Siempre es cosa de dos

La situación era incómoda para los dos. Él no pretendía acabar con ella de esa manera, atándola a la carretilla de un tractor con aires soviéticos, rojo y negro y con las llantas amarillas, y dejar que se ahogase al arrancar con la cuerda que acababa de dejar lista en su fino y blanco cuello.  Ella tenía un cuello de cisne en sus mejores tiempos, y en él reposaba un colgante plateado que, de la presión causada por la cuerda, ya le había dejado una herida que sangraba sin prisa, pero con ganas. Para ella también era incómodo, obviamente, acabar de esa manera, pero ya ni era consciente de ello. Ella le había pedido, horas antes, tras haber dejado caer en su lengua las últimas gotas de cerveza de la tercera botella Leffe de 75cl., y  tras haber intentado saltar por la ventana que daba a la granja, que la borrase del mapa, que estaba cansada de ser una «deliciosa cínica perra y cachonda», como la había llamado su último amante antes de dejarla tirada en una cuneta, apenas con su vestido Versace negro, y con semen reseco en la comisura de los labios, hacía tan solo dos días. 
Como tipo riguroso y comprensivo, él se tomó en serio la petición de la chica, y pensó en voz alta diversas formas de matarla lo antes posible. Todas eran demasiado como una canción de The xx, tristes y perfectas para una peli postadolescente. Fue descartando opciones mientras apagaba el iPhone. Siempre lo hacía cuando tenía algo importante que hacer. Decidió no decirle cómo la mataría, y a ella le pareció bien. Tras un golpe seco en la nuca con un bastón, el mismo que usaba el abuelo de él para salir a pasear los fines de semana por la pradera, ella cayó inconsciente al suelo. Subió a la granja de su colega, siempre abierta, consiguió las llaves del tractor y se puso a ello.
Los cerdos siempre intuyen cuando algo va mal, y esa noche no pararon de gruñir. Pero, en su estudio, él estaba ya demasiado ocupado produciendo su último tema, que se llamaría untitled y sería solo el zumbido de un televisor de los años noventa durante unos 10 minutos. Los 90. Aquellos años. Aquellos años.
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