Reflexiones de un hombre vulgar acomodado, ¿no?

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Se sentó en el café al que acudía desde hacia ya varios años, posiblemente desde que se separó. Y escribió una vez más en su libreta, cosas que no le llevaban a ninguna parte. Lo sabía, pero así podía matar el tiempo.

Noche. Oscuro. ¿frío?. No lo siento; lo presumo. En derecho, la buena fe se presume siempre. El derecho, cuando interviene y sale de los juzgados para salir a la calle a ordenar la vida civil, suele hacerlo porque se ha obrado de mala fe. Paradoja. Una más. 

Las horas se suceden con su habitual constancia, regularidad. A nivel formal, todo ocurre con la misma parsimonia y estabilidad. Poco importa si ha sido intenso, doloroso, fugaz. Todo se sucede, bajo números que son dígitos que van sumando y empezando de nuevo al cabo de un lapso que todos, para bien o para mal, conocemos.
Suelo no tener tiempo para escribir sin tenerlo encima, revolviéndose y golpeando para que me aleje de una vez a hacer otra cosa. Acelerado. Acelerados. Atosigado. Atosigados. Es el axioma de nuestra era, de nuestra generación. La del fin de un mundo. ¿cuantos mundos han existido ya?.
Y parece ser que nunca es suficiente, tiene que haber más. No hay tiempo para barrer, hay que seguir con la discordia y la cordura hacia el horizonte. Brille o no. Sin o con sentido. Consentidos y crédulos, caminamos y nadamos y volamos para llegar allá. A ése lugar, en vida. Porque tiene haber algo a lo que llegar en vida. ¿Si o no?. Tiene que haber algo... por lo que luchar y sentir. Algo antes de la muerte, algún lugar o destino en el que seremos bien recibidos y tratados como nos merecemos. Ahí, casi puedo verlo. Tengo intuición, si, eso es. Estoy en lo cierto, ¿no?. Estoy... convencido. Todos tenemos que estarlo. Comprar algo, puede ser un buen medio para llegar. Querer algo, también. Por encima de todo, desearlo. Sí, eso es. Desear. ¿deseamos aquello a lo que queremos llegar?. Sí, puesto que si no no lo desearíamos...¿soy inteligente?. Saciar un deseo es llegar... antes de la muerte.
Antes de la muerte, sólo tenemos deseos.
Antes de los deseos, no tenemos 
nada.
De hecho, sí. 
Tenemos la vida.
Canción que me acompaña
 
Autor: Ludovico Einaudi

Tema: Quel Che Resta
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