«Putos dealers» O un encuentro en una iglesia con (el gilipollas de) Vanity Dust

page25image984
Albert Kadmon es un joven y voraz estudiante de periodismo que me contactó hará cosa de un par de meses para hacerme una entrevista para un trabajo suyo de la facultad. Me pareció entrañable y encomiable que creyese que tengo algo que aportar a un trabajo académico, así que acepté de buen grado y nos encontramos por la zona alta de Barcelona. Hacía un frío de cojones. 
En su trabajo periodístico-literario ha entrevistado a otros escritores que, con mucho más acierto que yo, le han granjeado, junto con su buena prosa, un trabajo que espero que, como mínimo, le haya valido por una buena nota y por varias náuseas al profesor. Encima, lo ha maquetado de puta madre y se puede descargar toda la merca aquí

Vamos allá con "el encuentro". Ahora que lo releo, me congratula saber que todavía mantengo el tipo en algunas entrevistas para presentarme como un completo gilipollas. Nada más cerca de la verdad. O casi. 


Joder, Vanity. ¿Qué necesidad había de quedar en una jodida iglesia?
Eh, eh, tranqui. ¿No ves que tenemos cara de pecadores? ¿Qué mejor lugar para quedar que una iglesia? Pareceremos exyonkies, a nadie se le ocurre ―pasar en una iglesia.
No me toques los huevos, Vanity. Además, tu chico llega tarde.
Ya sabes como son los putos dealers, siempre tarde. Van tan puestos que viven sin reloj, ¿no suena ideal? —dice mientras saca un pitillo y se lo acerca a Kadmon.
La escena resulta divertida. Dos tipos con abrigo y gorros cutres, fumando en el portal de una iglesia y mirando continuamente a ambos lados. Son la ocho de la noche, es invierno y ya es oscuro. El portal de la iglesia –vieja, integrada en el casco de la ciudad- parece absorber toda la luz de la casi desértica plaza.
O paramos de hacer el gilipollas y nos calmamos o aquí hoy no pilla nadie— dice Vanity.
¿Vanity? dice Kadmon mientras juega con el humo del cigarrillo.
¿Si?
¿Tú escribes, no es cierto?
Sí, tengo alguna cosa por aquí y por allí— la mirada de Vanity se muestra perspicaz y por fin se gira para mirar a Kadmon a la cara.
¿Y por qué lo haces? Es decir, ¿por qué perder tu tiempo con la literatura?
La mirada de Vanity se vuelve condescendiente y piensa la respuesta mientras saca un nuevo cigarrillo.
Putos dealers, siempre tarde— eso le da unos segundos más para pensar la respuesta—. Bueno, la cuestión es que si no escribo me vuelvo loco, ¿me entiendes? No tiene nada que ver con que tú o su puta madre me lea o no. ¡Escribo para mí, para mantenerme cuerdo! —Vanity es capaz de decir todo esto mientras se enciende el pitillo y da una calada como si la vida le fuera en ello.
Sigo sin entenderte.
Joder, está muy claro. La sociedad es muy aburrida, insípida. Está llena de límites. Estoy hasta los huevos de aguantar esta historia, de intentar caerle bien a todo el mundo. De que todo el mundo sepa de qué va esta puta vida, ¡nadie sabe de qué va la vida! —la retahíla va acompañada de un movimiento de todo el cuerpo para mirar a Kadmon a la cara. Parece que, con el frío, si moviera el cuello, la cabeza y el cuerpo se iban a romper como el hielo.
Además, ¡yo soy un emprendedor! ¿Me sigues? Joder, no pongas esa cara que parece que vayas colocado. Me refiero a mis motivaciones. Yo empecé en la movida el día que entré a YouPorn y vi que un vídeo de un gordo zumbándose a un pivón tenía diez millones de visitas. ¡Joder, ahí hay un nicho de mercado! ¿Quién escribe para esos diez millones de depravados, eh? Somos una sociedad de pervertidos y eso debe hacerse presente en la literatura. Eso lo descubrí con Bukowski, esas ganas de dejar de fingir.
En ese momento una chica empieza a subir la escalera. Lleva falda –pese al frío- y una bufanda con borlas, es evidente que viene de un colegio caro. Los dos yonkies tratan de pervertirla con su mirada pero ella ni les ve.
Puta guarra. ¿Has visto cómo iba vestida? ¿Qué puto sentido tiene que les hagan llevar faldas por eso de parecer más chica, más inocente? ¿No saben que las faldas son realmente más provocadoras? Esto me molesta tanto —dice entre dientes mientras apaga el cigarrillo y saca uno nuevo, dando a entender que la culpa de que vuelva a fumar es la indignación que siente—. Además, este tipo de chicas es de las que leen historias de templarios y esa mierda de literatura, ¿es que no se dan cuenta que los templarios se zumbaban a sus madres? Pero bueno, escucha esto, las chicas guapas, listas y sexys se acabaron en los sesenta, ¿me pillas? A estas el percal que hay en el mundo no se lo explicaron de pequeñas.
Kadmon, mientras, sigue en la misma posición. No le gusta esperar y menos a un puto dealer. ―¿Quién le mandaría hacer caso a Vanity? Está colgado, piensa en sus adentros mientras trata inútilmente de hundir más las manos en los bolsillos, como si por una cuestión de fuerza fueran estos a volverse más hondos para calentarle más. ―De todos modos, mejor seguirle el rollo.
Sigo sin acabar de entender porque escribes sobre cosas horribles si lo que pretendes es no volverte loco. Digo yo que lo mejor sería escribir cosas reconfortantes.
Parece que la frase de Kadmon ha tocado la fibra sensible de Vanity.
¿Ves? Eso es lo que piensan un montón de gilipollas. Cuando leemos cosas desagradables nos reconforta porque vemos que hay más gente que piensa como nosotros. Lo agradable no es interesante. ¿Has visto Algo pasa con Mary? Imagínate la jodida película si el prota hubiera ido puesto de coca. Esa sí hubiera sido una buena peli —asiente Vanity ligeramente, no sea que el cuello se mueva demasiado—. Hubiera tenido un punto de imprevisible y hubiera abordado el tabú de las drogas; ¡joder, mucha gente se droga y no aparece en las pelis!

De un solo movimiento Vanity se planta delante de Kadmon y se acerca como si fuera a contarle un secreto.
Mira chiquillo, tu eres joven aún y no lo comprendes. Claramente hay una conspiración de los de ―arriba para que nadie tome drogas. Quieren fumarse ellos toda la mierda, ¿te puedes creer qué egoístas? Las drogas pueden autodestruirte pero también pueden ayudarte a hacer cosas nuevas y eso lo sabe todo el mundo. Mira la historia de la literatura, la música y la pintura. ¡No me jodas! —grita finalmente, mientras se levanta con la punta de los pies para mostrar indignación. Parece que su técnica cervical ha alcanzado la perfección y cabeza y cuerpo están en un mismo eje de metal. Lanza el pitillo y lo aplasta con rabia con unos zapatos que no van acorde ni con el abrigo ni la gorra.
Eso sí, si eres gilipollas lo seguirás siendo drogado o no. Se trata de un tema ―exponencial, ¿entiendes la palabra? De abrir las puertas de la percepción. Yo estudié periodismo, ¿lo sabías? Las drogas son clave para el periodismo: la ―objetividad es una puta falacia y está todo lleno de límites estilísticos; las drogas te ayudan a subvertir todo el proceso, a olvidar que estás trabajando para alguien. Puto dealer.
Parece que la espera hace estragos en Vanity y su carácter. Ahora que ya está suficientemente entrenado en el control de su cuerpo parece que la técnica inmovilizadora se extiende poco a poco a las extremidades. Kadmon piensa que si sigue así caerá por las escaleras y se romperá en mil pedazos, por lo que podrá cogerle el dinero y ―pilla para dos; jugar con la idea es más gratificante que el sermón. De todos modos, no se arriesga y lanza otra pregunta para que Vanity no se dé cuenta que sus minutos de atención ya han pasado.
¿Y todas esas guarradas? Al sexo me refiero, ¿cómo se escribe un buen polvo?
¡Buena pregunta! ¿Cómo se escribe un buen polvo? Bueno, para empezar el sexo es omnipresente; ¡como Dios, ja! Ayer miraba un anuncio de un sostén falso para niñas del Primark aún no aclara sus ideas—. Es decir, el sexo es libertad —pronuncia como si fuera un lema personal—. Eso sí, no olvides que también puedes jugar con la esclavitud del sexo, ¿me entiendes? —parece que sus respuestas son tan buenas que merecen un nuevo pitillo. Esta vez le acerca otro a Kadmon.
Y respecto a cómo se escribe un buen polvo, pues debe ponerte cerdo. Sin tabúes. La sociedad está llena de tabúes —dice mientras con sus ojos señala la iglesia. Su técnica es ya casi tan perfecta que ya no necesita mover el cuerpo—. La autoayuda y la religión tratan de cómo esconder esos tabúes. Yo creo que la autoayuda es autosodomía; como te he dicho, el sexo es omnipresente.
Aunque Kadmon ya sabe la respuesta se siente obligado a preguntar. Si no fuera porque es un puto yonkie pasaría del dealer y se iría, pero un largo fin de semana le espera por delante y no le gusta estar a solas con sus pensamientos.
— Tú no crees en el yo interior ni en nada de eso, ¿verdad? A mí hermana le ayudo mucho todo ese rollo.
— Mira, tu yo interior es un puto colgado. Está atrapado. Si funcionara tan bien la autoayuda, ¿seguirían habiendo tantos divorcios? ¡No me toques los huevos! Me da tanta rabia. Ja, ja, ja —su risa se ahogaba con el humo—. ¿Quieres que te diga una frase de la Biblia? ―Vanidad de vanidades, todo es vanidad‖. Pues eso, quieren creer que todo va bien, sin malos rollos ni nada de eso. Mira Facebook o Instagram: soy muy guay, me pongo muy moreno, soy muy malote, me estoy comiendo a un puto gatito... ¡No me jodas, eso no es vida! Vida es pasarlo de puta madre, llegar al extremo y reconocer que estás lleno de
heridas. Las cicatrices ponen perracas a algunas chicas, ¿lo sabías? ¡Va, qué va a saber un niñato como tú!
Para empezar sé números de dealers de verdad, no como tú, que se te ha ocurrido llamar al más colgado de toda Barcelona. Cuando cierren se acabó la puta coartada, volveremos a ser dos colgados en un portal —sin darse cuenta, Kadmon ha copiado la técnica antifrío de Vanity y le contesta todo esto sin tan siquiera moverse.
Tranqui, tranqui. Puto dealer. Mira, si cuando cierren no ha llegado nos vamos, ¿vale? Podemos pillar en otra parte. Además se está haciendo oscuro y odio volver muy tarde a casa. No sabes nunca cuando un puto yonkie imprevisible puede salirte al paso. Putos yonkies.

Ya ninguno de los dos fumaba pero el frío hacía que su respiración pareciera humo blanco saliendo de sus bocas. Kadmon sabía lo mal que lo pasaba alguien con el mono y se sintió un poco culpable por increpar a Vanity. A veces los yonkies se sienten culpables sin motivo. Decidido, le hizo otra pregunta.
¿Y la música que escuchas?
— ¡Qué voy a contarte! La música me parece tan, tan... ¿liberadora? Como el sexo, sí. La música es algo sexual, ¿sabes? Como cuando discutes con tu pareja y el polvo termina con la pelea, la música electrónica termina con el discurso rockero o indie. ¡No me importa que vuestra novia os deje! Por eso me gustan las raves, romper con todo, incluso con los horarios. La música electrónica es compulsiva, como la literatura flow.
¿Y qué es eso de la literatura flow? ¿Te lo has patillado, cabrón?
Parece que a Vanity le había alegrado la pregunta. Lo había hecho a posta.
Sí y no. Deja que te explique. ―Literatura flow es sólo otra forma de llamar a la escritura como flujo de conciencia —por fin Vanity sonreía, su respuesta sonaba tan profesional—. Escribir impresiones, tal como te viene a la cabeza, escribir sin saber cómo va a acabar...
En ese momento el dealer apareció por la esquina andando hacía los escalones de la iglesia. Vanity hizo un movimiento tan brusco que Kadmon asumió que su amigo se iba a romper. Fue como si después de que nevara durante horas encima de alguien, éste con un movimiento brusco tratara de quitarse toda la nieve de encima. De un salto se plantó en las escaleras y otra vez su cuello recobró la movilidad, mirando a ambos lados mientras se acercaba su colega.
Puto dealer y puto Vanity. Bueno, ya se sabe cómo son los yonkies. Nunca terminan su historia. 

Albert Kadmon. Puto onfireista.
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust