Sin chicas no hay paraíso / Paris Set Week I /

P1030910.jpg

Pongo New Order en Spotify para abalanzarme sobre los últimos acontecimientos en la capital francesa. Estoy solo en el apartamento de Montmartre, cerca de una plaza, de una librería de barrio con excelente selección. Tengo café, cerveza, altavoces, motas de polvo dorado, libros-como el de Georges Perec-, libros de derecho que pesan 4 kilos, de la novia de mi amigo, que son ideales para hacer algunas pesas improvisadas.
La Bibliothèque National de France, François Mitterand, és extremadamente moderna, anti-clásica. Me esperaba encontrar tipos fumando pipa y recintando versos de Baudelaire y leyendo a Foucault en el bar, con su boina. En vez de ello encontré grandes edificios, burocráticos, altos y asépticos, poco sugerentes, postmodernos. Unas escaleras gigantes daban acceso al complejo. En las escaleras había una chica leyendo, cosa que siempre es alentadora. La parte abierta al público es rectangular, como una macro pasarela cubierta que conecta todas las salas. Di un tour admirando el gigantesco jardín, casi un bosque, que se encontraba en el interior, al aire libre, en medio. Será la influencia de Perec que escriba con tantas comas, aunque quizá es porque de tanto fumar hablo sincopadamente. Tomé un café a 1€, algo inédito en la ciudad, y fui atendido por una bella chica que me sonrió en repetidas ocasiones, incluso cuando le pregunté si podía pagar con tarjeta. De regreso, no llovió, aunque podría haberlo hecho. Las nubes basculaban, dando círculos, como un borracho que ha perdido la llave en el suelo y regresa al mismo lugar tras haberse alejado unos metros.
Ya de noche, me arreglé con atuendos Levi's, y salí con un amigo en búsqueda de un bar llamado Aliementation Générale.
INICIO DEL RELATO PUNK
En el bar había un grupo estilo rumanés tocando una guitarra, haciendo extraños bailes. Lo extraño es que el local estaba lleno de tías francesas que, como bien sabéis, tienen serias dificultades para bailar bien. Intentan seguir el ritmo, ser sensuales, pero son más bien como patos sin alas. Pedimos algunos 1/2 de cerveza y contemplamos el lugar desde cierta lejanía espiritual. El grupo tocaba y tocaba sin descanso, y eso terminó por cansarme. Fui a fumar, en una especie de baño reconvertido en sala de fumadores. Había una chica vestida de negro, sola, esperando a que algún monsieur-gentleman- le dijera alguna cosa. Le dije alguna cosa, pero entonces me di cuenta de que estaba demasiado borracho, con lo que sencillamente le golpeé el culo y seguí fumando. Tres tías feas estaban gritando como poseídas, intentando cantar temas horribles, como diciendo, lo estamos pasando genial. Se notaba que recibían un habitual despecho por parte del sexo opuesto, con lo que habían optado, tras asumir su marginación irreversible, por generar un vínculo con la excentricidad difícilmente digerible por su entorno. Un tipo con gafas raras, alto, que casi tocó el techo de baldosas blancas, casi grises por la suciedad, entró en la sala de fumadores con una chica francesa bajita y, resumiendo, mona. En otras palabras, altamente follable, de aquellas que te imaginas emitiendo leves gemidos mientras la embistes como un buen Mitterand. Cuando el chico raro se fue, llegó mi turno.
-Estás tres chicas feas que cantan sin parar me están destrozando los oídos, ¿por qué coño no se compran un Sing Star y se quedan en casa metiéndose el puto mando de la Play por el coño?
-Estoy de acuerdo contigo, nos harían un favor.
-¿Cómo te llamas? -trato de arreglarme el pelo para hacer justo lo contrario, despeinarlo, y así mostrarme despreocupado y sencillamente trash.
-Marianne.
-Vanity, enchanté.-Nos damos dos besos, que ella procura que sean finos y tiernos. ¿Qué haces en París-me pregunta.
-En realidad, nada en concreto-tengo ensayada mi respuesta desde que sé que voy a París.- He venido en calidad de habitante desde Barcelona, con el fin de estudiar el alcantarillado de la ciudad, me han dicho fuentes fidedignas que aquí se hacen buenas raves en el subsuelo, mi idea es montar algunas fiestas para distribuir LSD y hacer de reportero para una revista de alto tiraje gratuito en la ciudad Condal.
-Je comprends-responde algo incómoda.
-Bueno, yo no lo acabo de entender del todo, sabes, a veces la vida es tan difícil de entender, ¿no crees?
-Quizá.
-Bueno nena, me voy, tengo cosas que resolver con estos rumanos que están tocando las narices desde que he llegado.
Regreso y mis oídos paladean el tema del estribillo de BORAT, una de las películas moralmente más ilustres de los últimos 50 años.
La sala esta más llena, pero los rumanos se han ido. El DJ actual lo hace si no igual, peor, salvo por el tema de Borat, claro.
Mi amigo opta, como yo, para que nos larguemos. Salimos a la calle. El otro tipo que viene con nosotros es un francés engreído que trabaja en bolsa, un patético treinta añero con pinta de follar poco, algo regordete, eminentemente calvo, con una media sonrisa que no engaña ni a sí mismo. También nos acompaña un griego:
-¿Cómo esta la economía en tu país?
-Peor que la del tuyo.
-Bueno, danos un poco más de tiempo. Si con suerte gana la oposición o repiten los que están ahora, es decir, si todo sigue bajando en picado, os vamos a superar. Recuerda que somos campeones del mundo, así que podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos. Para mí, sería un orgullo alcanzar el 25% de paro, unos 5.000.000 millones de españoles pelando patatas. Eso sí sería un buen récord.
Pillamos unas bicis Vélib y salimos zumbando hacia el Social Club. Está cerrado, pero hay un cartel que nos redirige a otro club asociado.
¡MOMENTO ESTELAR! - SIN CHICAS...
Estamos en la cola, son las 2:00 am. Ya no vamos borrachos por culpa del trayecto en bici. Delante hay dos chicas, que de haberlo sabido, hubieran sido la salvación (aclaración en las próximas líneas). Le doy fuego a una de ellas.
Esperamos unos 10 minutos. Al llegar a la entrada, después de que las dos chicas hayan entrado, un tipo con traje, alto y con el pelo rapado, es decir, el típico mamón de discoteca, nos pregunta:
-Combien vous êtes.
-Trois.
-Desolée, mais trois monsieur seuls ne peuvent pas entrer.
Es decir, sin tías, no hay noche. Tres hombres, self made man, con ganas de fiesta y con varios kilómetros de recorrido en bici, no pueden entrar por que no llevan tías. Primero me cabreo con mi amigo, si me lo hubiera dicho, hubiera hablado con cualquier petarda para que entrara con nosotros. Pero luego, veo que con quién me tengo que cabrear es con el retrasado mental que nos ha vetado la entrada.
-Verás, pequeño cerebro, vengo de Barcelona, dónde este tipo de comportamientos seudoelitistas son considerados como la plena decadencia del local. Venimos por la música, y las tías vienen a nosotros como abejas al polen, ¿Comprendes?. Es decir, no sé si lo que quieres son problemas, pero los tienes.
Otro tipo nos dice que nos alejemos.
-Tú, mamón, ni me toques, ¿de acuerdo? Estoy hablando con el pequeño cerebro de tu amigo. Pongo los ojos en blanco. La habéis cagado, mi noche no termina aquí, pero sí la vuestra.-Gracias a la literatura, me hago con un bate de beisbol.-Continuo con mi monólogo Naranja Mecánica.
-¿ A quién le parto la cara primero? A ver, quién es el que ha hecho el testamento y tiene hijos?
Uno de ellos retrocede, el otro se pone en una especie de pose marcial de bajo presupuesto.
Comienzo a blandir el bate con cierto desdén, ante la mirada estupefacta de los demás presentes, en la cola, completamente centrados en la adyacente pelea, sin querer entrar en el club.
Primero alcanzo la pierna de uno de ellos, después le golpeo a otro en la cabeza. Un chorro de sangre Kill Bill emerge de su oreja. Me gustaría tener un perro guardián para que pudiera saborear su sangre.
Después de la paliza, obviamente, preferimos no entrar, si la música fuera mala, habría que destrozar también al DJ, pero el cupo de violencia ya se ha cumplido.
Nuestro amigo corredor de bolsa se retira, derrotado. Pero nosotros, que somos de aquellos inversores que en vez de parar cuando hemos perdido un poco, preferimos seguir apostando todo, vamos a otro sitio. Está al lado de un canal, a tocar de una caserna de bomberos. La entrada es gratis, tomamos vino y luego bailamos Simpathy for the Devil de los Stones.
Nos ponemos a hablar de mujeres y demás menesteres masculinos y sin darnos cuenta de la hora, cierran.
El colega me invita a subir a su casa para seguir bebiendo y fumar un poco. Mola. Su apartamento está lleno de libros raros del antiguo propietario, un estudiante de una Escuela Superior, con bastante pasta. Tiene una silla de diseño cómoda, pero el piso está hecho una mierda. No esperaba menos. Me duermo en el sofá, nos despertamos y vamos a tomar un café.
Sigo buscando un lugar en el que comprar las Ray-Ban Wayfarer. Regreso a casa, silencio. Suena New Order, escribo esto.
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust