¿Sabes dónde está tu hijo adolescente a las 5 de la mañana? #technopueblo alquilado

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#technopueblo alquilado is back: la crónica de tendencia introspectiva y asilvestrada del despiporre electrónico sin fondo del fin de año 2014. 2015 no podía haber empezado más fresco, sincronizado y chispeante.

 

 

despiporre o despiporren

m. col. Diversión escandalosa y desordenada: ¡menudo despiporre tenéis aquí montado!

 

Este fin de año fue de escándalo, de puro despiporre, salvando que la diversión fue más ruidosa que desordenada. Pese a ser ni más ni menos que 200 personas perdidas en un pueblo minúsculo del norte de Catalonia, bello y alquilado por nosotros, un áurea de armonía y orden rural-cósmico nos acompañó hasta más allá del amanecer (bastante más allá). Hacía un frío inclemente y la noche fue estrellada y el día 1 comenzó soleado y con gafas de sol que vibraban incluso fuera de la sala techno. Y, ahora, vayamos por partes y pongámonos en asiento vertical, haciendo caso a la voz grabada por una gentil azafata que emerge de unos altavoces de graves estrepitosos. Feliz año nuevo.

El Capo y CauGirl nos esperaban con un Audi A1 impecable y azul eléctrico alquilado para la ocasión —este fin de año, como veis, el rollo era alquilar cosas—. Tras haberle pasado como favor un gramo de M a una amiga de El Capo, y con todo el equipo para pinchar y todo el material lisérgico necesario para emprender el viaje, nos montamos MyDear, Bleu y yo en el coche. La salida de Barcelona fue caótica y penosa, el tráfico estaba como loco y la gente pesada, como suele ocurrir cuando hay apuro para otra cosa a parte de conducir a lo psycho por la ciudad. De camino traje algunos CD's antiguos que tenía perdidos por el living room y El Capo y CauGirl fumaron porros todo el rato. Es agradable el olor a porro de marihuana mientras te zambulles en pleno bosque a la caza de un pueblo alquilado. A medida que se acorta la distancia hacia la meta comienzo a tener dejà vus a lo loco de la última vez que estuve ahí, dos años atrás. Este año la cosa se presenta todavía más fluida y salvaje, por varias razones:

1. En vez de tener que soportar la mitad de la noche música pachanga y gente shitna para pasar, a partir de las cuatro, al tema serio electrónico, esta vez tenemos dos salas: una techno y la otra random shitna. Esta forma de evitar el contacto con cierta parte de las 200 personas que acudimos en tropel al pueblo es altamente efectiva y limpia. La gomina, las camisas y las tías pivoncetes del palo ultramaquilladas con ganas de darle al mueve tu cu-cu quedan recluidos en la toxicmainstream, mientras un séquito electrónico se adentrará en la sala con el techo más bajo de la historia y unos altavoces que, me han prometido, serán arrolladores.

2. El surtido de varietés que tenemos en el Audi A1: El Capo y CauGirl traen consigo una cantidad de setas que podría servir para dejar flipando hasta a las aves del corral que hay en el #technopueblo. Yo no soy de setas, pero es agradable tener a colegas setados a tu alrededor viendo cosas y disfrutando de movidas que tú no ves. Bleu trae consigo tema suficiente para autogestionar su ciego y, en su caso, precisará enormemente los servicios de la barra libre. En cuanto a MyDear y a mí, el M y el speed que tenemos nos garantiza comenzar el año el 31 y entrar en 2015 el 2 o el 3 de enero.

3. Este año, con todo el jolgorio de que he vuelto a pinchar y hacer el cafre con la controladora Pioneer DDJ-Ergo, estoy en el line-up de la noche y haré un Dj Set altamente motivado.

4. Nunca, jamás, hay nada que perder una noche de fin de año.

Ya está. Hemos llegado. Aparcamos el coche y pillo mis cacharros y las chaquetas porque hace una rasca soberbia. Llegamos a la entrada y hay una lista. Sí, hay una lista para entrar en el #technopueblo. Me pregunto qué ocurriría si de golpe se presentan unas 100 personas más en autocar que han visto la convocatoria por las redes y se la suda todo y quieren petar la fiesta. Supongo que algo habría que hacer con ellos, como darles setas de El Capo y CauGirl y que por lo menos se lo pasasen bien por el bosque.

En la entrada del pueblo tenemos que firmar un papel que viene a decir algo así:

«Si por esas de la vida, caso poco probable, me pongo tan ciego y tan on fire que se me va de las manos el asunto y comienzo a usar las dos fosas nasales en modo white shitna a la vez y mis retinas se desprenden y se van campo a través, los organizadores son buena gente y no es su problema que yo sea un yonkietroll y acabe con sobredosis. Firmado: Vanity Dust»

Me parecen entrañables este tipo de documentos que te hacen responsable a ti mismo de cosas en asuntos privados. Poco a poco, la mentalidad norteamericana de la denuncia y la sospecha van ganando terreno en las depauperadas europas. Pero sí, es justo y necesario que asumas tu mierda, y el movimiento expansivo de tus retinas. No eliges nacer pero, paradoja suprema, tienes que asumir mogollón de responsabilidades. Si los que vamos en el coche tuviésemos que hacernos cargo de anuncios como este, no hubiésemos salido de casa.

Dj Set * Vanity Dust

Lo primero que hacemos al entrar en el #technopueblo es pillar unas birras que hay de bienvenida. Eso es saber montar una fiesta: entrar y que te den una birra. Es como entrar en un puticlub y que te hagan una mamada. O como entrar en una organización política de izquierdas y que te regalen un pin con la cara de, pongamos, Fidel Castro. No, mentira, la birra de bienvenida es mucho mejor. El siguiente paso que llevamos a cabo es el de encontrar la habitación que nos han asignado para dejar las cosas y luego buscar un espacio liso y sexy y practicable para comenzar a secar la merca, que hay mucha y requiere de todas nuestras atenciones técnicas. Saco también mis tres paquetes de Manitou orgánico y unas cuantas tarjetas listas para el trabajo. En la habitación encuentro parte de la crew organizadora del evento y a otros magníficos colegas que conservo de mi época de universitario de periodismo (gonzodump). Nos saludamos todos y pasamos un rato charlando y fumando y poniéndonos cómodos. Y así pasan los minutos y ya son casi las 11, última hora de 2014 en nuestro territorio. Unos minutos antes he estado hablando con Charlotte, una buena colega con la que siempre compartí delirios existenciales en la universidad y clubes electrónicos de Barcelona. Me sorprende su comentario:

—Tengo muchas ganas de verte pinchar hoy, máxima expectativa. A la mayoría ya los he escuchado, y en cambio tengo mucha curiosidad para saber qué vas a hacer.

Si bien me alegra y reconforta el comentario —a quién no—, me produce una sensación de extrañación. No tengo ni idea de cuanta gente va a estar en la sala techno a mi hora, ni tampoco cómo va a reaccionar el público. Los Djs que pinchan luego, en su mayoría, son mucho más cañeros y technohooligans, con lo que no sé si mi merca, más deep y con menos bpm, funcionará lo suficientemente bien. Pero pienso todo esto y me recuerdo que no soy Richie Hawtin ni Francesca Lombardo, con lo que puedo dejarme de paranoias mentales y prepararme para lo que he traigo en la maleta: una batería de temazos que ojalá surjan el mismo efecto en la pista que en mi casa con los KRK Rokit6. Así que respondo:

—Sabiendo, Charlotte, que tú estarás ahí dándolo todo, juro por Detroit que haré todo en cuanto esté en mi MacBook Pro y en mi discutible criterio musical para que la entrada de año sea onfireista supreme.

Dicho esto, como decía, íbamos acercándonos a las 11, y contemplo un ritual la mar de simpático y entrañable de nuestro amigo WX. WX es un personaje altamente out of this world, y con ello quiero decir exactamente eso: cuesta seguirle el rollo, especialmente cuando va ciego. Recita poemas a capella, escudriña tu personalidad y te suelta comentarios profundos de primeras y en fin de año lleva una colección de sombreros de peluche: un cangrejo, una serpiente y una gorra de vikingo. Y, mientras yo preparo unas clenchas para la crew, WX grita «¡Joder! Que se me pasan las manzanas!» Y es que, como nos explica, su costumbre es celebrar el fin de año a las 11 y con trozos de manzana. Incrédulos, vemos cómo se saca del bolsillo del pantalón 12 trozos mugrientos de manzana. Luego se desabrocha el Casio y lo deja encima de una cama y lo vuelca todo y cuando suena la alarma se lo traga todo y luego, con la boca llena y algún tropezón coqueteando con escaparse de su boca, grita y da unas vueltas sobre sí mismo. Recoge su Casio y se pira de la habitación. Así que en, en el pueblo, ya tenemos 1 asistente en 2015. Faltan ahora 199.

Las campanadas, en la pequeña plaza del pueblo, transcurren con la habitual euforia y una rasca descomunal. Los gentiles amos del pueblo (¿o solo hay un amo? ¿o qué pasa con este pueblo alquilado?) nos han cedido las llaves del campanario para poder dar las campanadas live nosotros mismos, lo que da pie a una total descoordinación casi tan divertida como la de Canal Sur. Este año, tras haber hecho doce nasty clenchas de coca el año pasado, en vez de las insoportables uvas, decido pasarme al otro lado, al mundo del bienestar inmaterial: 12 respiraciones profundas rollo mindfulness. Y bienvenidos a 2015.

Creo recordar que, tras abrazar y besar a MyDear, habiéndose ella sumado a esta entrada de año inhalando el bien más oldschool y necesario de nuestra especie, the air, hablo con El Capo acerca de Kahneman y él me habla de Cisne negro, que todavía no he leído. Entre una cosa y la otra son ya casi las 00:10 de 2015 y, por lo tanto, con amor y otros abrazos caigo en la cuenta de que debería ir a la sala techno, recién rehabilitada tras haber alojado el comedor, y enfundarme el traje de Dj con la mayor dignidad y tralla de mis últimos meses. O, como diría Carles Francino en su época de periodista virgen remilgado, a toda pastilla.

Portero Berghain Muñeco * Vanity Dust

 

Más allá de la coña, este muñeco ha sido diseñado por los organizadores del #technopueblo para custodiar a los Djs que pinchemos en la sala. Y no es otro que Sven Marquardt, el mismísimo capo de la puerta de Berghain: el que hizo un gesto seco y afirmativo la primera vez que pisé la entrada de épico club berlinés (ahora está retirado, ya le tocaba). Tenerle ahí, en modo figurativo fake, es un buen augurio, de este 2015 que ya ha comenzado, casi sin que haya podido digerir el percal.

Varios colegas intentan ecualizar el equipo de sonido, sin acertar demasiado, y eso genera algo de desconcierto mientras preparo mi equipo y saludo al Audi A1 team que está de supporter in the sky: mi estimada My Dear, ElCapo, Bleu y CauGirl. Apenas pongo un track de prueba y comienzan a gritar como si les fuese la vida, y eso es emocionante, a la par que algo perturbador: es como cuando los padres celebran un eructo del bebé por todo lo alto en un bar a primera hora de la mañana. Y cuando el equipo parece que suena bien, se apuntan al jolgorio una serie de randoms de actitud neutral, junto con Charlotte, Chr y el resto de Djs que pincharán luego y que no mencionaré para evitar joder el SEO sin estupefacientes de sus webs. Pero todos están ahí, de algún modo, y tienen ganas de bailar y gritar, de decir esto está cojonudo y lo estamos petando. Porque acaba de comenzar 2015 y todo inicio con antecedentes aspira a haber aprehendido algo de lo anterior. Y mientras enchufo el primer track, por sorpresa, como si de un alud mental se tratase, todo 2014 se despliega ante mi adormecida memoria. El shock es casi total. De golpe, veo 2014 como el año en el que más me ha costado montármelo pro: viajar, escribir, terminar un libro del tirón; pero también el año en el que más entrevistas alucinantes he hecho, el año en el que he trabajado para más gente diferente y el más disperso y arrollador de los que recuerdo. El año del todo es posible y el año en el que, justamente, más esfuerzo ha sido necesario para lograr un acuerdo de mínimos. 2014, un año explosivo pero sin víctimas, aunque con un desgaste demoledor que notan mis brazos cuando trato de encauzar el segundo track. Intento bajar el shock, reducirlo. Qué fácil es montarse el pajote mental uno mismo, hacer un rewind chungo hasta exprimir la propia paciencia y naufragar en un pantano de profundidad desconocida y agua turbia. Ya fue. Para, Vanity. Esta reflexión darky y que, en realidad, es tan ambigua que podría servir a mucha gente como discurso topicazo ebrio para cualquier otro fin de año, me da nauseas a mí mismo y lo resuelvo dejándome de mierdas y dándole al tercer track, y al cuarto. Chr se lo está pasando bien, y colegas como Ton parecen encantados con el lío que intento armar. La crew Audi A1 está totalmente in, conectada con el furor rural de la sala techno del pueblo. Algunos amigos han intentado inmortalizar el menda-orquestra, pero con poco efecto: las fotos no suelen revelar mi apariencia física con claridad. Esta foto la tomó Chr:

Dj * Vanity Dust Dj

Incluso yo mismo intenté editarla para ver cómo soy, pero no he conseguido nada que clarifique algo, ni que no me confunda con cualquier violador amateur de barrio o con Inspector Norse. Què hi farem.

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La selección de temas continúa animando a los allí presentes, mientras la primera hora del año llega a su fin y me dispongo a encarar la segunda con el mismo onfireismo más sudor. Mientras pincho, me cuesta encontrar tiempo para liarme un cigarro o para beber; he previsto mal la producción de vicio, con lo que tengo que aguantarme con los restos. Es lo que ocurre cuando no practicas en directo, te olvidas de los detalles más importantes. Tiembla mi pierna derecha, vibran mis manos y la controladora, se calienta la narcosala de luz roja al lado de la pista. La energía, percibo, se dirige más o menos en la misma dirección: high. La gente sonríe y, obviamente, en otro universo, la sala pachanga está a rebosar. El bienestar y la paz que se respira este año en la escena techno es gracias a un entregado colega, al que llamaremos Pachangakaze, que ha decidido sacrificar su dignidad y tiempo por el bien de todos nosotros. Efectivamente, el kamikaze salvador ha logrado distraer a la gran manada de hulais random para que el resto de peña decente podamos comenzar el año en paz, ciegos, felices y con nuestro techno, en una sala exclusiva. Si aquí suena Maceo Plex o Paranoid London, Pachangakaze hace lo propio con Shakira o King Africa. Pachangakaze es el amigo mercenario que todos hemos querido tener alguna vez. Mi mayor deseo es que, gracias a sus dotes como Dj Fukushima de cerebros, logre enganchar alguna chorba lerdo-pija y pueda sumergir su micro manchado de Cuarenta Principales en un fértil y acaramelado escote. Pachangakaze, we love you.

Me atrevería a decir que la voluntad que guía mi sesión es lo mejor que logro proyectar y compartir con los demás de mi espectro comunicativo-emocional. Si con la literatura todo queda enjuiciado por una mente poluta y con ganas de jarana, con la electrónica mi única preocupación es que la cosa fluya y la gente baile a ful. Nada más. Igual que ElCapo que, con su ración de setas encima, pasa enganchado a las paredes de las casas explicando que es su deber ir enganchado a las paredes [sic]. Del mismo modo que hay una crew muy onfireista que alquila el #technopueblo, arriesgando dinero, invirtiendo tiempo y exponiéndose a líos, para que 200 personas podamos hacer el cabra sin restricciones y fuera de todo (salvo Pachangakaze, we love you). Por muy jodido que esté el asunto, los pequeños nichos de peña que lo intenta es lo que acaba dándole al zeitgeist algo más de sentido.

El amanecer en el #technopueblo será tremendo. Nos perderemos con MyDear por el campo y arreglaremos el mundo dos o tres veces, del tirón, mientras contemplamos el ridículo quehacer de los patos y las ocas y las gallinas en el corral. Las excentricidades, a partir de las seis de la mañana, son lo habitual y lo reconfortante. Ahí dentro, el techno es cada vez más demoledor y sí, tras haber liquidado mi set de dos horas, siento un 2015 con buenos graves y sin sync.

Vanity Dust_Dj New Year's Eve 2014 @ Estratechno Secret Acid Town by Vanity Dust Dj on Mixcloud