Sigue mis pasos

Llego con la moto a un bar llamado Speed Chupito al que no he ido nunca. En la esquina me encuentro con Afro y Rubio. Nos saludamos y les enseño mi nueva cámara Panasonic Lumix con óptica Leyca. Sacamos unas estúpidas fotos que salen mal porque todavía no se muy bien como funcionan los modos y posibilidades. Es como buscar el párrafo 34. Entramos en el bar después de esperar 5 minutos retenidos por el segurata de la puerta. El bar es una jodida mierda. Paredes bajas, sucio, lleno de gente gritando y muchos extranjeros. Todos intentan pasarlo bien y, como no, pedir chupitos flameados que son la especialidad de la casa. Nos adentramos en el bar pasando por una especie de pasillo entre la pared y la barra. Un tío sin dientes me mira e intenta decirme algo que: a) no comprendo debido a su falta de incisivos y su español barriobajero y b) no me interesa en lo más mínimo.
Hemos quedado con unas chicas estudiantes extranjeras de Erasmus. Una suiza, dos londinenses, una italiana y una holandesa. Afro y Rubio las conocen. Yo solo a la italiana. Me las presentan y les sonrío y hago la selección vía físico. Suiza sí, la italiana que conocía, también. Las otras, no. Una de las londinenses es negra y lleva el pelo corto teñido de rubio. Pienso que si se lo dejara largo le quedaría completamente afro, y quizá no le quedaría mejor pero sería más divertido. Salimos fuera presionados debido a mi insistencia. El bar es sofocante, cutre y agobia tanto que dan ganas de repartir puñetazos a diestro y siniestro. Hay algunas tías que están bastante buenas. Apenas las miro. Muestro indiferencia y desprecio ya que es la moneda de cambio del lugar.
Una vez fuera, el segurata nos viene de buen rollo y nos pide que nos alejemos de la puerta para no molestar a los vecinos. Hablamos sobre qué vamos a hacer a continuación. Rubio me cuenta que se ha tirado a la suiza y le felicito. Me dice que ha dormido solo 3 horas y que ella mañana se va a su país y que ésta noche no se la va a tirar porque está muy cansado. Ponemos las opciones sobre la mesa: Pacha, Otto Sutz y Roxy. Las tres discotecas me parecen nefastas. A pesar de ello, opto por Pacha. La música es House completamente desfasado pero podemos entrar gratis y tenemos pase VIP. Rubio y Afro cogen el coche de Rubio y van a buscar el de Afro. Luego Rubio se irá a dormir y Afro y yo nos quedaremos con las 4 o 5 chicas que quieran venir. La holandesa es tremendamente tímida y me da la impresión de que tenga 14 años. Habla un castellano precario. La londinense negra lleva un vestido negro ceñido que le queda bien y resalta sus curvas. Su pelo sigue sin gustarme. La suiza lleva unos pantalones ajustados que le marcan un culo firme y muy atractivo. Parece modelo. Se ha puesto purpurina en los ojos, algo desfasado e infantil. La otra londinense tiene los dientes torcidos y su forma de hablar y sonreír merman su apariencia intelectual. Viste unos trasnochados pantalones anchos de color negro y un intento de cinturón que en realidad es una bufanda. No tiene tetas.

Afro finalmente regresa con su coche cuando ya no me queda ningún tipo de conversación con las chicas. Antes de su llegada hemos entrado en un bar, para que ellas mearan, que está ambientado como un circo con muñecos viejos y rotos y espejos que deforman el cuerpo. Ellas se miran en el espejo y la italiana, que es bajita, morena de piel y ojos oscuros y penetrantes, se maravilla cuando encuentra uno que le alarga las piernas. La londinense le ha saca una foto.

Cojo la moto y sigo al coche de Afro y las chicas. En un semáforo me paro a su lado y la negra, que a partir de ahora la llamaremos Kitty para no redundar en su color de piel, empotra su cara contra el cristal y sopla y veo como sus mejillas se hinchan. Un espectáculo deplorable que me hace sonreír.

Uno de los problemas de ir con chicas, ya sean Erasmus o no, es que tienes que estar pendiente de sus caprichos de crías porque si no te pueden joder la noche. Es un trueque; tu vas con tías y a cambio no tienes otra que estar pendiente de ellas. Tienen hambre, así que paramos a comprar unos bocadillos y cerveza en un chiringuito de la estación de Sants.
Llegamos a Pacha. La única discoteca Pacha que vale la pena es la de Ibiza. Todas las demás no son más que meras franquicias seudo-glamurosas llenas de seudo-pijos completamente perdidos y endeudados que simulan tener una vida de lujos y belleza, sostenida con trabajos de mierda y coches a crédito, todo ello bajo el paraguas de la ignorancia.

En la entrada nos ponen una pulsera que nos permite entrar en uno de los VIPS. Hay otro que es más caro y exclusivo. Es decir, para gilipollas exclusivos. La discoteca se encuentra en el piso inferior. La sala es alargada y está flanqueada por columnas. Cuelgan logos de las cerezas de Pacha y algunas pantallas planas que muestran imágenes simuladas por ordenador. No hay ni media entrada.

Me gustaría liarme con la italiana pero llego tarde. La chica en realidad tiene novio en italiana y se ha follado a dos amigos de Afro en España, con lo que ya se siente suficientemente sucia como para tirarse a otro más. Las dos londinenses no sirven ni como premio de consolación. La suiza, que es la que está más buena, se va mañana y ya se ha tirado a Rubio. Queda la holandesa, que tiene el espíritu de la duquesa de Alba en un cuerpo de 20 años.

Pasa el rato. Bailamos y no se como me cae un cubata en la mano. Me lo bebo. Saco algunas fotos. La holandesa y una de las londinenses se van. Afro se pone nervioso porque se quería tirar a la holandesa. Nos quedamos con las otras quizá una hora más. Algunos chicos intentan ligar con ellas pero las tías pasan olímpicamente.

Nos vamos. Mientras cojo la moto Afro tiene una discusión con las chicas. Kitty se ha metido en el coche y ha intentado arrancarlo con el freno de mano. Afro se ha cabreado y la ha sacado del coche. Ella ha dicho "I'm tired of this game"! y les pregunta a las chicas si quieren coger un Taxi, medio en broma. Afro les recuerda que él no es un taxi y les dice "Get a Taxi" y se va.
Me lo encuentro en el semáforo de arriba y me lo cuenta entre risas. Practicando conducción deportiva llegamos a su casa, él en su coche y yo en mi moto. Bebemos las últimas cervezas en el comedor de su casa. Miramos mis fotos y vemos lo feas que eran la mayoría ( God save Italy and Switzerland). En una de las fotos generales sacadas al azar de todo el local, sale en la parte derecha la cara de una gorda rubia de pote medio bizca y eso nos hace mucha gracia. Con la cámara ampliamos la imagen y casi nos entran arcadas.

Nos vamos a dormir.

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