Storytelling con Émile Zola y François Touffaut

Con dos cervezas matutinas, previo lavado de dientes e ingestión de café número 10 de intensidad Nespresso, salgo a la calle con mis flamantes Wayfarer en busca del cementerio de Montmartre. Tengo un par de amigos que hace tiempo que no veo, el director Novuelle Vague François Truffaut i el escritor Émile Zola. Buena gente, ya sabéis. Viven lujosamente en las catacumbas de París, y fingen estar muertos, como Elvis, Lennon y Jackson.
Como ejercicio para calentar los tríceps, de paseo, decido ir tocando los culos de todas las chicas con shorts o faldas cortas que me cruzo. Me gano cierta antipatía en el barrio, pero tras el escándalo por haber traído 60 presonas en el piso vestidas de Indio Tomahawk, mis cohabitantes se esperan, ya, cualquier cosa.
No contento con ello, voy entrando en los diferentes burdeles de la calle del Moulin Rouge a tomarme unas copas con las señoritas de compañía, resacosas de la noche anterior pero igualmente sonrientes.
Odisea en el cementerio y tour de visitas aterciopelado.
Hay poca gente, la mayoría turistas en parejas de cierta edad y carentes de atractivo. Saludo al cabrón que me cerró el otro día la entrada, el guardia de seguridad, con un par de cabezazos en su sien. Al verle sangrar, sigo caminando en busca de los colegas, Truffaut y Zola. Buena gente, ya sabéis No he cogido mapa, espero que con mi olfato artístico sea suficiente para hallarles. Craso error, termino en la otra punta hablando con una tapia de una tal señora Hamburguer, que me abre el apetito y me recuerda que he bebido demasiado sin comer nada.
-Tiene razón, señora hamburguesa, le traeré los restos de mi Premium Deluxe Menu del Quick para que le hagan compañía.
Pregunto a una señora freak, que lleva un mapa con 400 nombres de tumbas, y me indica cómo encontrar a Truffaut.
Finalmente encuentro la lápida. Llamo dos veces y pronuncio la contraseña "Nouvelle Fuck".
Sale un mini Godard y me deja pasar. Dentro, huele a tabaco de pipa. Esta gente no cambia nunca, "el comunismo debería haber triunfado, mientras tanto, al final de la escapada", reza un cartel escrito a mano, en el fondo, junto a una luz de neón.
-Truff (así le llamamos los amigos) ¿Qué te cuentas?
-Aquí me tienes, comiendo helados de frambuesa todo el día para pasar el calor que hace, ¿y tu?
-En París, construyendo un storytelling con el que engrandecer más mi figura. Un relato bohemio y hedonista de todo lo que me está ocurriendo aquí en París, ya sabes, pero más postmoderno, fragmentado, caótico, no tanto como a ti te gusta.
-Los tiempos cambian, mon ami, tu eres uno de nuestros ilustres sucesores, así que puedes hacer lo que te venga en gana. ¿Quieres fumar?
-Claro, nunca he rehusado un cigarro, ni cuando tenía 5 años y aquel indigente guatemalteco me ofreció crack.
Damos unas sendas caladas a la pipa y saco un par de frases extraídas de un texto inédito de Sartre.
Le entrego el mapa de la próxima rave. Me despido de él con un abrazo y una frase lapidaria (es lo más apropiado para un cementerio):
-Compañero, desde la invención de las cámaras digitales y Youtube, nunca se te había echado tanto de menos. Nos vemos esta noche en la fiesta, trae ropa de cuero y pilla tu Harley.
Es el turno de Zola, desde que se encerró en su mausuleo (el tipo es bastante pijo y se ha hecho hacer una escultura con su careto idealizado) se pasa el día haciendo crucigramas y sudokus, comiendo pizza congelada y firmando ejemplares para sacarse una pasta con un negociete que tiene montado con un amigo adicto a la heroína.
-¡Hey yo!-me saluda con un choque de manos guetto, recientemente le ha dado por el Hip-Hop de las banlieues-.
-Hey dude, aquí estamos, ¿hacemos unos canutos?
-You know Tolstoi, I like Playboy-también le ha dado por el bizarro grupo "Bonaparte".
Discutimos un par de problemas de álgebra y me ayuda a resolver unas dudas sobre mi novela:
-Recuerda, si en cada página no aparece la palabra follar, no vas a vender una mierda-el tío sabe de lo que habla.
Me despido de él con otra frase lapidaria (igualmente oportuna, claro)
-En la Guerra de las Galaxias, en un plano secuencia de 10 segundos, aparece una extraterrestre con un desatascador en el coño, puede que esta sea el sentido de la vida que George Lucas quería que entendiéramos.
Me queda por ver la tumba de Stendhal, pero eso será de noche, pasado de ácido, es la única forma de acercarse a este tipo.
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