Rave

Textos, poemas quebrados, escritos bajo el son de la música electrónica, techno minimalista, ruido estructurado metálicamente, falto de humanidad, abundante en desubicación temporal y que rechaza autoridades de cualquier tipo. Salvo los bajos, claro.

Rave

No recibiste invitación

Ni conoces el programa de actuaciones

Llevas la tarjeta de crédito,

¿Cómo te lo vas a montar sin ella?

De todos modos, puedes usar el documento de identidad,

El carné del videoclub, el de socio del FNAC, Seguridad Social, Alcohólicos anónimos, targetas de médicos en general, com el del psiquiatra de la zona alta al que vas desde

Los 12 años, por ejemplo.

Posiblemente te vas a perder para llegar,

El GPS no entiende de estas cosas

Gire a la derecha, 100 metros, izquierda, cruce el puente…

Ubicación desconocida

¿Por qué has decidido ir solo?

Hace dos semanas que no miras el reloj

Ni sabes que día es, pero ellos estan ahí

Y nunca se llega tarde y siempre eres bienvenido

Cruzando el campo, que sabes que luce un verde espléndido durante el día pero que de noche no puedes apreciar,

Sientes un profundo mareo;

vas pasado de algo

Que olvidaste lo que es y hace horas, días, semanas

Que no miras el reloj

¿has adelgazado?

Rascas tu nariz con insistencia.

entre picor, escozor e irritación respiras con dificultad.

Abres los ojos, ¿te has quedado dormido otra vez?

Un cúmulo caótico de coches amontonados en un descampado

Indica que has llegado, que ya estás ahí.

Apagas el motor y bajas,

la tierra que pisan tus deportivas sucias es puro barro

Te encharcas hasta los tobillos y sientes cómo la humedad se cuela por entre tus

Huesos.

y escuchas música.

Sí, por fin, música. ¿música?. Sí, eso, el ruido que te aturde y te succiona y te transporta al lugar del que nunca deberías haber regresado.

Pupilas desorbitadas y aullidos desaforados, retumban entre altavoces conectados a cables, a su vez conectados a ordenadores, enchufados a viejas baterías sometidas a los embistes de subidas de tensión fruto del exceso y exigéncia tecnológica, que exhibe su desenfreno y desemboca en decenas de tímpanos edulcorados por cuerpos excitados y sudorosos que se contonean sin rítimica alguna , como poseídos por aquello que siglos atrás en los pueblos perdidos llamaban diablo.

Pero tu sabes que ahora el diablo tiene otro nombre, subvertido y reencarnado y remasterizado.

Libertad.

Miras al cielo y distinguies algunas estrellas, impasibles y serenas.

Contemplan lo que pasa ahí abajo, dónde tú estas y ellos están, rodeados por chatarra desquiciada.

¿Has venido solo? ¿has adelgazado? ¿qué hora es?

Sacas tu tarjeta de crédito.

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