Unos versos, venga: como darte limosna a ti mismo

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Cada media hora, más o menos, has intentado hacer algo más que actualizar algunos perfiles sociales en las redes.

Sí, hasta eres capaz de reconocer que esta noche tenías alguna leve pero risueña expectativa creativa más allá de eso y de enviar algunos archivos (eso sí, con contenido creativo).

Quizás, reconócelo, hasta te dejabas llevar sigilosamente por un diluido eco mental en el que recuperabas algún texto o proyecto literario medio apalancado y, con naturalidad y sin pretensiones, lograbas quitarle el polvo en modo reinvigorate your words and boost your inner night powerful writer attitude.

No ha sido así. De hecho, ha sido poco, más bien nada. Por alguna razón que tu experiencia debería tener mucho más clara, no te sorprende el relativo pero evidente seudofail contenido. De manera intermitente, te has culpabilizado un rato por haber dejado escapar unas preciosas horas nocturnas en las que tu mente podría haber conectado con esa atractiva pero escurridiza lista de tareas pendientes, pero tareas de las guays, las de escribir y crear y todo el rollo que rodea el halo vinculado a pasarte un rato en modo arty.

Bueno, ya basta. Porque quizás sería hora de que fueses más comprensivo con tus bloqueos creativos cuando te abocas con digna entereza a una segunda noche del tirón y sin dormir. No es para estar orgulloso, tampoco quería decir eso. Pero sí para estar tranquilo y dejar que tu pista de hielo neuronal deje que los pasajeros se pasen de parada. Estúpido sería no asumir, por ejemplo, que estas líneas han remolcado tu autocompasión hasta la entrada del casting organizado por el humor autocompasivo mañanero y sus socios. Que nunca se presentan. #rejectedlines

Ilustración de portada: Marija Tiurina