Todavía es posible

Y aquellos años en que nada importaba más que tú y tu merca y tus amigos y tus borracheras y las churris 
y dormías en cualquier lugar y nunca escuchabas. Lanzabas a trompicones tus movidas por todas partes y rara vez soñabas con algo que no fuera posible. 
Pastabas por la vida como si hubiera algo realmente esperando. Y te reías de cada error como si ello fuera una especie de premio que justificaba tu derrota anticipada. 


Te sabías el estribillo de tu propia soledad y gozabas lamiendo el rechazo. 


Tenías una erección con la ignorancia y todo sabía a 
carne cruda.


Lo sabes. Sí sabes, en según qué amanecer, que todavía es posible seguir ahí.

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