Vuelta de trabajos, en directo desde clase. Rozando el equilibrio al borde del psychokiller.

Me están a punto de devolver un trabajo de mierda de una asignatura de televisión. El profe, sobra decirlo, es un auténtico cretino. Esta afirmación se basa en el contenido del temario que aporta:

1. El documental es como un reportaje pero más profundo.
2. Los documentales se han adaptado a las nuevas tecnologías.
3. A veces se quita la voz en off.

En fin. Todo un erudito. Un auténtico fiera del mundo audiovisual. Y lo que más jode es que encima, le pagan.

"Hay algunos trabajos muy bien hechos. Otros normales. Y ortos no tanto".

Veremos en que grupo estoy. Todavía no. Sigue contando cosas usando la boca. Aunque sería más sensiblemente acústico escuchar sus vómitos. La tortura de profesores debería ser un derecho inalienable de los alumnos. O dejarlos sin salario, sin familia, sin piernas. Qué capullo.

Normalmente no suelo insultar gratuitamente a la gente (mentira), pero en este caso tampoco es gratuito. No puedo más. Dos meses de penitencia. Una vez entregue los malditos trabajo le comentaré un par de cosas.
Enciendo un cigarro. Tranquilamente. Sin prisa. Exhalo el humo. El profesor me mira. Una compañera me mira, entre sorprendida y sonriendo. Tiro la ceniza encima de los apuntes (4 notas sucias).

El profesor me mira desafiando.

-¿Se puede saber qué haces?
-Tragando nicotina para no cortarte la cabeza en pedazos y hacer un documental sobre tu cerebro podrido.

Silencio. Reparte por orden de lista (me toca por Dust)

He sido de los normales. Qué alivio. Si hubiera sacado buena nota me estaría preocupando. Gustarle a este tipo es un suicidio. Suspender implica cometer asesinatos antes de hora. Y fumar encima de cadáveres.

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