Seat Ibiza

Llueve, decenas de miles de vehículos parten de la periferia de Barcelona hacia el destino del conductor, el curro. En uno de ellos, un Seat Ibiza negro del año 2004 (pagado a plazos, faltan 11 cuotas de 180€), Josito contempla destemplado la cola de coches que revientan la ronda Litoral. Josito piensa en Ibiza, en aquella italiana que se la chupó a la vez a él y a su amigo Cañas en la piscina de los apartamentos; en la playa nudista dónde pudo pasear su rabo al fresco y contando pezones de tías morenas y con gafas Ray-Ban de imitación. En la coca fina que se metieron en el párking del Amnesia escuchando a Carl Cox con el subwoofer a tope del buga del Papelas.
Llueve, y a Josito le faltan 16 cuotas para pagar el seat Ibiza. Nunca se ha planteado si compró el coche porque le gustaba o porque el modelo se llama Ibiza. Quizá fueran las dos cosas, pero posiblemente lo compró porque podía pagarlo a plazos.

Llueve y Josito se ha liado un porro, harto de la jodida cola. Está lleno de padres que llevan los hijos al colegio, de transportistas macarras y peluqueras que tienen el mismo coche que Josito pero en otro color.
Le espera, en el primer día, reordenar todo el almacén de arriba a abajo, para descartar género que ya no se vende. La venta de lavadoras y lavavaijllas con un precio superior a los 1200€ ha caído un 42%. Pero Josito sólo recibe órdenes, él no sabe de estas cosas.

Es un tipo seguro de sí mismo. Llega al curro con su Seat Ibiza, relajado por el canuto y con unos tejanos del Pull&Bear, piensa en Ibiza y la italiana para tener fuerzas. Cumple con lo que le dicen y cobra 1.000 pepinos al mes. Pero lo que Josito no sabe es que este será el último dia de curro en la empresa, ya no le necesitan. Empujados a rebajar costes, han contratado a un pakistaní que cobra 800€ y han decidido prescindir de él.

Cabreado, regresa a casa y se encuentra con otra cola, ésta vez a la inversa, los padres y las peluqueras y los transportistas regresan a casa para comer y ver el resumen de Gran Hermano VII. se fuma otro porro. Llama a su amigo Jonny. Tiene un par de cojones, lleva pegando a negros y a inmigrantes desde los 16 años. Un tipo con carácter, vaya. No tiene coche, pero tampoco tiene trabajo. No tiene nada. Bueno, una katana, 4 bates de béisbol, 2 pipas y 7 navajas.
Jonny es de esos amigos que nunca fallan. Habla con él. Josito se queda tranquilo, pronto el pakistaní se quedará sin piernas, él recuperará su trabajo y podrá seguir pagando la cuota del Ibiza.

Final feliz.

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