Ser consecuente

Leía un libro reposadamente en el café de la camarera del pelo corto y rubio y culo manoseable.
Las gafas retro sytle y la boina H&M me desmaracaban como tipo peculiar de entre las otras mesas, cuyos ocupantes hablaban de cosas intrascendentes.
Casi cada día, después de comer, bajaba un par de calles y me metía en este café, sin haber quedado con nadie, a leer un libro. No he dicho que en la barra solía haber un par de alcohólicos profesionales, con barba de 4 días y el pelo grasiento. De vez en cuando, uno de ellos se desabrochaba el pantalón, para que su panza ocupara el lugar que se merecía. Nada de comprimir gases.
Al llegar, apagaba el móvil de forma casi ritual, mi dosis de soledad no podía ser interrumpida. Es como cuando sales de fiesta y el DJ para una canción que te gusta y pone cualquier otra mierda regguetoniana, intolerable.

Leer es uno de los mayores actos de soledad que existen y, por ello, hay que ser consecuente.

El fin de semana estaré fuera FAG connection, con lo que no habrá actualizaciones hasta domingo noche o lunes por la mañana. Si tenéis ganas de leer Vanity, os recomiendo rememorar el mítico FLURP FLURP.
Atentamente,

VD Feb.2009

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