Momentos que cambian la vida

No recordaba que el tiempo es relativo; en los últimos meses todo transcurría a un ritmo estable. Bien en París, o en los paraísos fiscales o debajo de algunos puentes -haciendo una cordial visita a los más necesitados, repartiendo manifiestos comunistas para jalear al personal, obviando sus insistentes demandas de crack de Baltimore-. El pasar de las horas, los momentos, con sus subidas y bajadas, alteraciones puntuales, respondían a cierta lógica subjetiva y, en cierto modo, racional. La coherencia, podríamos decir, la correlación entre el tiempo que pasas y la sensación de que en efecto, has hecho cosas que se corresponden con el movimiento de las agujas del reloj, se mantenía estable.


Tampoco recordaba, como si un movimiento más allá de mi voluntad me hubiera empujado a desprenderme de ello, que una mirada, un gesto, un tono de voz, podían trascender un espacio-tiempo concreto y alcanzar, o en otra palabra también válida, conquistar, la herrumbrosa y hermética estructura sentimental de una persona, accediendo a un estrato más allá de lo perecedero.

No recordaba muchas cosas. Pero no seamos falaces...

Al optar por la palabra "recordar", uno pretende mostrar que sí, que esto ya lo había vivido, y que ahora lo revive de nuevo. Siempre es bonito decirle a una persona o hablar de una situación con el "me ha(s) hecho sentir de nuevo". Un paraíso perdido, que regresa de nuevo, que florece en esplendor para recuperar un modo de sentir vivido anteriormente, considerado hasta la fecha como irrecuperable.

En el caso que nos ocupa, evitaremos esta actitud común, no por ser vulgar, sino por ser insuficiente.

Se ha hablado aquí del tiempo, del espacio, del sentir. Ello nos lleva, casi por necesidad, a la vida, en su más abstracta concepción. Uno no sabe ni sabrá jamás lo que es la vida. La ingenuidad del que considera poseer su secreto es, por decirlo de un modo suave, precaria.
Por mucho que sea una frase extendida y respetada, usada en cualquier contexto pseudofilosófico, no pienso suscribir el "Solo sé que no sé nada". Y una mierda. De hecho, las personas más estúpidas que conozco son las que más repiten esta frase, queriendo decir, en realidad, "creo que sé tanto que me permito el lujo de parafrasear a Sócrates con (muy) falsa modestia". Sabemos cosas. Sé cosas. Especialmente, ya que estamos en la época de las subjetividades y los escepticismos, puedo afirmar, quizá de modo cartesiano, que sé que sé cosas o, de un modo sensitivo, que sé que siento cosas. Suena algo tautológico, pero lo considero necesario para seguir adelante. En resumidas cuentas, sé lo que he sentido y, como bien parece, estoy tratando de saber lo que siento ahora.

Sé que no siento nada que haya sentido, y no caeré tampoco en el nunca me había sentido igual, otra desechable actitud, que tiende a menospreciar las experiencias pasadas e idolatrar la situación o persona que nos hace sentir ahora como nunca.

¿Y qué es lo que sé, y lo que sé que siento, entonces?

Sé que ciertas, llamémosles variables emocional-racionales, experimentan sendas transformaciones que desmiembran y reconstruyen, casi simultáneamente, mi psique y mi entramado de percepciones. Contigo, y de un modo tan flagrante que no puedo permitirme disimular o bien ocultar.

Regresando al plano de lo concreto, del detalle, del bisturí observador, que muchas veces, bien descrito, nos lleva a la comprensión global, describiré, lo mejor que sé, aquello que te pertenece, solo a ti y, al mismo tiempo, al encontrarte conmigo, aquello de ti que hace fundir mi tiempo, mi espacio y mi vida en, digámoslo en términos cinematográficos y salgamos de las formalidades poéticas, algo parecido a lo que fue el cine clásico y la irrupción de la Nouvelle Vague.

Me refiero a la percepción del tiempo que bascula y se dilata y se contrae con tus suspiros y en el hipnotizante vaivén de tus collares y pulseras. En los mundos que tus suaves facciones dejan entrever cuando acompañan y matizan tus palabras. En el símbolo de la paz que escondes, como si nada, en tu muñeca. No es político, no es hyppie, sencillamente, al fijarme en él he encontrado una cariz más de tu carácter.
Y al desafío perpetuo con el que afrontas el destino, que desoyes pacíficamente (¿lo ves?) al no ceñirte a sus sutiles exigencias. Cuando tu plan comienza con un interrogante y termina con una improvisación.
Y tu mirada huidiza, que presiento que es mucho más firme y afilada de lo que quieres hacer creer. La escondes con los ojos medio cerrados, pero cuando algo te los hace abrir del todo, su brillo absorbe una eternidad.
A tus gestos, que pueden parecer bruscos (tocarte el pelo, desviar la vista hacia arriba en busca de la palabra adecuada, intentar prestar atención súbitamente cuando no puedes parar de reírte). No lo son, más bien denotan una feminidad abrumadora, una energía candente, una expresión de seguridad que a ti misma te sorprende, y una arma de seducción que no sabes cómo dominar, es demasiado pura, y mancillarla sería luchar contra tu naturaleza.

Me refiero a tus misteriosas preguntas sobre en qué lugar estás ubicada en mi vida, una curiosidad voraz, un tentar la respuesta definitiva.
Y a tus saltos, también en diminutivo, que emanan, de nuevo la cito aquí, una energía repleta de ilusiones.

Todo ello -y mucho más, que por necesidades de espontaneidad me cuesta evocar ahora-, como he anticipado, retumba y reverbera en mi espacio, tiempo, sentir, y en mi vida, de un modo que rompe con cualquier esquema clásico concebible (concebido). Es una manera diferente, radical, rompedora, expansiva, que bien firmarían Godard, Truffaut y Rohmer en sus películas, que cambiaron la forma de entender el arte. Nacieron los silencios, los planos fijos, la iluminación natural, los personajes sin destino, las pequeñas historias, los finales abiertos, la condición humana, sin artificios.

Cuando quieras, si alguna vez lo precisas, puedes hacerme de nuevo, ahora sí, la pregunta definitiva.

¿Qué lugar ocupas en mi vida?

Anticipando la respuesta, deslizando un poco más mis manos por el teclado, tu lugar, repito, tu lugar, es tal que no cabe en ningún backstage.

Los Rollings son geniales ¿Qué hubiera pasado si la canción You can't always get what you want" la hubieran invertido en positivo? You can always get what you want. Si hubiera sido así, sería perfecta para este momento.

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