Un día de mierda se decide en media hora

Hay una delgada línea que separa un día correcto de un día de mierda. Multitud de detalles que se suceden sin aparente relevancia pueden reventar una rutina bien concebida. Pensemos en casos.
1. Lucrecia
Lucrecia se ha levantado media hora tarde. Tiene el pelo afro por las mañanas. Y en su trabajo de repartidora de flyers de descuento para un restaurante a comisión debe llevar el pelo liso. Ella se lo plancha cada mañana, pero por culpa de su sueño holgazán, ni-ni style, se olvida incluso de mirarse al espejo. Cuando va a buscar los flyers a la sucursal -una fábrica papelera regentada por unos chinos que van en Mercedes todo el rato, es decir, que incluso por las oficinas meten su coche a dos ruedas para pasar de despacho en despacho-, le sacan la foto habitual con su outfit y la cámara orwelliana hace sonar las alarmas. LUCRECIA NOT ACCEPTED. FAIL CLOTHING SHITTY HAIR.
Tres Mercedes a dos ruedas la persiguen hasta que consigue meterse de nuevo en el metro. Y un niño pequeño, que babea y habla por primera vez, la señala y le dice, como comentando la jugada con su madre: Mamá, chica pelo afro. Y se vomita la papilla encima del subidón por haber hablado por primera vez en su miserable e intrascendente vida (sobre todo, la que le espera).
Este Mercedes es un poco mierda, pero al poner China
detrás creo que es más convincente.
Lucrecia se vuelve loca. Todo le está saliendo mal, por culpa de media hora más de sueño. Como respuesta activa a su pérdida de trabajo y al niño asqueroso, se va a una peluquería de bolleras y se rapa al cero.
-Estás mazo buena, tronca- le suelta la bollera peluquera humedeciéndose los labios sucios de un líquido viscoso que bien podría ser flujo vaginal.
2. Julián
Julián estudia en una Universidad de Élite, llamada PESADE. De empresariales. Le están preparando para ser un auténtico hijodeputa. Como todo el mundo, pero a él lo están preparando para que lo sea profesionalmente. 

Aclaración: las putas pueden ganarse la vida con relativa facilidad. Pero, ¿alguien ha pensado alguna vez en los hijos de puta? Lo tienen mucho más jodido. Por eso, los que consiguen llegar a la Universidad, y se dedican a la economía, pueden llegar jodidamente lejos.

Julián se ha levantado con la polla como un toro, en plan muy cerdo. Así que enciende su iPad apenas salir de la cama y comienza a meneársela a saco. En esas que se olvida de todo lo que hay a su alrededor, cosa bastante frecuente durante el acto masturbatorio. También se olvida de que la señora de la limpieza está fregando la ventana de su habitación. La mujer se queda patidifusa al ver al niño que ha visto crecer, ahora ya con 19 tacos, dándole como un cerdo al rabo con un vídeo "Tiny Girl Ganged by Two Gangstas". La mujer llora. A la desesperada intenta hacer un harakiri con el palo de la escoba, tal es su choque con la cruda realidad. Julián, en bolas y empalmado, trata de detenerla dándole dinero para hacerla callar (una práctica muy habitual y recomendada en su fuckultad).
Los dos de la derecha son los que montan el Gang que acompaña
a Julián esa mañana pajera (en la que su vida cambiará para siempre jamás).
La mujer, desorientada, sale corriendo hacia la cocina, que está unas cuatro calles más abajo -viven en una casa bastante grande, todo hay que decirlo- y llega a la despensa y mete la cabeza dentro de la lavadora, luego, de una manera que solo las señoras de la limpieza saben hacer, activa el programa a 40º sin haber cerrado la tapa y se vuela los sesos.
3. Juliana
Juliana es la hermana de Julián. La niña de los ojos de sus padres. Vive dos calles más abajo que Julián (en la misma casa, ya nos entendemos). Al contrario que Lucrecia, Juliana se ha levantado una hora más temprano. Lo ha aprovechado para jugar a la Wii Fit. Le gusta más hacer deporte a través de la pantalla que tener que ir con grupos de zumbadas locas y podridas a hacer yoga en tugurios que les roban y, lo peor, aguantar las constantes ventosidades de toda la tropa de menopáusicas al borde del suicidio. Tras veinte minutos de Wii Fit, satisfecha, pone la tele y hace un zapping. Se cruza con un programa de tertulias, y se queda, muy interesada por el tema:
-Lo que pasa es que los políticos son unos gilipollas. ¡Todos! -OEOEOE! El público vocifera, lo tiene claro, putos políticos. Por eso yo siempre como galletas María por la mañana. ¡Por la virgen! -JAJAJAJA el público está entregado.
La regidora del Partido Pop de una mierda de sitio saca un cuadro de Andy Warhol y dice. A ver, cerda de las galletas, ¿Usted sabe cuál es el vídeo más famoso de nuestro dealer, Andy Warhol?
-No, ni me importa- y entonces saca un tubo lleno de galletas María y los reparte por el público hambriento, todos en paro, todos muy jodidos, incluso dos han muerto ante las cámaras de inanición-.
-Pues se lo diré. Un vídeo en el que graba a una persona durmiendo. 8 hora de vídeo de una persona durmiendo. ¿Se lo imagina? Pues es lo que hacemos nosotros todo el día, ¡Seguir a nuestro leader! Por eso el Presidente del Gobierno nunca aparece en actos públicos. El señor Manola Rájame Hoy trata de alcanzar exactamente las mismas horas y minutos de sueño. Cosa nada fácil, señora. Y por eso no ha renunciado al cobro por transporte. Porque los sueños pueden llevarle muy lejos, ¿lo sabía?
Juliana se levanta del sofá, agarra el cacharro de la Wii Fit y lo lanza por la ventana de su habitación hasta la pista de Tennis privada. Estudia Historia del Arte, y Warhol le parece una porquería. No piensa quedarse de brazos cruzados mientras el Partido Pop hace de un vago de mierda un líder carismático. Así que monta por Twitter y Facebook un evento que se llama "Huelga de sobar". Una huelga en la que todo el mundo actuará como el presidente del gobierno. Sobando todo el día, sin salir a la calle.
La gente está encantada con la idea, le parece cojonuda. Cansados de huelgas coñazo, todo el día pateando y gritando chorradas para que luego vengan los de siempre y te metan una paliza, mejor quedarse en casa y comer pipas.
No sabemos si Juliana cambiará el mundo. Por ahora, sabemos que si se hubiera levantado una hora después, a la hora habitual, no sería una revolucionaria contrawarholiana. De Julián sabemos que se le acusará de homicidio involuntario. Y de Lucrecia, pues nada, que se hace bollera y termina montando un club de intercambio bastante concurrido. Si en la piscina te dejas el gorro y se lo pides al vigilante, en el club de Lucrecia si te dejas el látigo te dejan uno. 
Un día de mierda, o un #epicday, o un día correcto, se decide en media hora (de mierda).

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