Sobre vocaciones no hay nada escrito

Llevaba una vida ajetreada y dinámica, llena de múltiples tareas y faenas propias de su vocación y profesión. Jennifer se levantaba a las 10 de la mañana y trabajaba hasta bien entrada la noche. No tenía día de descanso semanal, pero cuando había ahorrado lo suficiente se largaba una semana a Ibiza o a Marbella. En invierno subía a Andorra para ir de compras, principalmente perfumes, tabaco y lencería.

Trabajaba en el mundo de la prostitución desde los 20 años, cuando decidió abandonar sus estudios como administrativa para dedicarse plenamente a ello. Habían pasado 5 años desde entonces, y no se podía quejar. Era una profesión estresante y exigente; para ello acudía al gimnasio tres días a la semana, y seguía un planning especialmente diseñado por su entrenador personal.

Su vestuario ocupaba una habitación entera de su piso, un confortable estudio situado en Eixample de Barcelona. Soltera por elección, Jennifer nunca traía sus clientes a casa, salvo algunos amigos del mundo de la noche, con los que se acostaba por placer y no por dinero.

Desempeñaba múltiples trabajos, todos entorno a la venta de su cuerpo y a prestar favores sexuales remunerados.

A las 11 salía de su casa para correr durante media hora. A las 12, se conectaba a Internet para participar en una Web porno con webcams, para satisfacer los caprichosos deseos de los usuarios. A media tarde, siempre recibía una llamada de alguno de su cartera de clientes. Solían pedirle encontrarse en un hotel de intercambio en las afueras de la ciudad. Normalmente tenía tiempo para 2 clientes por tarde, a excepción de que la contrataran más horas y la invitaran a cenar o alguna celebración especial, con orgía incluida. De noche se pasaba un par de horas en un club de streaptease, bailando con una barra y desnudándose mientras decenas de billetes lanzados por sus admiradores caían en la tarima.

Jennifer follaba cada día varias veces, casi cada día y todos los meses del año. Le gustaba, era feliz y ganaba dinero de sobras para vivir de su cuerpo.

Jennifer, la puta vocacional.

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