Stereo

Hoy me he levantado pensando en Google+ y en el dinero invertido en esta "fake social" que bien podría haber servido para producir tomates biológicos y amenizar las ensaladas de las oficinas de Silicon Valley. El valle de la silicona es un concepto de tunning corporal que se merece todos mis respetos. Con lo bodrios que son los informáticos algún secreto tenían que tener, a saber, les encantan las berzas operadas. El secreto de su creatividad pasa por una 120.
Y ayer me acosté pensando el verano que llega y cómo sobrevivir a él. Es una pregunta sin respuesta, pero me temo que desde la velada con barra libre de ayer hasta septiembre dormir será una tarea simbólica. Las fiestas se suceden, y eso que en BCN vamos de horarios amateur:
-No puedes salir con la birra a la calle.
-A ver, mozo, segurata sobrio, estamos saliendo de esta puta fábrica de birra gratis, después de escuchar a The Pinker Tones y ponernos hasta el culo de doble malta. ¿Y me dices que no puedo salir con este vasito de plástico?
-No.
-¿Conoces Berghain?
-No.
Me he pasado todo el concierto de Pinker mandando Tweets esquizo a la pantalla gigante.
Chorbas molonas soy el chico que lleva peluca rosa en la fiesta.
¿Alguien sabe dónde está el baño?
Los Pinkers son a la electrónica lo que Keynes a las crisis en tanga.
Cosas así, como frescas, para amenizar la velada y sudar cerveza. He comido gratis, también.
Los Pinkers son gente maja, que saben lo que se traen entre manos, y no como un banco, por ejemplo. Los bancos ya no saben qué se traen entre manos. Mis reservas de tabaco han terminado. Y eso me indica que a) debería comer ya y b) decir a Google que dejen ya de dar el coñazo con Google+ y se pongan de una vez con el tabaco natural. Y las 120.
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