Un poco más huérfanos

He pasado la semana arrastrándome por casa. Durmiendo más horas de las que tiene el día. Sin fumar. Y para que yo no fume algo grave tiene que estar pasando. Hoy ya sale el sol en Barcelona, vuelven los escotes y los guiris son, un año más, los amos de la ciudad. Me encuentro mejor físicamente, hasta el punto de que he podido pelear una vez más contra el espejo. Me duele la nuca. Pero sigo triste. Esta semana ha sido triste y dolorosa para todos. Hemos perdido a una madre, me atrevería a decir que generacional. Porque todos la conocíamos y todos la queríamos y todos la seguíamos. No pude conocerla en persona, cosa que me reprocharé la vida entera. De algún modo, saber que varios libros que he recibido en los últimos años ella los había tocado, y había decidido que eran para mí, me hace sentir afortunado, querido, pensado. Y yo la pienso a ella, muy fuerte, desde mi fuero interno y con aquellos con los que me siento cómplice de nuestra maltrecha supervivencia. Y esto, y tantas otra cosas que he aprendido desde la distancia, no se olvidan. Más bien todo lo contrario, se reivindican, y nos acompañarán, a mí y a toda una generación de huérfanos. Ya solo nos queda admirar la belleza de la Luna. Cada noche posa sobre los descarriados una mirada tranquilizadora y con futuro. Lágrimas fuera, es nuestra obligación seguir o hacer ver que lo hacemos.

Despido este breve post con una ráfaga electrónica. La música, ese invento de locos que siempre nos queda, incluso tras la derrota.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust