Un día en la vida de un Apple Fucker

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El tipo se levanta por la mañana con la alarma del iPhone. Ha puesto el tono "teléfono, antiguo", ya que de este modo siempre confunde la alarma con una llamada real, y eso le obliga a levantarse para responder. Ya en la cocina, ha chequeado Twitter y el Messenger de Facebook desde el iPhone. Una vez con el café servido, en el sofá, prepara la funda SmartCase de su iPad para ubicarlo en modo pantalla horizontal. Con el teclado Wireless de Apple en una mesita auxiliar, y teniendo en mente lo último de las redes sociales en la cabeza gracias al previo chequeo con iPhone, contesta mails y mensajes y twittea. Luego usa FaceTime para llamar a su socio. Con su socio comentan las últimas apps que les pueden servir para su negocio digital. Hablan fumando un cigarro Manitou organic (ambos fuman lo mismo, un target común) de los mejores artículos del Newsweek o Time. Al colgar, el tipo ya ha subido un 30% más la batería de su iPhone, conectado a su MacBook blanco que ha encendido mientras vaciaba el cenicero. Guarda el MacBook en la bolsa de la Apple Store que recién acaban de abrir en Barcelona y a la que ha ido tres veces. Una para pasear y controlar si había dependientas voluptuosas para pedirles cursos de usuario para iPad, otra para enseñarle la tienda a unos amigos de Londres y, la tercera, para comprar la SmartCase gris y salir con la bolsa oficial.

El tipo se dirige al trabajo. Al ser un "orgulloso" entrepreneur, tiene un estudio alquilado con su socio. Al llegar, enciende su iMac de 21,5 pulgadas comprado en apple.com y prepara el segundo café del día. Es momento de revisar las últimas novedades en Fancy, gestionar su tienda de moda online, sus productos lowcost en eBay y hacer un par de llamadas con Skype y mandar varios iMessage y otros tantos Whatsapp. Escribe el primer post del día con el mismo teclado que por la mañana ha usado para el iPad. Tras analizar los TT, a eso de las 11 de la mañana, prepara en Hootsuite un par de textos para distintas redes, y luego sale a tomar un café solo en la terraza de un bar con wifi. Tiene que serguir escribiendo, así que baja con su MacBook blanco de 13,1 pulgadas, con la batería a más de una hora y media de duración, y retoca un par de fotos que luego pasa a Instagram, cargadas desde su MacBook a Dropbox y, desde la nube, a su iPhone. Mientras repasa la prensa cultural del día, le llaman por el iPhone y responde usando los auriculares con manos libres blancos que le vinieron cuando compró el iPhone 4S. Regresa al trabajo y juega un rato con su socio a Apalabrados desde su iPad. Luego se relaja algunos minutos más con la App Zen Garden, que compró en la App Store por 0,79€, en el que aparece un charco de agua con piedras redondeadas y el tipo toca la pantalla táctil del iPad de 9,1 pulgadas y el agua se mueve creando pequeñas olas al son de una ténue música mística. En su iMac usa iOS Mountain Lion, así que dispone de varios escritorios simultáneos. Usa uno de ellos para la música. Elije su lista de favoritos de Spotify y comenta las novedades de la lista de sus contactos con su socio. Los altavoces del iMac son lo suficientemente buenos como para que no haya necesitado comprar unos altavoces a parte.

De regreso a casa escucha en los cascos blancos manos libres la lista de Spotify de una amiga de Nueva York, que se ha descargado previamente al iPhone 4S ya que tiene la versión de pago de Spotify por 9,99€ al mes. Al llegar a casa, saca de nuevo el iPad y mira un par de vídeos en iTunesU sobre el fundador de IKEA y una conferencia de Steve Jobs en la que fue su última presentación de productos para Apple. Enciende su MacBook y compra en Apple Store un episodio de The Wire por 2,99€ y lo mira en versión original. Luego regresa al iPad y lee un libro en iBooks. Su iPhone suena de nuevo y es el iCalendar que le avisa de que tiene que cambiar el agua del bambú. Carga la batería del iPad. Decide sacar algunas fotos en HD del bambú con su iPhone para mandárselas por iMessage a su socio, que suele reírse de él alegando que un día se le van a morir porque cuesta acordarse de alguien que no llora haciendo ruido.

Cuando cae la tarde, coloca el iPad en el mármol de la cocina y prepara salmón con limón al horno con una receta sacada de un portal de cocina. Saca un vino blanco de la nevera y sirve dos copas. Fuma otro cigarro y se perfuma y guarda la bolsa oficial de la Apple Store del centro de Barcelona y llaman al timbre. Una chica rubia de 19 años con una 100 de pecho entra en su casa repicando con unos tacones rojos. Y entonces se sientan en el sofá y usando un control remoto blanco de su MacBook, contectado, ahora sí, a unos altavoces externos con un subwoofer debidamente calibrado, enciende a distancia la lista de reproducción que ha preparado para la ocasión. Cierra por primera vez los ojos en todo el día y se prepara para una blowjob que, según cómo le pille, quizá graba con su iPhone 4S en HD y la sube a algún portal porno. Eso le granjearía algunos nuevos fans.

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