Vanity Land

- ¿Señor, qué está ocurriendo, qué está pasando?. Un periodista sudoroso, exaltado, formuló la pregunta temblando, ante la primera rueda de prensa oficial que tenía lugar fuera de la isla. Miles de flashes inmortalizaban el momento más esperado de los últimos años.

-La guerras religiosas, el calentamiento global, el auge del fanatismo, la decadencia moral mundial, las crisis económicas, Fama, Gran Hermano, El diario de Patricia. Todo, para nosotros, todo es historia. Pasado, resquicios de una civilización compleja, burocrática, teocrática, monástica, contradictoria, consumista, cerda, muy cerda (intelectualmente hablando, claro). Nosotros, mi ciudad, mi gente, navegamos en otro océano, vivimos en Vanity Land.”

El lugar es una isla del pacífico subdesarrollada que fue adquirida en su totalidad por Vanity y un archiconocido grupo de bloggers gracias a los ingresos cuantiosos de Adsense.
Lejos de quedar al margen, los habitantes del lugar fueron los primeros en participar del nuevo proyecto revolucionario. Los gordos fueron sometidos a programas de adelgazamiento, las chicas con poco pecho fueron operadas por la Seguridad Vanidal y los pobres recibieron el status de VIP y rápidamente se hicieron participes de la activa vida comunal.
La historia de Vanity Land no fue limpia y sencilla. En realidad, fue uno de los engaños financieros más grandes que se recuerdan. Vanity, nuevo rico de la creación online, conoció un sin fin de gente reputada que le reía las gracias y aclamaba sus textos. Vanity se codeaba con ellos como si hubiera nacido para ello, tenía un don de gentes admirable. El estilo de vida que propugnaba, a saber, derroche, indolencia, desidia, prepotencia, psychoglamour, caló hondo entre una selecta minoría ansiosa por verse justificada. Una noche, reunidos en la mansión de Wilson Estellis en West Hollywood, Vanity puso sobre la mesa su gran sueño, su gran ambición, La Tierra de la Vanidad.
No le costó convencer a los presentes, nadie opuso objeciones. Parecía que todos y todas hubieran estado deseando escuchar un proyecto semejante a lo largo de su vida.
Mantenido en secreto por los realmente conocedores, el siguiente paso fue buscar fondos. Era una tarea que requería premeditación, buenas mamadas y sutileza. Se trataba de vender el proyecto. “El lugar dónde la felicidad tiene forma, se puede comprar, esnifar, follar, quemar y destrozar”. Banqueros, políticos, curas, directivos del mundo de la televisión, grupo a grupo se fueron sumando a la iniciativa. “Hunter S. Thompson parecerá un chiste al lado de lo que estaba por venir”.
En dos años, se invirtieron millones de euros en dotar la zona de los lujos más fastuosos e inverosímiles que uno pueda imaginar.
El plan estaba en marcha, a pleno rendimiento. Alcanzada la fase de construcción, llegó el momento de irse a vivir. Limusinas enteras condujeron desde el nuevo aeropuerto Vanity Dice International a las lujosas mansiones esparcidas por el territorio.

Con el paso del tiempo, hubo grupúsculos que se alejaron del profundo desfase y descontrol de la mayoría de sus habitantes, los Vanityienses. La anarquía, y no un proyecto armónico, era lo que reinaba en la isla. ¿Dónde estaba el error?. Las calles se llenaban de mierda, las fiestas duraban semanas, las muertes por sobredosis se sucedían una detrás de otra. Justamente, los que más dinero habían invertido, eran los que más preocupados se veían ante la nueva situación. ¿Cómo vamos a llenar los hoteles si están permanentemente ocupados de gentuza borracha?, ¿Por qué Vanity no da las conferencias que prometió para atraer visitantes?.
Y así fue como la primera escisión tuvo lugar. Los que se lanzaron a por ello como se habían lanzado a crear un Las Vegas en Monegros, se marcharon con el rabo entre las piernas.
Todo estaba saliendo a pedir de boca. El plan real acababa de iniciarse.
El trasfondo de todo ello era, ni más ni menos, que crear la cultura “pura”, la esencia del génesis humano. La segunda inversión fue a cargo de los cerebros de la operación, Pixel Joueellbek, Mukamari, Richard Hawatin, Ballkak Omabama, FAG, Maloles, Latita, Tin, Isra, Impresent, Rick Terror, Belalogosis, Elisa, Birck de Garbanzos y mucha gente más que eran la crème de la rebelión. Nacieron filmotecas, editoriales, bibliotecas, clubes, bares, teatros, estatuas, museos, talleres. Ése era el verdadero plan. Por fin, usar los miles de años de lamentables peripecias para forjar un lugar digno de ser encontrado por extraterrestres.
Cuando se salía del cine, de ver una película de los Cohen (p.e), los presentes-no tenían por que ser todos, había muchos vanityienses- se juntaban para elegir la mejor droga posible para esa noche. Nunca sabía uno dónde acabaría durmiendo. En la isla, se escribían a diario unos 2500 relatos y estaban, simultáneamente, escribiéndose 233 novelas. 4 películas habían sido estrenadas en todo el mundo, que miraba estupefacto el caché de la nueva efervescencia intelectual de Vanity Land. Se fundaron varios templos a-religiosos, en los que se desarrollaban nuevas formas de entender el mundo, la vida, la existencia y el universo.
En un año, hubo 47 embarazos, de los cuales ninguno fue no deseado. Todos querían reproducirse, procrear y llenar Vanity Land de criaturas que pudieran seguir con la mayor empresa vital jamás emprendida.
La expansión de Vanity Land a las islas circundantes no fue violenta. Los monarcas querían entender y ver qué narices estaba pasando y se rindieron-suplicaron- que se expandiera el dominio.
Políticamente, el país estaba organizado por comunidades pequeñas. No se pagaban impuestos, no se cobraba nada dentro de la isla, todo el dinero proveía del exterior. El mundo, trastocado y hundido, miraba receloso todo aquello que viniera Vanity Land. Miles de programas de todo el mundo emitían a diario qué ocurría, qué se decía, qué había de nuevo. Cientos de libros fueron escritos elucubrando y pronosticando el devenir de la neo civilización. Los millones acudían sin cesar a la isla y a sus habitantes, que no dudaban en mejorar e inventar nuevas obras, formas de comunicación, películas, blogs, cualquier cosa que les permitiera alcanzar el cenit de la experimentación.
Les llamaron Vanitiks, Vanity Generation, Vanitysts, cualquier mote servía para encasillar al gran grupo. Ellos, insistían en llamarse neoartistas pero, la verdad, es que les importaba bien poco, por no decir nada, lo que los demás pudieran pensar.

-Cuando uno está ocupado creando una contienda tal que requiere la totalidad de su cuerpo y alma, de su pasión y tenacidad, de su mente y de su espíritu, de su experiencia y suerte, no tiene tiempo para pensar qué Dios es mejor, ni estilo, coche, banco, partido, secta, puticlub. Déjenos en paz, hace tiempo que en la isla hemos colgado un cartel:
“Do not disturb, Genious at work”. Eso es todo, gracias.

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