Todo saldrá bien

-Estos últimos tres días, después de tu operación, pareces tener una actitud servicial y sumisa-. Su padre se rió sonoramente. Antonio se puso rojo, se sentía humillado por su propio padre, y no había tregua ni después de una operación de clavícula. Debido a la operación, Antonio andaba encorvado hacia delante para evitar que le doliera más de la cuenta.

-Lo digo en serio-continuó su padre al ver que Antonio permanecía en silencio- Parece que lleves una joroba en la espalda, y que seas el criado de esta casa-.
Le lanzó un tenedor a su hijo. Antonio tuvo el tiempo justo para agacharse. El tenedor impactó contra un cuadro de unas flores, hecho en 1984, y se rompió en pedazos. Antonio resbaló y cayó al suelo, sin poder poner las manos debido al dolor que ello le hubiera causado. ¿Le hubiera salido la clavícula de sitio?. Sin saber si es peor el remedio que la enfermedad, Antonio aterrizó encima de los cristales. Se retorció de dolor en el suelo mientras su maligno padre arrepentido intentaba ayudarle. Piernas cortadas, manos hechas pedazos. Antonio sollozaba en la ambulancia que le llevaría al hospital por segunda vez en un mes. Su padre le susurraba preocupado.
-Todo saldrá bien Antonio, todo saldrá bien-.
-¡Cuando dejes de tirarme tenedores a la cabeza!- Gritó Antonio enojado. El camillero se giró y les miró desconcertado.
Antonio salió a los 3 días del ingreso, en silla de ruedas y con mucha menos sangre en el cuerpo que con la que había entrado. Su arrepentido padre quiso llevarle a casa. Antonio no quería ni verle y dijo que se iba él solo al bar con sus amigos. Lo que hizo en realidad fue ir a la comisaría para denunciar malos tratos por la de cosas terribles que su padre le había hecho desde que se alcoholizaba cada noche. Cuando ya llegaba a la policía, pasó por delante de un parking con una rampa muy pronunciada. Con la inercia que llevaba y el ligero desnivel de la acera, sin poder evitarlo se desvió, cayendo en picado por la rampa. Alcanzó más de 40km/h en 7 segundos. La esperanza que tuvo al ver que la puerta se habría, pensando que así quizá podría tener tiempo para frenar, se disipó cuando vio como un Renault Laguna familiar del año 2003 ascendía hacia el exterior. La silla chocó contra el capó, las dos faros frontales se rompieron. El cuerpo de Antonio atravesó el cristal delantero. Su boca ingirió el retrovisor del centro y su mano izquierda quedó atrapada en el encendedor eléctrico que en ese mismo momento se estaba cargando. 4 de sus dientes salieron disparados hasta perderse en el maletero de atrás. Los ocupantes del vehículo lo abandonaron a gritos cuando éste empezó a arder. El encendedor eléctrico había rodado y prendido uno de los asientos. Un seguido de recuerdos desfilaron por la mente de Antonio antes de perder el conocimiento para siempre. Su padre llevándole en bicicleta por la casa de campo. Su madre preparando pastel de manzana para su cumpleaños. Su primera novia. Su primer suspenso. Su primera Matrícula de Honor. Su primer porro.
Los bomberos no tardaron en llegar. Rociaron con agua el calcinado Renault Laguna. Apenas se distinguía la estructura metálica de la silla de ruedas de Antonio.
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