Trash entre línea y línea

Es fácil llenar una página en blanco, complicado es conseguir que hable por sí misma, que sus entrañas fecunden la imaginación y esnorberbezca el intelecto del lector. No, no quiero entrar en el eterno debate de para quién se escribe. En la fiesta del sábado, sobre las 4 de la mañana y algo pasado, comenté con un chico "gracias por disfrutar con mi música, joder, me siento bien". Su respuesta no fue para menos "mira, tú disfrutas con tus temas, con tu música, y nosotros disfrutamos compartiéndolo y bailándote". De eso se trata, la condición del escritor no es otra que liberarse, compartir y ser leído. Una carta que no llega no es una carta en todos sus atributos; hasta que no es leída no alcanza su completitud. Un texto que se consume en la ilegibilidad o en la pesadez lleva una enfermedad encima, como las palomas que no pueden volar, o como una monstercock que no puede levantarse debido a su longitud-¡ya era hora Vanity, algo de trash, joder!-.

El aspecto concerniente a la afinidad es un campo mucho más difuso, resbaladizo como una piel de plátano, o como una botella de agua con éxtasis derramada encima de márbol blanco-¡bien, ya van 2!-. Crear afinidad y congeniar con un tercero es llevar más allá la propia finalidad de la escritura. Según mi prisma (no tiene nada que ver, pero podéis visitar Vanity Prism) ser leído es llegar al punto final, pero cruzar la meta es conectar con el lector, hecho harto difícil, ya que no depende de uno, sino del otro, del que se deja cruzar. Una cosa es eyacular, la otra correrse bien adentro-¡y cae la tercera!-. El gran temor de todo ello es la eyaculación precoz, escribir con insistencia y ganas y potencia durante una temporada y luego retirarse. Para escribir bien, una vez se empieza, se muere haciéndolo. Para follar bien, es importante que esté borracha- ¿la consideramos como cuarta?.

VD

May 2009

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