Y una mierda

Pedro paseaba felizmente con su novia por el parque de su barrio. Era un sábado por la tarde y los últimos rayos de sol iluminaban los altos bloques de pisos que circundaban el intento frustrado de jardín.

Un grupo de yonquis se drogaba en uno de los múltiples rincones. Unos chavales jugaban a baloncesto y un par de tipos solitarios paseaban a su perro mientras fumaba compulsivamente.

Nada de todo ello parecía despistar a la enamorada pareja, que andaba abrazada y se besaba tiernamente, sintiéndose como en una nube de amor.

Quién les hizo aterrizar, fue un joven con un chaleco azul. Llevaba una carpeta en la mano con un bolígrafo.

-buenas tardes, ¿tenéis un minuto?

-¿Que quieres?-Soltó Pedro de mal humor. Su novia le pasó la mano por la cintura.

-Mirad, en el mundo se mueren cada día miles de niños. Algunos de ellos, en los países africanos, son obligados a hacer soldado desde los 6 años, luchando en guerras terribles que les traumatizan por toda la vida. Sólo os pido una colaboración de 5€ mensuales para construir escuelas para estos pobres niños, para darles un futuro mejor.

Lo primero que le pasó por la cabeza a Pedro fue mandar a la mierda a este plasta que les había cortado el rollo de mala manera, pero cambió de idea cuando vio la cara triste de novia, angustiada por la historia que les acababa de contar el voluntario.

-emm..-balbuceó Pedro tratando de ganar tiempo- verá, yo ya soy de 3 ONG diferentes, una de médicos, otra para que los niños no hagan pelotas de fútbol en Afganistán y la otra no me acuerdo.

Pedro consiguió el objetivo, su novia le miraba impresionada. Lo más importante ahora esa sacarse al pesado de encima.

-Entiendo-asintió el joven voluntario-¿conoce algún amigo que le pueda interesar ayudar a la causa?

-Oh si claro, muchos. Sacó el móvil del bolsillo y le soltó tres números al azar. Uno de una chica que había conocido en una discoteca, que no se acordaba ni de qué cara tenía, otro del taller donde le reparaban la moto y el último de su amigo de la infancia, Jesulín.

El joven se marchó agradecido alabando su amabilidad y gentileza. Su novia le beso y le dijo que era el Gandhi del s.XXI. . El sabía que era un perfecto crápula. ¿que importaba eso si nadie a su alrededor lo sabía?

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