Writing while mixing

Dicen que todos hemos respirado parte de las partículas de oxígeno que pasaron por las fosas nasales de Jesús. Pensarlo cuando estoy sereno no me altera. De hecho, me preocupa mucho más saber si he respirado las jodidas partículas de la primera gorda de la Historia; esto sí puede ser un problema. Según pienso, el oxígeno de las primeras gordas aun no ha dado la vuelta al mundo, ya que antes las gordas no sobrevivían, morían gritando y sudadas, corriendo en taparrabos detrás de un león. La obesidad es una enfermedad mucho peor que las gripes porcinas, y mantiene a flote la tropa de McShits que poblan todas las ciudades y suburbios de los 5 continentes. Dejemos el sobrepeso.

Cuando compro nuevos vinilos y los pincho en casa, me entra una hiperactividad súbita, fruto de ello fumo, bebo, me masturbo y escribo a la vez, eyaculando en el teclado, los vinilos y con especial cariño en la pantalla de vuestro ordenador. Joder, esto ha quedado muy Beigbeder. Octave (13,99€) es el mejor publicista del mundo, sencillamente porque vomita mierda para el mundo entero mientras gana dinero y se recoge en un paraíso fiscal, saludando al recién llegado Michael Jackson. Anuncio satisfecho que he encontrado el Twitter de Paris Hilton, ya soy uno de sus 230.000 fans. Sé que en este momento está de fiesta y comprando en Dubai. Saber que la belleza abanderada del capitalismo en declive prosigue su ruta mundial de glam and waste serena mi consciencia de espíritu, y me devuelve la fe en personajes ya muertos como David Foster Wallace.
La noche se presume larga, con contenidos bizarros y sesgados, rodeando las esferas trash de la ciudad, bebiendo en las esquinas y soplando alcoholímetros para luego destrozarlos e introducirlos por el recto de los agentes de la ley.
Me pregunto cuando conseguiré que me persigan con la moto al estilo Grand Theft Auto, supongo que debería preparar los cócteles Molotov (Karen Eliot dixit) con más azufre y pólvora china.
Dudo si hoy cenaré sushi de nuevo, o si el pollo tandori suplirá su ausencia. Normalmente me alimento de frutos alucinógenos, traídos en canoa por un gurú guatemalteco. Cruza el atlántico, entra por el mediterráneo sin prisa pero sin pausa hasta llegar a BCN, busca el río Llobregat y en pocas horas está en mi casa. El proceso de transporte tarda unos 230 años, pero tanto él como yo hemos vivido varias vidas; vamos, volvemos y nos encontramos de nuevo, comemos juntos, flipamos, y 230 años más.

Vanity
Summer '09

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