Steve Aoki, camerino y exigencias del guión. O cómo convertirte en un coacher escritor incuestionablemente postmoderno

Son las 5:39 de la madrugada. Por razones que no quiero ni puedo explicarme, sigo sin dormir. No recuerdo exactamente qué he hecho desde las doce de la noche, momento en el que he parado de insultar a todos los ciclistas de Barcelona que me he cruzado en albornoz por la Gran Vía. Creo que entonces he ido a casa, no sin antes seguir insultando, ahora a los taxistas, que bajaban con sus Skoda Octavia zumbando por Vía Layetana. Algunos llevaban a guiris cachondas al Shoko, otros perdían el tiempo en movidas parecidas.

Lo que sí recuerdo, casi exactamente, es que la tarde del jueves, hace ahora unas doce horas, he impartido un taller de escritura a unos jovenzuelos muy avispados. Chicos y chicas que quieren saber cómo viven los escritores y escritoras. Y quizá, envalentonados, se hagan miembros y miembras de algún club de lectura. Comentar obras, hacer anotaciones a pie de página, discutir la relevancia de tal autor en sus vidas. Y luego intentar follar los unos con los otros, claro.
Mis honorarios para impartir un taller de escritura son sencillos:
Un bote hinchable, Listerine, camisetas negras de American Apparel con cuello de pico, seis calzoncillos y otros tantos pares de calcetines, frutas orgánicas, champán para regar al público (o sidra, si son niños), una silla de director de cine o marihuana de la tierra.

Comprobado. Esto vende, y en un post de esta extensión permite alentar un poco más el subidón de la libido.


En realidad, no es nada original, es solo lo que pide Steve Aoki para sus giras en festivales. Así que lo más lógico es que, los que también nos dedicamos al espectáculo, tengamos ciertas afinidades compartidas.
Lo que suelo hacer, cuando alguna universidad privada de Finanzas o ADE me contrata (los únicos que pueden pagar cosas así, tan aparentemente inútiles y norteamericanas, como traer escritores o sucedáneos para soltar su chapa acerca de motivaciones e inspiración y otras deformidades profesionales), es lo siguiente:
Le pido al primer grupo de pijas que me cruzo en el pasillo que se agachen y me ayuden a hinchar el bote. Así me aseguro de que todo va bien, de que los tangas ya no se llevan. Con el bote gentilmente hinchado por unas atentas mozas, acostumbradas a la gomina, la voz de pito proveniente de un hombre y las camisas rosas, me dirijo a la clase en cuestión. Esto tiene un problema, me obliga a llegar unas dos horas antes a la facultad, no porque trate de ir en el bote hinchable con un par de remos por el pasillo -cosa deliciosa, por otro lado, pero que dejé por provocar colas en las clases bastante desconcertantes-, sino porque siempre quiero llegar con el Google Maps. Obviamente, la App no tiene el detalle de una facultad por dentro. Y mucho menos el Apple Maps que Steve Jobs debe estar usando como papel pintado en su choza de iCloud. No. Eso me lleva al primer griterío. ES UNA VERGÜENZA QUE UNA INSTITUCIÓN COMO LA SUYA NO TENGA UN GEOLOCALIZADOR APP. Suelo llorar, muy ofendido, luego pregunto si se puede fumar en el recinto, y me dicen que sí, claro. La cosa es calmarme. Finalmente entro en clase, no sin antes ponerme todas las camisetas negras de American Apparel con cuello de pico, una encima de otra. Eso lleva la segunda bronca: COMO PUEDE SER QUE EL AIRE ACONDICIONADO NO FUNCIONE CON EL CALOR QUE TENGO.
La silla de director de cine está claro para qué sirve. Es bastante incómoda, pero te sitúa en un buen plano que los estudiantes asocian con Spielberg o mierdas por el estilo, y ese toque, que para los alumnos es excéntrico, me divierte, un rato. La marihuana de la tierra es otro nuevo percal: PERO COMO PUEDE SER QUE NO CULTIVEN MARIA EN ESOS PEDAZO DE JARDINES QUE TIENEN.
Como se puede observar fácilmente, llevo unas tres horas de trabajo desde que he entrado en la facultad hasta que finalmente me dispongo a hablar a los Lehman Brothers de turno. Hablo:
-Veréis. Lo resumiré todo en una frase. TENEIS QUE SER MAS POSTMODERNOS. ¿Alguien sabe lo que significa ESO?
-¿Lo de romper las normas de la modernidad?
-Calla, imbécil. 
-Os podré un ejemplo tan limpio como una foto de Instagram con el filtro Walen. Silencio, lo estoy pensando. Es broma. Como soy un profesional lo preparé en la London School cuando hacía el doctorado.
-Cuando quieres ligar con una vecina, ¿qué le preguntas?
-¿Si tiene sal?
-Exacto, gilipollas. Y ahí está vuestro puto problema. Hay que pedirle un CARGADOR PARA EL IPHONE.
-¿Por qué?
-Porque resulta que el tuyo no funcionaba y vino un señor de Apple a tu casa a buscarlo, lo mandaron a Amsterdam y lo están reparando. Gracias a Steve, has podido hacer un seguimiento exacto por Internet de dónde estaba el cargador en cada momento. Es posible que ahora ya esté volando de vuelta, quizá sobrevolando los Alpes. Y entonces, vayamos al grano. Te la vas a follar. ¿Qué tienes que decir?
-Si le gusta más arriba o abajo.
-¿Has opositado ya para el Banco Mundial, cretino? Le tienes que decir que no tienes condones.
-¿Por?
-Porque sino es aburrido. ES MODERNO. COÑO. Y LO MODERNO NO ES POSTMODERNO. LO MODERNO ES ABURRIDO.
-¿Pero entonces qué es el posmodernismo?
-Es una corrida dentro de una baguette orgánica. 
Dicho esto, habiendo sentado cátedra de manera coherente y cristalina, impoluta como la funda de un iPad, saco la botella de champán. Y me la bebo. Hasta que me aburro de nuevo. Siempre queda algún alumno aventajado y gracioso, que pregunta:
-¿Es un brindis por el postmodernismo? jijijiji.
-¿Sabes que eres un puto cadáver? No, no es una amenaza. Estás vivo, sí, y no te voy a matar. Pero eso no quita que, sin poder evitarlo, sienta que estoy delante de un CADAVER TODO EL RATO.
Siempre me olvido de lo que viene después. Steve Aoki pide demasiadas cosas. Supongo que tener la cara de chino y el pelo largo y ser Dj tiene algún atributo que te permite organizar mejor toda esta movida. Momento de los seis pares de calzoncillos y, para acortar, uso también los otros calcetines. La idea es muy moral.
-Veréis, ahora os enseñaré lo que es un indigente. Repartid entre vosotros los calzoncillos y los calcetines y poned dinero dentro. Imaginad que estáis ayudando a alguien que no tiene ni un cazo para poner el dinero, solo su ropa interior. ¿Os pone sensibles?
-No, están limpios.
-Cadáver, recuerda.
Con unos 500 pavos en la ropa interior, solo me queda hacer una cachimba con la fruta orgánica y tirarme escaleras abajo con el bote hinchado, a la espera de que dulces senos Burberry esperen mi aterrizaje en la planta del bar. ¿Siguiente bronca?
PERO COMO PUEDE SER QUE EN ESTE BAR NO TENGAN GINEBRA.
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