The last summer night

Acunando a Easton Ellis,
Llego a casa de Dominik sobre las 22. Es complicado levantarse a las 19 y tener a las tres horas un evento de máxima importancia. He elegido el ropaje que más resalta mis ojos verdes. Gages del oficio. Y también he repasado el manual de metrosexualidad de Patrick Bateman. Con maquijalle selecto y demás trucajes discretos, creo que consigo simular que, por lo menos, he dormido 6 horas.
Es su cumpleaños y una buena oportunidad para paladear el Eixample burgués. Me recibe con cava y una sonrisa. Entro, nos damos un abrazo. En el recibidor contemplo satisfecho la obra original cuya copia (10 copias) adorna la cabecera de mi cama. Su trabajo acaba de ser expuesto en Italia. Le van bien las cosas. Ello es justamente porque en la realidad van mal bastante mal. Por algo casi todos los que vamos a la fiesta somos artistas.
Recorro el largo pasillo hasta su estudio, una de las habitaciones más grandes de la casa. Dentro, una chica llamada Ellen está haciéndose una raya al lado del iMac. Ellen lleva un vestido negro muy corto, unos zapatos con tacón a juego. Es rubia, de tez fina e impoluta y tiene en la comisura de los ojos unas suaves arrugas fruto de vidas anteriores. Me gusta. Saludo a su novio, Thiago. Argentino, facciones marcadas, moreno, corpulento, serio. Juntos preparan una exposición colectiva.
Dominik nos invita al salón. Saludo a Car, músico chileno apasionado de la electrónica. Todo el mundo en la fiesta me gusta. ¿será mi inclinación a la beautiful people?. Hablamos de nuestro proyecto común, un programa de podcast temático. Tenemos pocas horas pero buenas ideas. Luego hablamos de Aux 88 y le cuento que fue una buena actuación y que los dos tipos de Detroit están como una regadera; Aparecieron en el escenario vestidos de médico como si fueran a tratar con un enfermo de la gripe A.
Como decía, cuando las cosas van mal el artista encuentra su propia voz. En el comedor hay un cuadro de Dominik con la foto de una chica enseñando un pecho y chupándose un dedo. La chica es de Letonia. Cuadro expuesto en Taipei, la chica se la presenté yo. Todo apunta a una gran noche. El alcohol pasea por entre las copas de los invitados y ayuda a generar la distensión necesaria . Me lío un cigarro en la zona habilitada para fumar y charlo con Ellen. Optamos por el conspiracionismo. Sin duda, la gripe A es una patraña más de las farmacéuticas que mueven el cotarro y gestionan la deuda de los países subdesarrollados. Llega más gente: un empresario menorquín que se ocupa de cubrir las espaldas a los tenistas profesionales, “el mejor tenista del mundo necesita el mejor empresario del mundo”, afirma. Me es grata la llegada de una sensual comisaria de arte, Diane, cubana. Belleza y carisma permeadas por una elegancia innata, revestidas por un formalismo dulce y atenta mirada. Me pregunta por las fiestas municipales de la ciudad. Lamentables, respondo. El ambiente va tomando cuerpo y se respira un aire deseoso de diversión. Llega más gente, hasta completar la lista. Pitchs, pendiente de una expo en NY y Ch prepara un solo show en BCN. En el iPod los temas techno old school proporcionan una dosis de ingravidez que acompaña la coca. Tomo mi cuarta copa de cava y entablo conversación con Car y Diane. Les digo que no me gustó Los detectives salvajes, me pareció un libro excesivamente bien escrito y largo por la historia que cuenta. Es un alegato a los charlatanes desquiciados y a la miseria que no se atreve ni a ser pedante. Silencio. Diane me pregunta a que me dedico. Miro a Car. Silencio. Es escritor, responde por mi. Asiente. Hace mucho que no leo, dice. Es guapa, pienso. Repasamos la historia de la literatura universal a grandes rasgos. Dostoievski, Kafka, Shakespeare. Recito unos versos de Hamlet a cappella aclamadas por el escaso público. Luego suelto la frase que había preparado para la fiesta: "estoy redescubriendo los relatos cortos de Scott Fitzgerald". Causa el impacto deseado. Me sirvo un Gintonic y tomo la primera raya de la noche. La cocaína penetra en mis fosas nasales con velocidad y sin tiempo que perder. Mi sociabilidad se exponencia, hasta el punto que mantengo un debate apasionado sobre el estilo gótico de las hijas de Zapatero con dos cactus mejicanos que estan en el balcón. Saludo al último invitado en llegar, Lee. Fotógrafo. Es un tipo excelente, bajo sus gastadas gafas se esconde una inquieta mirada. Te pongo en contacto con artistas de todo el globo, dice cuando le hablo de diversificar Vanity. Más tarde resbala y queda tumbado en el suelo. Su presencia es una de las más gratas. Paseo por el salón acariciando el terciopelo demodée de las butacas. Encuentro al cámara de Dominik. He trabajado con ellos algunas veces. Se ha comprado una cámara HD y vive en el campo. Hay gente que se merece todos mis respetos. Le planteo la posibilidad de grabar un documental de la construcción de un palafito de 120m de altura hecho con rastas de perroflautas. Le parece bien pero me recomienda extrapolarlo no solamente a las rastas, también poner las flautas como pararrayos del palafito y los perros como guardianes de la caspa y los piojos. Sí, hay gente que se merece todos mis respetos. La fiesta avanza y recojo correos de los asistentes que tienen propuestas en las manos y en la mente. Es Delicioso ser invitado a presentaciones y ser tratado como uno más del gremio. Celebro este sentimiento de pertinencia con una segunda línea de polvo de aplicación nasal. Pasan las horas y mi agenda se llena con actividades provechosas. Concierto de ukelele electrónico, orgía multirracial, viaje a Dubai, calendario porno para iPhone. Pronto saldrá el sol pero antes hablo con Pitchs, la sintonía es espléndida. Me desmeleno hablándole de mi inicio como escritor trotskista y hablamos de la politización del arte. "Precisamente cuando te alejas de una postura rígida puedes usar la libertad para escribir o producir obras mucho más políticas y comprometidas. Evidentemente, sigues valiéndote de las leyes de mercado pero alcanzas un público mayor". Pitchs recibe una llamada de un banco suizo y debe retirarse para resolver unas gestiones. Le adjunto mi mail y me comprometo a enviarle la dirección de Vanity. Hablo con el novio de Ellen, estudió comunicación y está contento de ello. Me anima a seguir con periodismo, y lo hace invitando a una raya. Ya van tres y la apoteosis nasal alcanza su cénit. Me encuentro con el empresario menorquín y afirma “el mejor tenista necesita la mejor oficina”. No hay duda. Suena Crystal Castles. Fumo otro cigarro. Me separo del grupo y contemplo las voces y las risas y los gestos del mundo en el que me adentro.P ara mi fuero interno, agradezco su presencia y su trato, me siento menos huérfano en mi camino hacia la escritura profesional.
Diane, la comisaria, lleva un vestido más corto de lo que creía, Dominik se ha ampliado el tatuaje del brazo derecho. Car tararea y se lamenta por no haber podido hacer una sesión en vivo. Pitchs se despide, el fotógrafo resbala y cae; las incontables vidas pasadas pasan factura. Ch negocia con Dominik el nuevo alijo a esnifar. Todo parece estar en orden y en paz y es la última noche de verano y son mis escoltas y mis guías y estamos en el mismo pathos. Me sumo a su discreto quehacer y saco el bloc de notas y comienzo a escribir este humilde y afectuoso post como homenaje.
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