de cerrar este post sí hay que apuntar un detalle que demuestra lo muy sentida que es la gente de la cultura techno.
Estaban pinchando Karenn, grupo formado por dos fuckers de alto vuelo. Un techno duro, crudo, a machete, sin concesiones. De ese rollo que ya no se estila tanto, de la época oscura y destroyer pero sumamente convincente, les das la razón y punto. El ciego es general, y el escenario es el SónarLab. Son como las 4:40. Mis mandíbulas ya viajan a velocidad de crucero, es decir, no se mueven, aunque vibran internamente —imaginar la vibración interna unas mandíbulas, fascinante—. Es algo así como hablar catalán en la intimidad. Y un tío lo deja claro, me lo dice con el corazón en la mano y las pupilas en un paraíso fiscal.
—Tío, yo por estos dos me dejo petar el culo. En serio. O yo que sé, que maten a un sobrino mío.
Le entiendo. Eso es compromiso, entrega. Tú eliges tu propio Fhürer, y si resulta que por esas de la vida pincha un techno bestial que te flipa y decide petarte el culo o matar a tu familia...Pues nada, siempre y cuando puedas seguir yendo a sus fiestas.
9:40. Escucho una vez más Inspector Norse y me voy a dormir. Con los restos en la mesita de noche y cigarro para cuando me despierte. Un cigarro en la mesita de noche da más seguridad que el beso que te puede dar una novia al levantarte. Escuchemos el tema, cerremos estas 14 horas de festival (+12 de ayer) y preparémonos para el festín final. Y, que quede claro, anal si hace falta.
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