Robin Hood con un bate de béisbol

Cuando tengo un rato libre entre mis diez horas lectivas, suelo tumbarme en medio de la calle (a poder ser, delante de un Bershka) y miro al cielo. En Barcelona, lleva dos días encapotado. La lluvia cae sin tregua y golpea mi tez fina y bronceada artificialmente. Hay personas que reprochan mi actitud indigente, pero Karl, mi escolta alemán, les golpea la médula espinal con un bate de beisbol. De este modo, ya no me siento solo, a los veinte minutos de estar tirado en el sucio suelo, un grupo de futuros inválidos me hace compañía. En realidad, detrás de este violento y rutinario proceso, se esconde un bello acto a lo Robin Hood. Todos los carteristas de la zona me saludan y me siguen. A medida que los transeuntes cabreados van cayendo a mi alrededor, los ladrones les roban todo cuanto llevan encima. Si Bimbo proclamaba en su slogan "por un mundo más tierno", Karl y yo proclamamos "por un mundo más justo.

Post escrito tumbado en la calle.

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