Volumen al máximo y sin créditos que pagar

En los dos pisos en los que he vivido este año he tenido suerte: tanto en el del Raval como en el actual de la Barceloneta el volumen de los altavoces siempre funciona al máximo y no me han detenido por ello. Vibra el parqué, vibra mi garganta y mis vecinos se maltratan mutuamente al son de Click Box en SoundCloud. Esto es un punto positivo de este 2012, la movida acústica. Porque ha sido el año de buscar la heladería de Berghain viendo sombras balanceándose en grandes columpios, a eso de las 7 de la tarde, y del Sónar que me quitó, según mi terapeuta corrupto, unos 2 años y medio de vida. ¿qué sería de este chiringuito sin el techno? Debo reconocer que la música clásica también ha sido importante, aunque no tanto para mí, sino para un personaje que tuve la oportunidad de conocer en un garito del Raval que no existe llamado BachUnderground.

Si ven un señor así por el Raval, fijo que es cliente de BachUnderground.

En este bar, que sale en la Time Out de BCN norteamericana pero que ha sido censurado en la versión de Corea del Norte por promover la cultura burguesa, todos los presentes llevan peluca blanca y con rizos. Durante el invierno la mayoría de tíos llevan unas chaquetas con botones como las de los Beatles, pero de verdad, no de tiendas de segunda mano guarras postlennon que te clavan un pastizal por una chusta made in Zara con la etiqueta cambiada. Mira, ahí va uno de ellos:

-Mozo, ¿qué tal ha estado hoy el Bach?
-Delicioso. Sublime. Ha habido una Battle de violines que me ha puesto los pelos de punta.
-Pero si llevas peluca, hombre, que se te nota un poco.
-Es falso lo que dices. Mi cabello es natural, lo he heredado de mi padre, que tocaba el piano en la filarmónica de Viena.
-¿Lo está pasando mal por el alza del IVA?
-No, ahora toca en la calle y cobra al negro.
-Bien jugado. En el metro se gana bien, ¿no?
-Bueno, en realidad lo que hace es meter el palo con el arca del contrabajo.
-Ya. Me estás mintiendo, tu padre es un hombre de bien, seguro.
-Pues claro. Solo roba a los que escuchan música electrónica en estos auriculares grandes y horrendos como...los que tu llevas. ¿No estarás dándole al diabólico techno?
-No, qué va. Esto es Satie.
-Demasiado moderno. Voy a llamar a mi padre.

Si te haces amigo de un dependiente del Zara, podrás veranear en una de sus casa a crédito.

Así están las cosas en la ciudad. Incluso en el Bach la gente lo está pasando mal. Desahucios por todas partes. Las calles van a convertirse en la gran casa del proletario, demasiado ocupados estábamos todos con los préstamos de ese gentil banquero que tanto nos ayudaba a encontrar nuestro nidito de amor. Nunca pedí un crédito. Y me arrepiento de ello. Fui demasiado sincero. Dije que lo quería para

-Bueno, usted ya sabe. Para escribir mal y rápido hace falta mucha energía. Pero no la del Red Bull, ni la de los cafés. Ya me entiende. Un poco más de flow, nasal, pongamos.
-¿Quieres un crédito para estupefacientes?
-Si consigo terminar una novela que estoy escribiendo con parsimonia y creatividad en la fachada de un edificio, se lo podré devolver.
-Pero si no va a vender ni un ejemplar. Estará en la pared, si no le entiendo mal.
-¡Claro! Una buena performance literaria. A la altura de Damien Hirst.
-No le conozco, pero si quiere pedir créditos como el suyo será también un paparruchas.
-Se está equivocando, amigo banquero. Damien Hirst vendió un tiburón embalsamado por 12 millones de dólares.
-Sí, claro. Y yo voy a vender mi dentadura en vinagre por treinta millones. Anda, vete, que llamaré a seguridad y hay una pareja de dependientes del Zara, contrato fijo, gente seria, que quiere un Audi S3 y renovar el jacuzzi de su tercera casa de verano. Y puede que hasta necesiten algo de calderilla para el viaje de dos semanas a Hawaii, al lado de la casa del muy honorable Obama.

Así que volumen on fire, sin créditos que pagar, y mucho tiempo que perder.

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