Un leve Warm Up. 24 horas antes de las 30 horas techno orgy

La llegada no ha tenido mayores contratiempos. Siguiendo las instrucciones de Dominik, he alcanzado la dirección de su casa sin problema. Un S-Bahn y luego un tranvía. Escuchando techno, y únicamente jodido por lo mal que funcionan las máquinas de billetes. He comido una mierda de bocata esperando el tren. Tenía algo de tiempo que perder antes de que llegasen una grupúsculo de skinswannabe de 16 años, con botellas de cristal empotradas en sus pantalones tejanos apretados, asquerosos. Todo el vuelo leyendo a Norman Mailer, como si leer a un escritor hablando de su escritura fuese a mejorar tu deteriorado nivel narrativo. Berlín, again. Hace casi seis meses que no piso la ciudad, y eso es casi un crimen para mi karma. Necesito hundirme en las garras de la noche berlinesa. Quien dice noche dice días porque, como es sabido, aquí no se trata de acabar la jugada a las 6, ni mucho menos.

ESCUCHANDO A LEN FAKI. MUY SERIO.

Al llegar, me han recibido las hijas de Dominik, ambas jugando a peluches y dándolo todo. Su mujer, María, un encanto, me ha dado la primera cerveza de la noche. Una delicia de Budweiser checa. Haciendo tiempo para que Dominik llegase del gimnasio, hemos hablado de cómo es instalarse en Berlín para buscarse las castañas. Nada fácil. Sobretodo si no quieres dedicarte a trabajar de camarero, y esa no es la idea. Los alemanes crean coles que gestionan los propios padres, y es un coñazo llevar a las niñas allí. Es más un guetto para dejar a los críos que una verdadera escuela. Y de tema en tema he leído un rato revistas y una de las chicas, Carla, quería escuchar a The XX, así que lo hemos puesto en los altavoces del comedor y ha llegado Dominik y nos hemos dado unas hostias deportivas, de mis épocas de Ju-Jitsu, y luego hemos comido los tres. Las niñas se han acostado.

PING PONG BAR.

Es un bar muy, pero que muy raro. Parece hecho a medias. Paredes mal pintadas, birras por todas partes, sofás de tercera mano y otros enseres prescindibles pero necesarios. Las luces del techo, de colores, pero tenues y algo sucias. Una movida. Hay una mesa de ping-pong en la entrada, en la que se juega una partida de pingpong colectiva, es decir, hay como 10 personas dando vueltas alrededor de la mesa y van dándole a la pelota mientras beben. Lo más loable que podría decir es que es absurdo, pero funciona. Nos han servido unas birras llamadas, sencillamente, Bier. Es así de fácil en Alemania, puedes montar una empresa de cervezas y llamarle "Cerveza", un poco de diseño minimal y bio, y a petarlo.

Tras dos birras Dominik ha comenzado a sugerir el tema. Digamos que, cuando nos juntamos, nos animamos bastante rápido. Han puesto un par de temas tralleros, graciosos, en una mierda de altavoces improvisados y una dj muy Berlín pero bastante fea, y hemos ido al baño.

PREVIOUS CALLING

Hay que decir que antes hemos pasado por otro bar, momento en el que Dominik ha aprovechado para llamar al dealer y hemos pillado dos gramos de coca. Ha sido todo fino y ordenado. Fácil, como la mayoría de cosas en Berlín.
Si os fijáis, uso todo el rato el verbo "hacer", pero lo cierto es que, todos lo sabemos, cuando vas a Berlín todo es do, do and do it again, acción a raudales sin más propósito que el confort de no estar acabado solo. La compañía para sumergirte en las entrañadas de todo esto es crucial. Nosotros, para la expedición de mañana, seremos tres. Un gay de 48 años, Dominik, de 35, y yo, de 26. El trío onfireista. Me han denominado Cabo, estando en el escalafón más bajo del triplete de enfermos. Esa es la jugada, todo consumo de drogas por mí parte debe ser sometido a petición conjunta. ¿Es un problema? No, porque su ritmo es jodidamente potente, como el de un culturista jugando al ajedrez, se pone tan nervioso que destroza el tablero y luego le mete de hostias al oponente, visiblemente afectado por no poder llegar a tiempo a casa para poder el jardín y regar el cactus.

PING PONG

Un doblete en el baño y, oh sí, cierre de la persiana. Hay que prepararse. Una retirada antes de una fiesta de 30 horas es necesaria. Y así me sobra un poco de tiempo para escribir, escuchar a Marcel Dettmann, Len Faki y la quinta que mañana hará de Berghain mi vida un poco mejor o, digamos, delirantemente digna de ser vivida.

(foto: el comedor en el que duermo hoy, porque el lunes iré directamente al aeropuerto).

Con mucho Acid Love,

VD.

Berlin Nov. 2012.



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