Somos escoria. Lentamente, conquistaremos el mundo.

La resaca nihilista me persigue desde las dos del mediodía. He dormido media hora. Todavía tengo una ligera inclinación a apretar las mandíbulas, los últimos estertores del Speed. Demasiadas preguntas y escasas respuestas planean por el comedor, mientras una vela perfumada ameniza los cromas de la pared. Las clásicas preguntas existenciales de aquél que ha dado un par de vueltas de más a los pulmones y a las fosas nasales. El perímetro de salud mental es más frágil de lo que parece. Apenas pocas horas antes estaba tumbado en un sofá con vistas a una escarpada montaña, escuchando de fondo el río y riendo a carcajada suelta con nuestro amigo Hank Moody. Al caer la tarde ya tenía un gramo en mis manos y los gintonics despuntaban con su sublime toque de lima fresca. Y las noches, desde los veinte años, pasan rápido, muy rápido. Una ráfaga de experiencias y manoseos y lametones y clenchas sucias en el baño. Y a veces hasta lo pasas bien, como ayer.

Wlas me escribe por Whatsapp la conclusión de todo, y hablamos:

-Somos escoria
-Estoy preparando un arroz tres delicias, para redondear mi cadavérico aspecto
-Todavía estoy colocado
-Me he pasado la mañana haciéndome pajas sin parar
-hahaha
-no me ha servido de mucho, la verdad, sigo igual de empalmado y despierto. Mis pupilas parecen un parasol hawaiano

Entonces me pregunta por nuestro amigo inglés.

-ha desaparecido. No ha vuelto a casa. Después de que se metiera de hostias con aquel negro, ni idea.

Pero nos queda un bonito recuerdo de él. Un Whatsapp que mandó al grupo:

Lentamente, conquistaremos el mundo.



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