Una mañana cualquiera

Salí de casa renqueando, mi última clase de Tai-Chi particular, centrada en expulsar flatulencias de modo natural y sin hedor, dejó mi ano jodido, parecido a lo que siente un cura cuando se mete la cruz por el culo.
Bajé por el ascensor privado desde mi ático hasta el párking, para probar el nuevo Z3 alquilado para el fin de semana. Tuve problemas para sentarme. Con el fin contrarrestar la sequedad de mi recto activé el modo vibrador del asiento, y puse MGMT para salir vitalizado por la rampa con calefacción inferior, nunca usada ya que en BCN nieva tanto como agua bebía Bukowski.
Saqué una botella de algo parecido a Brandy, supongo que más caro. Tomé un par de amplios tragos y una gota manchó mi impoluta camisa blanca, desvirtuando su pulcritud y adecuándola a mi pobre estado espiritual, lleno de pestilentes manchas sucias que, a pesar de todo, quería con devoción.
El Sol mandaba y ordenaba una claridad agradable. No fue difícil quitar la capota del Z3. Un leve zumbido despejó el techo y pude apreciar las pocas nubes, casi simbólicas, que circulaban por el diáfano cielo manchado-al igual que mi espíritu- por la contaminación omnipresente en toda la ciudad.
Decidí de improvisto acercarme al mar, cerca del nuevo barrio nacido de la especulación de la era pre crisis. Encontré un hotel de 24 plantas. Aparqué cuidadosamente el coche y puse la capota de nuevo y guardé la radio que deapareció engullida hacia adentro. Subí al ático para contemplar las vistas y algunos mini rascacielos. Encontré una terraza acogedora, con chaise longues estratégicamente repartidas para permitir intimidad entre los clientes, y un par de camareros de color con pinta seria, pulcra, educada y digna.
Pedí un Gin Tonic y un par de canapés del día.
Saqué el iPhone para revisar algunos correos pendientes y dí un par de órdenes para pujar por dos rascacielos en venta en la zona financiera de NY, con el propósito de alquilarlos más adelante a un buen amigo saudí.
Tenía ganas de leer algo. Rebusqué en la maletita Samsonite hasta encontrar el libro "Zen en el arte del tiro con arco". Las últimas lecturas de Kerouac me habían catapultado de nuevo hacia la filosofía oriental, y mi idea era documentarme acerca de todo ello para escribir "Zen en el arte de escribir en un blog". Puntería, precisión, dosis de cinismo y tetas grandes y bien puestas. ¿qué tiene todo ello de Zen?. La respuesta es la misma que al Koan "Dé dónde viene el patriarca que viene del Oeste?". Pensé que era una pregunta que Rick Terror, Boddishattva dónde los haya, respondería gustosamente.
El culo me dolía menos, especialmente después de que una afectuosa rusa me lo masajeara en la suite de la planta 22, igualmente con vistas al mar.
Una vez recuperado y descargado, regresé al Z3, abrí la capota y encendí la radio. Pese a tener algo de miopía, me coloqué las gafas de aviador y confié en que el navegador del coche guiaría mis errores debido a la falta de visión perfecta y la ebriedad. Tenía tiempo y dinero en metálico para gastar así que miré algunos pisos por la zona, acompañado por mi agente inmobiliario que se desplazó al minuto hacia mí posición para atenderme con exclusividad. Le dí en efectivo 50.000€ como entrada por un pequeño loft de 65m2, que pensé que si algún día me quedaba pobre me serviría como picadero tranquilo y humilde para dar pena a las tías.

La agente me la chupó con ganas y eyaculé en su cara, manchándole el vestido corto y prematuramente veraniego y algunos billetes de quinientos.
Recordé las sabias palabras de mi manager, el encagrado de gestionar Vanity, el club de fans y las quejas de lectores que me amenazan de muerte, racista, pervertido y fastuoso. Al leer algunos de mis artículos, me decía-citando textualmente- "es una puta pérdida de tiempo que hables de tu vida así, sin más, tiene que pasar algo en la historia, un punto de inflexión, la gente tiene una vida de mierda y no viene a leer tu blog para ver lo bien que vives, recuerda que si tomas Zyprexa es porque tú has tocado hondo, y es eso lo que quieren leer".
Para cumplir con su recomendación, decidí circular a 210km/h, quería tener un sonoro accidente y quedarme inválido para sentir lo que es una mamada sin sensibilidad en el pene, pero lo único que conseguí es conducir estupendamente bien y ser perseguido por dos patrullas con Seat Toledo.

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