Solo

Conoces a una tía. Buen culo, buena sonrisa, viste bastante bien, abundantes tetas. Te cae simpática. No es tan inteligente como te gustaría pero la apruebas. Cambias teléfonos. Sabes que no te va a llamar, es la puta dinámica tía-se-hace-la-interesante-tío-va-detras-como-un-gilipollas. Siempre la misma mierda. Se lo tiene creído, tiene a decenas de tíos como tú buscándole el coño. Sabes que si la persigues puede que quedes con ella, abrirás tu vida como quien sube una persiana y ella paseará por el recibidor de tu personalidad. Se fijará en algún objeto que le haga gracia. Si está lo suficientemente borracha puede que te la folles. Como siempre el coste que has de pagar por ello es mucho más alto que el que paga ella. De hecho, ella no paga nada, cero. Tu pringas haciéndole la pelota, ella hace ver que no se da cuenta. Se ha puesto su mejor escote, la tienes dura.
Tienes 17 años.

Ahora tienes 23. Te cruzas con tías que están muy buenas, intuyes su cara de superioridad. No las miras, te dan asco. Sabes que tu polla podría satisfacer sus más viles deseos. Por eso no las miras. Pasan a tu lado sabiendo que te va a llegar el aroma de su perfume. Por suerte fumas tanto que ni te enteras, tienes el sentido olfativo hecho mierda. Luego te las encuentras en un bar, en la discoteca. Todas te parecen carne inherte, cerdas desquiciadas al borde del antidepresivo. Eres mucho más interesante que la mayoría, lo sabes pero ellas fingen no saberlo y actuan como señoritas del deseo ajeno. Te la pela. Sigues matándote a pajas viendo rusas de 18 años comiendo pollas a tíos de 45. Todo te parece bien. Aceptas el fracaso con las mujeres y te lanzas a la aventura sin ellas. A veces todo es una gran mierda a tu alrededor y por eso escribes compulsivamente. La mayoría no saben escribir, excepto algunas que justamente conoces y te ponen cachondo. Sabes que tu también las pones húmedas pero no están tan zumbadas para acceder al deseo sexual mutuo. Todo te da absolutamente igual, las canciones de John Lennon son oportunistas y decadentes. De un mundo que ya no existe, que quizá jamás existió. Por ahora tienes una amante que satisface tus deseos más oscuros y te alegras por ello. Quizá las cosas ya no estén tan mal como antes, puede nunca hayan estado mal del todo, solo que antes eras un gilipollas ansioso por gustar y ahora eres un gilipollas detestable. Así que ya no engañas a nadie.
Ya no le das vueltas a la mujer ideal, ni siquiera sabes si se mató el otro día en una misión de ayuda a Kazakhstan. No te crees ni a ti mismo, la estrategia mujeriega hace meses que ha perdido su sentido. Joder, no te engañes, nunca ha tenido sentido. Estás resentido. La de horas que has tirado pendiente de zorras engreídas a la espera que su medidor de ego suba un par de peldaños más. Por ahora son otros los pringados que están en la rueda kármica del ego femenino. Tu te has convertido en una mezcla del Rosseau más paranoico, un personaje Houellebecqiano, un autista y un terrorista islámico. Es un combo infumable, apestoso y putrefacto, y con ello vas a llegar tan lejos como un minusválido en una carrera de obstáculos. Tus pajas mentales no te salvan de nada, el fracaso está escrito en la palma de tu mano y hasta un puto ciego sabría verlo.
Te sigues cruzando con tias a las que no miras. Es el único placer que te queda, la indiferencia más repulsiva hacia el maldito mundo de la mujer. Es la indiferencia del perdedor, del derrotado, el que está fuera de combate por no ceñirse a las reglas. Por eso estás más tranquilo. Te imaginas plantando arroz para subsitir en un campo del sur de Vietnam. Y te parece bien. Solo, todo te parece bien.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust