Rizoma deleuziano & Portishead

Sales a la terraza, el espacio aquel en el que un día pusiste plantas que regaste durante 3 días y que luego fue derivando hacia convertirse en un cenicero con vida propia. Las colillas se acumulan y forman tapones en los desagües, y cuando llueve el vecino de abajo tiene goteras con nicotina y polvo de tabaco que permean sus paredes y, con suerte, manchan su televisor y la cuna de su hijo. Son los pequeños detalles insidiosos de la vida, y que comunican tu existencia a los demás seres con el que no mantienes una relación afectuosa, más bien circunstancial.
Sales a la terraza y das una calada al cigarro y por alguna razón, llámemosle dicha mental o aleatoriedad pensante, entiendes alguna cosa que antes no concebías. Comprendes que si la humanidad tendiese al infinito los cuerpos de los muertos se amontonarían de tal forma más allá de los cementerios y podrían usarse las tumbas como escaleras mecánicas en los centros comerciales. Podrías subir encima de cadáveres puestos al servicio del consumidor tipo. Los referéndums que se han puesto de moda en el fascismo posmoderno, en el que se permite votar al ciudadano sobre si prefiere una calle con tranvía o un paso de zebra de color rosa, tratan de ocultar alternativas mucho más productivas, como bien sería poder elegir si se quiere una cervecería con LSD de serie o un banco con tipos de interés negativos.
Sales a la terraza y fumas y tiras la colilla en el macetero y pillas el mando del MacBook y enciendes el iTunes y suena Portishead, y un día más en este planeta, una eternidad dando vueltas alrededor de una bola caliente. Lao Tse por lo menos escribió algo útil, y luego se pasó a cultivar césped sintético. Y los filósofos en general le han dado vueltas a este suceso llamado vida humana, y Foucault pensó que la sexualidad y el poder estaban relacionados. Aunque apuesto a que también le gustaban las patatas fritas (con un poco de mayonesa).

Sales a la terraza y fumas y tiras la colilla y enciendes el MacBook y suena Portishead y llamas por teléfono vía Skype. Al otro lado de la linea, no sabes quien hay, puesto que has llamado al azar. Random style.

-Hola, mira, te comento. Acabo salir a la terraza y he tirado la colilla y he encendido el MacBook con el mando a distancia y suena Portishead. Y Foucault pensó que la sexualidad y el poder estaban relacionados. Y, del mismo modo, el rizoma deleuziano es aplicable a la estructura postpoética desarrollada recientemente en el seno (o pezón) del núcleo nocilla.
-Mire, ya tengo Internet, y no me interesa contratar nada.
-Verá, estoy impartiendo saber de forma filantrópica random style, no menosprecie mi actitud de budista industrial aleatorio. No soy consumidor de pollo al ast, con lo que tampoco pretendo venderle Internet. De hecho, me ha caído mal. Es posible que dentro de pocas horas sufra algún tipo de acoso laboral. Dicho esto, le dedicaré unos versos.

Es, usted,
un imbécil.

Para apreciar la precisión del poema hay que recitarlo delante de un espejo con el marco de oro y con una copa de vino tinto en la mano derecha.

Cuelgo. Enciendo otro cigarro. Fumo. Siento que mi alma se purifica de nuevo, ayudar a la gente siempre ha sido una de mis prioridades. Todos necesitamos ayuda. Algunos sexual, otros intelectual, otros para suicidarse. Entro en casa, contemplo el comedor, la sopa Campbell, las entradas para el Sónar 2010 plegadas encima de la mesa auxiliar de lectura.

Cierro los ojos. Escucho Portishead. Trato de no pensar en nada que no valga dinero. Difícil reto. Zumo de naranja (con naranjas compradas por Internet sacadas directamente del árbol).

Como anécdota, recuerdo que Smahing Pumpkins son un reducto musical desaparecido. Y no se les echa de menos. Normal.

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