Vanity el reportero

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Sale Río de Janeiro. Como futuros periodistas, toda la clase está pendiente de ello en una de las salas de ordenadores poblada de iMacs de 21 pulgadas. La profesora, una mujer seria que siempre lleva trajes demasiado ceñidos que exageran su abultada figura, nos manda a la calle a buscar "la impresión de la gente". Salgo con un compañero de clase que se cree una especie de Tarantino nacional. Aprovecho la escapada para fumar un cigarro. No tengo ganas de hablar con nadie. Ni de Río ni de Madrid. Quiero ir al MACBA para subir a la terraza y pedir un Gintonic y mandar correos anónimos a las páginas de contactos de La Vanguardia desde mi iPhone. Pero el deber es el deber. Buscamos a víctimas para preguntarles si les parece bien que Río haya ganado. Nuestra misión es escribir para el ABC, ese diario de izquierdas radical que aspira a la revolución del proletariado. Vemos un par de yonkies pinchándose. La gente ideal que mama la actualidad cada día. Les preguntamos, previo soborno les damos un cigarro. Uno de los dos cae al suelo desmayado. El otro eructa como respuesta. Bien, ya tenemos la primera opinión. "Los JJ.OO tienen un componente gaseoso", afirma Paco con una jeringuilla en el brazo. Esto es buen material periodístico. El otro es "José se desmaya al conocer la derrota de Madrid". Perfecto. Calidad informativa. El deber moral me llama y me preocupa.

Regresamos dando tumbos a la clase; pasar por un bar de chupitos no ha sido una buena idea. Me duermo encima del teclado del iMac y me levanto media hora antes de terminar la clase. Tengo que redactar la noticia, la profesora no parece muy contenta con mi actitud. Preparo el titular:
"Los yonkies, consternados por la derrota de Madrid 2016". Creo que tiene gancho, voy directo al 10. Busco el golpe de efecto final, la foto de una jeringuilla con el logo de Madrid 2016. Mejor, imposible. Para rematar añado un comentario inventado de un adicto al crack "espero estar vivo para ver un Madrid 2020, Barcelona 92 lo seguí desde la cárcel". Me encanta el periodismo serio y riguroso, nada de sensacionalismo y chorradas por el estilo. Imprimo el trabajo y lo entrego. Acto seguido, pongo Youporn en pantalla gigante y a todo volumen mientras los demás compañeros terminan su crónica.
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