Sven Väth, Nimo, Afro y Vanity

Por la tarde del viernes produzco música con mi amigo Afro. Me paso 2 horas para conseguir sacar 20 segundos de un tema. 4 sonidos agudos y alterados por mi super programa Live 6 que me ha costado 400€. Fumo algunos cigarros de liar y bebo café. Afro prepara una ensalada con salsa César y una pizza Tarradellas de esas que sabe a mierda con aceitunas.

Mi amigo Anto me llama para decirme que se encuentra mal y que no puede venir a Razzmatazz, pero que nos pone en lista igual. Así nos ahorramos 1 hora de cola. Hacer cola en Razz es peor que ir a un Carrefour de la zona pobre de la ciudad y hacer cola en la caja con madres prematuras, alcohólicos, drogadictos y niñatos que roban chicles, trabajadoras del hogar con extensiones en el pelo y fans del diario de patricia. Salgo de casa de Afro y paso por mi casa a cambiarme y coger la cámara Panasonic Lumix de 10 m.p. Relleno la caja metálica de filtros y papel. Me pongo gomina cara y suave, levemente perfumada.

Afro llega con el coche y yo cojo mi moto. Hemos quedado con Nimo en la estación de Marina, cerca de Razz. Llegamos ahí 5 minutos antes de lo previsto y compramos una birra a un pakistaní por 1€. La birra es del Carrefour y sabe a meado de perra en celo pero es lo que hay.

Llegamos a Razzmatazz y vemos la cantidad ingente de peña que debe hacer la cola normal. Nosotros no pagamos los 15€ y hacemos 2 minutos de cola, que es el tiempo que el segurata tarda en encontrar mi nombre en la lista. Entramos y nos disponemos a ir a la sala grande dónde pincha Sven Väth. Llegamos y el tío ya está pinchando, calentando la sala sin prisa pero sin pausa. Su música, algo lenta y pausada, desprende elegancia y ritmo. Empieza con discreción, sabiendo que hacia las 4 será amo y señor de la sala. La capacidad del local aún no ha llegado al 70%, debido a que dejan que la gente entre gradualmente. Excepto si estás en lista, claro.

se saca la camiseta. Le saco una foto y su perilla, más bien larga, le da un toque oriental muy apropiado. Baila bamboleando los brazos, fingiendo esquivar balazos a lo Grabo un vídeo panorámico de la sala. Estamos rodeados de ceporros drogados. Mi amigo NimoMatrix. Posiblemente, es el único tipo de la sala que baila de ése modo y por eso pienso que es mi amigo. Un gordo me empieza a hablar y me cuenta que ha ido a Monegros alguna vez y le digo que me parece muy bien, me da la mano y pienso que es gay y que me está tirando la caña. Me alejo como si se tratara de un islamista radical. Hay algunas tias buenas pero nada en especial. A mi lado derecho hay un par de tías que no parecen de aquí, ni feas ni guapas, que buscan tema desesperadamente. Al rato me vuelvo a girar y se están liando con dos payasos que en su vida han tenido tanta suerte. Una de las dos parece que sencillamente se lia con él por puro formalismo, para no quedar mal con su amiga cachonda.

Bailamos un rato más y salimos a la terraza superior derecha para fumar un cigarro. La terraza es rectangular, con una barandilla a un lado y un tejado inclinado en el otro, que ejerce de pared. Hay gente fumando porros y tíos hablando de manera acelerada, vulgar e incomprensible. Los miro por encima del hombro y ellos ni siquiera se dan cuenta.

Entramos en la sala Rex Room. La música no está mal. Liamos otro cigarro y un segurata viene para decirnos que no se pueden fumar porros. Le enseño mi paquete de Camel de liar comprado en Andorra y me dice que vale pero que no liemos dentro de la sala sino la gente se confunde y piensa que somos unos porretas.

Volvemos a Sven Väth. Bailamos un rato más. Decidimos quedarnos en el piso superior y tenemos una vista panorámica. Ahora la sala debe estar al 90%. La música empieza a ser mucho más cañera. Mi amigo Afro se tiene que ir ya que se levanta al día siguiente a las 9 para ir a un intensivo de una asignatura jodidamente difícil de su licenciatura en telecomunicaciones. Se va y nos quedamos Nimo y yo y seguimos bailando y bajamos abajo, a la sala principal. Saco algunas fotos más y fumamos otro cigarro, esta vez dentro de la sala, aunque nos cuenta liarlos debido a los codazos de los drogatas.

Sven Väth sube de intensidad, empieza a darle a los bajos. Gesticula y mira al público, juega con nosotros como si fuéramos marionetas, nos movemos con sus ráfagas y al ritmo de los destellos que secundan la sala y la elevan al olimpo del Techno, rodeado de Dioses con tatuajes, gorras militares y piercings en la ceja.

Y Nimo y yo decidimos largarnos. Lo hemos pasado bien.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust