#Vanityshvolution

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Sin saber por qué, suena Springlove en los altavoces de la terraza mientras contemplo la contaminación lumínica del precario skyline barcelonés. La primavera del amor fue la del 89. Épocas de Acid. Y de flexiones afrodisíacas. Y el Mayo de las revoluciones fue el 68. No es casual que mi atuendo para bajar a Plaza Catalunya sea mayosesentayochista versión Hipster 2.0. Gafas de pasta Cuttler And Gross of London, boina a cuadros azulados en diversos tonos de gama suave. 
Bajaré en moto usando petróleo saudí, posiblemente el mismo que consume la policía. Llevo un casco negro algo atizado por noches a la intemperie. Y un casco nuevo Vintage para Ella. Pantalones de pitillo, azules. Chaqueta tweed de terciopelo, gris. No nos olvidemos el bate de béisbol del 94 usado en la Superbowl y comprado de tercera o cuarta mano en eBay. No llevo ropa interior. Mi entrepierna merece también aire fresco, he sido democráticamente radical con mi miembro. Él también quiere salir a la calle por todo lo alto. 
Es la hora de la cacerolada. Hay gente dando golpes a las cacerolas del chino y gritando cosas que no entiendo. Se trata de hacer ruido. Así que toco el cláxon de la moto. Pero justo entonces pasa una rubia con minifalda y me mira y piensa que la he pitado a ella. Qué jodidamente egocéntricas llegan a ser las chicas con más de 90 de pecho. Decido parar la moto y tumbarme en medio de la calle en modo de protesta pacífica deslocaalizada. Lo que ocurre es que estoy a 20 minutos en moto de Plaza Catalunya y nadie entiende mi gesto. Cuando los vecinos han llamado ya a la urbana y una mujer intenta atropellarme con su Toyota Auris, decido que es hora de marcharme. No sin antes alardear de la libertad de mi pene democrático delante de la rubia. Bajo por la callme Balmes haciendo un caballito revolucionario y escuchando techno en los auriculares. Es mi manera de reflexionar. Llevo en el bolsillo de la chaqueta tweed el Libro Rojo de Mao. Firmado por alguien que no conozco, en cantonés.
Llego a la plaza, por fin, tras este breve lapso de 30 minutos de protesta Gandhiana y el bamboelo genital. Mi bate de béisbol brilla. Me presento.
-Bonsoir, mes amis revolutionaries. Je m'appele Vanity La Poussière. Je viens de la Grande Patrie Française pour faire la revolution ici, avec vous, mes camarades.
-A ver, ¿Tú no serás otro cretino de Intereconomía que ha venido a tocar las pelotas a este movimiento puro y popular?
-Para nada, compañero. Soy escritor. Soy un gentilhombre con la entrepierna suelta que viene a contribuir desde su humilde palacio de neón de las letras a este bello y genuino clamor popular. Eso sí, antes debería confesarme por mis pecados sistémicos. ¿Hay algún purgatorio para poder entrar limpio a hacer la revolución?
-Sí, ¿ves ese hombre de la barba de tres metros, que la lleva como cinturón? El de la túnica de rojo, que lleva unos bombos y bebe cerveza en un tubo que le llega desde la gorra. Él te va a escuchar.
Voy a saludar a este señor revolucionario.
-Camarada, le presento mis respetos y le entrego mi bate de la Superbowl.
-No queremos objetos violentos. Esto es pacífico.
-Claro, señor revolucionario. De hecho he traído el bate por dos razones. Para que los niños puedan jugar con las latas de cerveza vacías a béisbol y que así contribuyan a la limpieza de manera inocente y nos ahorren trabajo a los demás. Y también lo he traído porque creo que el grupo que toca tambores no hace suficiente ruido. Con un bate funcionaría mejor.
-¿Y qué pecados sistémicos has cometido?
-El otro día mee en la esquina de un McDonald's.
-Eso no es un pecado.
-Hice una orgía en un Hotel Ibis de Berlín. Compré una boina en H&M fabricada en un país con una férrea dictadura. Cobro dinero de empresas que no conozco. Me patrocinan páginas porno. Tomo drogas caras. Compro libros que hablan de drogas caras. Uso una moto y tengo un gato que come comida de marca pero que no es mío. Y soy un obseso de las colonias fabricadas con fórmulas secretas y muy capitalistas. Tengo un ordenador con una pantalla que brilla, posiblemente fabricada de manera ambientalmente poluta. 
-¿Eres buena persona?
-No lo sé, estoy tan confuso...Ahora mismo, estas gafas que llevo, tienen poca graduación. Es decir, podría no llevarlas. Pero las llevo.
-¿Qué quieres decir?
-El tabaco que fumo es Manitou Organic. Pero claro, no sé si lo hacen los indios de verdad con la planta tradicional y milenaria o bien una tabacalera participada por hedge funds norteamericanos.
-Me estás comenzando a liar la cabeza. Mira, chico, Le Poussière, me alegro que hayas venido. Pareces buen tipo. Te lo confieso, aquí nos hemos encontrado a gente más zumbada que tú, pero también con ganas. Creo que llevas el gen de la revolución dentro de ti.
Me siento como un Jedi.
-¿Dentro de mi? ¿Cómo el LSD que me persigue desde hace dos años?
-Bueno...más o menos. Digamos que: bienvenido. ¿Quieres participar en alguna comisión?
-Quiero montar una comisión "NO FUTURE", en la que se lea a Huxley y a Bradbury y a Cantavella y a Lethem y a Orwell.
-Por ahora, levanta bien tu bate de béisbol, por si acaso.
-¿Qué hay de la quema pública de libros de Paulo Cojelo? ¿No era hoy también?
-...
Embadurnado por la química con el señor revolucionario, me fundo con la multitud asamblearia. Voy regalando amor y cigarros y trato de estar siempre cerca de gente con mirada kármica. Sí, de estos que puedes leer en sus retinas que no es la primera vez que pasan por la tierra, y que esto de las revoluciones lo llevan por la mano. 
Saco fotos borrosas con el iPhone (como la que abre el post)


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