Thanks, dude

Últimamente se me da bien tener conversaciones interesantes con chicas interesantes. Exceptuando mi breve estancia en Ibiza. Como mucho fui capaz de decirle a las chicas que me gustaban y que mis amigos me dejaban las llaves del apartamento. Frases sinceras y memorables y repletas de contenido, amor y pasión.

Ha venido una argentina a casa con la que Spence y yo SÍ hemos tenido una charla interesante. De aquellas que cuando ella está hablando con su acento porteño mirándote a los ojos con expresión seria y concentrada, te entran ganas de servirte un whisky y derramárselo sobre los pechos para luego lamerlo mirándola a los ojos. Pero todo lo que llegas a hacer es una breve afirmación de cabeza conforme estás atendiendo, escuchando como, tras haberte ganado justamente su confianza, despliega su particular visión del amor y de la vida. Teniendo 10 años más que yo considero la conversación de un valor incalculable. Finalmente Spence y yo decidimos cortar por lo sano y largarnos al NITSA(apolo). Vamos en moto, yo llevo encima 2 cervezas y 3 copas de vino. Pincha David Holmes. A priori, me siento escéptico ante lo que el susodicho DJ puede ofrecer. Al entrar, el escepticismo se convierte en desagrado, a lo que sigue un repulso contundente y algún que otro abucheo. La sala está medio vacía (o medio llena) y hay una ratio de 5penes por 1nena. Algo habitual en NITSA. Subimos al anfiteatro para atisbar desde las alturas los rostros manchados por la iluminación oscura y rojiza. Proviene de unas lámparas vintage. Intento enseñar algunos pasos de baile techno a Spence pero el prefiere pasar de mi y analizar detenidamente cualquier posible hembra disponible a 200m a la redonda. No hay, joder. Descendemos a la pista principal con suelo de parquet resistente después de haber fumado algunos sin filtro arriba. Nos situamos a la izquierda del DJ pedante, David Holmes. Suelo conocer al 80% de los DJ's que pasan por el club, y anoto éste en la lista de "To Avoid". Hay un par de chicas bailando cerca de nosotros. Una de ellas, es bajita, tremendamente bajita, pelo negro, recortado y liso alrededor de su cara a modo setentas. Piel blanca, facciones masculinas deformadas. Conclusión, un puto adefesio con patas. Por el contrario, la otra chica es alta, morena, fina, sensual y muestra un estado de embriaguez envidiable. Spence y yo nos lanzamos a la improvisación lo más cómica posible, puesto que sabemos de antemano que la hazaña es inasequible. Le toco el culo. Le pico en el hombro izquierdo estando yo a la derecha. Finjo robarle el bolso a la amiga cuando lo deja encima de una grasienta mesa. En definitiva, los dos típicos borrachos sin nada mejor que hacer que tocar los ovarios a chicas sin nada mejor que hacer que dedicarse a ser blanco fácil para chicos borrachos. Pero ellas no saben que escribimos, que tenemos la sensibilidad de una mariposa posando encima de una flor primaveral, de que nos sentimos solos y desamparados, de que escribimos (bis) y de que somos escritores. De que hablamos de nuestras vidas distorsionándolas y seleccionando partes como agricultor elige atentamente las manzanas de su campo para regalárselas a sus nietos. Nos escondemos, crecemos, avanzamos y luchamos sin descanso. Ellas no lo saben. Borrachos. Indecentes. Bueno, Spence no bebe, él realmente finge ir borracho, yo lo estoy de verdad. 
Deambulamos una vez más sin rumbo por la pista de baile, mi cabeza levita y mi cerebro va cerrando funciones tal y como un ordenador hace cuando va a reiniciarse. Función visión, cerrando, pensar, cerrando... Llegamos al otro extremo, pido mi segundo cubata con Vodka Blue Tropic, mi mente regresa a cuando tenía 16 años y salía con mi preciosa novia y pedía solo Blue Tropic porque no podía beber alcohol. Más chicas...una brasileña que baila mal se acerca a mi. Presa fácil. Mentira. En el momento en que voy ganando seguridad aparece un tipo con bigote y tatuado tan feo como un niño aleman de 200kilos comiendo 4 frankfurts con mayonesa y ketchup a la vez y su abuela celebrando que su nieto se alimente tan bien. Se besan. Me da igual. Más o menos. Nos cae un chorro de alcohol encima. Un desgraciado quiere impresionar a su novia y vacía su cubata encima de nuestras caras camisas, la mía comprada en London (Fred Perry). Spence no lleva camisa, sino una camiseta de La Vela Puerca. Grupo de música uruguayano. Miro detrás y veo una chica con minifalda, morena y guapa. Baila bien y parece no estar disfrutando con el puto David Holmes. Que se vaya ya, encima cobra. Y yo he pagado para escucharle. Cuando le hablo tres frases seguidas decide presentarme a su novio. Quique. Qué bien Quique, """"""encantado""""". La chica minifaldera me comenta que su amiga que está tremenda también tiene novio. Felicidad, éxtasis. Me dice que se ha metido Speed y, ahora viene lo peor, no le queda. Tampoco lo hubiera tomado. (¿no me creéis?).
La noche alcanza su cénit y al mismo su tiempo su máxima decadencia. Saborear la decadencia. La discoteca medio vacía, llena de rabos, hueles a alcohol porque te lo han tirado encima. Fumas sin parar, no tienes pasta y lo poco que tenías te lo has dejado en cubatas y tabaco. Vas borracho. Saborea, húndete. Todo esto pasa bien, pero mucho mejor si tienes a Spence al lado. Thanks, dude. 
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