Recuperando la forma

Como habéis visto, los últimos posts han discurrido por muchos avatares, y han dejado en un segundo plano mi prosa destructiva que aman, especialmente, los usuarios anónimos ya ahuyentados por un nuevo control en los comentarios. Recupero pues, con deseo de agradar, un relato improvisado dotado de la vanidad correspondiente.

Vivo en Pedralbes, la zona alta de la ciudad. Es alta porque, efectivamente, está por encima de los otros barrios y, en segundo lugar, porque hay mucha más pasta concentrada en 4 casas que en una manzana de Les Corts o de cualquier otro barrio sucio de Barcelona. Tengo vigilancia privada en casa cada día, las 24 horas y hay un cambio de vigilante cada 8 horas. 3 personas con uniforme, porra y pistola que dejan sus casas y sus familias "desprotegidas" para velar única y exclusivamente por y para mi seguridad. Vivo solo, no tengo hijos. Tampoco pareja. Soy joven y aprovecho mi estatus social para follar sin compromiso. La mayoría de tías que me follo no son demasiado inteligentes, así que después de correrme en su cara (todas acaban cediendo, aunque insistan en que se les puede enganchar el pelo), las echo educadamente ofreciéndome a pagarles un taxi hasta su casa. Reconozco que las horas que me paso en el gimnasio favorecen a agrandar mi currículum sexual. Mi gimnasio es de lo más agradable, por el precio de la cuota, unos 550€ mensuales, tienes 1 hora de masaje al día, 3 jacuzzis con distintas temperaturas y chorros de agua, un entrenador personal que te recomienda una dieta y un grupo de ejercicios acorde con tus objetivos y pretensiones. Tengo un buen trabajo, de ésos en los que tienes que poner cuerpo y alma. Cuando estoy en él, me esfuerzo para darlo todo, comprar-vender-crecer-ganar. Por eso me pagan y por eso tengo la vida que llevo. Mucha gente, en su mayoría celosos y resentidos, llenan su boca con palabras de desprecio hacía mi estilo de vida y el de mis compañeros y socios. No somos felices, nos escondemos, solo trabajamos, somos ambiciosos y no tenemos escrúpulos. Menudas sandeces. ¿Tenéis la menor idea de lo que es levantarte a las 7 de la mañana, darte un baño en la piscina climatizada, desayunar leyendo por encima Wall Street Journal on-line con un café Nespresso edición extralimitada regalada por el RR.PP de Nestlé Suiza para luego, bajar al párking y en mitad del ascensor apretar el botón y escuchar a distancia como la alarma del Porsche 911 se desactiva?. No somos felices. Claro que no. A todos ellos les digo: Vosotros, con vuestra mierda de curro, vuestra mierda de piso compartido, sudando en un autobús yendo al curro, que tarda siglos en hacer 4 calles, con vuestro móvil de mierda de tarjeta que no os paga la empresa, tomando copas en bares llenos de gente con harapos que ni dios conoce, vosotros sois felices?. ¿Es un mamón un tío que puede ganar en media hora lo que otros ganan en 3 meses de curro?. El mundo no lo he ideado yo, este sistema no lo he diseñado yo. Mi vida vale exactamente igual que la vuestra, pero mis posesiones, mis contactos, mi mundo, sencillamente me sitúa en otra dimensión. Una realidad paralela que discurre impasible por encima de vuestra rutina, de vuestros deseos y de vuestros anhelos. El mundo se está yendo al traste, y lo único que he hecho es colocarme lo mejor posible para llenarme de mierda lo menos posible y, el Estado y la ley, me amparan. No he hecho nada malo. ¿Ser más rico que el 99% de la población es malo?. Que me detengan por ello, que me maten. Aunque recuerdo que lo tienen difícil, mi Porsche tiene los cristales blindados y mi casa varias cámaras de seguridad y tres vigilantes que se turnan cada 8, las 24 horas del día, los 365 días del año.

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