Un gordo cae en picado sobre el gordo

Paco Osterga siguió el sorteo de lotería de navidad desde el bar de la esquina de su casa. Estaba tan borracho a las 11 de la mañana que no veía con exactitud las niñas que cantaban los números premiados. Niñas con falda, pensaba, futuras protozorras que nunca tendré. Desgracia. ¿Y se me toca esta vez? Podré pagar los recibos atrasados de la luz y comprar pasta fresca del súper.
En efecto, Paco Osterga no era un tipo especialmente ambicioso. Llamar a zorras cada noche, este era su gran lujo, a parte del viaje de turismo sexual a Tailandia y las mencionadas facturas de la luz y tortetillins 4 formaggio.
¿Qué hace en este momento Paco Osterga, continúa su ebriedad?
Paco sigue en el bar de siempre, intentando ver la pantalla de televisión con la vista nublada. Le debe al jefe del bar más de 400 euros, hecho que no le importa en absoluto. El jefe del bar es un heroinómano que tiene un par de pakistaníes contratados por la zona para buscarle caballo y vender cervezas ambulantes.
Sale el número premiado cantado por una niña morena. 78922, por ejemplo. No es el número de Paco Osterga. De golpe, un griterío en la calle. Se abren botellas de cava y un tipo con alopecia recorre la calle rompiendo retrovisores. Ha tocado en la administración de al lado de la suya. Aquella raquítica administración de lotería por la que Paco Osterga había pasado tantas veces. Aquí solo compran las pringaos, se decía a si mismo. Pues desde ese momento cada desgraciado tenía 300.000€ en la mano.
Consternado por su auténtica desdicha, busca una solución. La única forma de acabar con la injusticia es beber más. La deuda con el jefe yonki del bar sube a 550€. Paco Osterga roza el coma etílico. Pero por primera en varios años (desde que decidió seducir a la vecina de 74 años del tercero) tiene un plan. Su grasa corporal, tan duramente lograda a lo largo de años de microondas y nula actividad deportiva, tiene una misión: aplastar a los nuevos ricos de la administración de la competencia. Sale del bar y casi es atropellado por uno de los nuevos ricos que circula dando tumbos con el coche y tocando el cláxon como si le fuera la vida. Entra en el portal de su casa. Necesita mear. Encuentra in extremis el cactus de la entrada. Lo riega. Pilla el ascensor y sube al ático. Entra en la terraza. Cruza dos tejados conectados (con grandes dificultades) y alcanza el edificio que tiene en el local comercial de abajo la administración de lotería. Sus conocimientos de física se reducen a un libro de autoayuda que leyó a los 17 años, llamado "la física de la grasa, pierde peso y gana amigos". Un fragmento del libro mencionaba la bulimia como solución. El libro contaba que el vómito se distriuye en el suelo según los componentes de los tropezones y la densidad del líquido. Por lo tanto, si vomita sabrá con exactitud dónde tiene que saltar para aplastar a todo el mundo. La mezcla de vino, Ballantine's y cerveza mancha acertadamente tres coches y tres cabezas eufóricas de las de 300.000 euros. Por lo tanto, si salta tiene el éxito asegurado.
Paco Osterga mira al cielo. Está nublado. Ni el sol se digna a darle coraje por una acción tan trascendental.
Salta al vacío, su grasa estomacal vibra con el viento y los nervios. Paco está a punto de eclipsar la notícia del gordo. Piensa en un libro de autoayuda que ojeó a los 21 años, llamado "El periodista que ya no cuenta kilos, cuenta amigos", y recuerda que los titulares son muchas veces ilocuciones con Designación de Significado y apunta a que el titular de su heroica acción suicida será "Un gordo cae encima del gordo". Le encanta su inventiva, quizá hubiera estado bien vivir algunos años más, hasta morir de cirrósis. Pero ya es demasiado tarde. Sí. Llega al suelo.

Titulares:

"Un hombre con sobrepeso y problemas mentales cae en picado encima del gordo de navidad. y provca la muerte de 5 personas agraciadas"
"1.200.000 euros se quedan sin ser cobrados por el gordo de la mala suerte".
"Disputa de herencias `por culpa de un gordo ceboso".
"Tristeza y desolación por el acto asesino de un gordo depresivo llamado Paco Osterga".

Apunte: nadie lo sabe, pero su alma descansa en paz. Hasta las futuras protozorras que cantan el sorteo con falda y chaleco piensan en él.

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