Presagios

Un conocido mío, Uri, (que desterré de la categoría de amigo a la de mero conocido hace un año), tiene un pequeño trastorno. Sé que no es un un gran castigo rebajar a alguien de una consideración a otra, y lo más posible en estos casos es que el aludido ni se percate de su desvalorización. Mi decisión de bajarlo de categoría no tiene que ver con su problema. El trastorno de Uri se asemeja al de las adolescentes pijas de Occidente. Compra cosas compulsivamente para no pensar realmente en lo que está haciendo con su vida. La diferencia es que él tiene 24 años, y sus ingresos familiares apenas le acercan a la clase media. Con dos carreras universitarias a medio acabar, actualmente trabaja en una tienda de una cadena de informática. En pocos meses, ha conseguido convertirse en uno de los mejores vendedores del país. Su sueldo, estipulado en el mínimo de 600€ mensuales, alcanza los 1000€ gracias a su talento para vender seguros inútiles y antivirus anticuados que no detectan ni el troyano que te envía tu mejor amigo cuando se entera que te has tirado a su novia durante los últimos tres meses.

Dentro del abanico de sus compras compulsivas, se encuentran un Macbook, un ipod mini, dos bicicletas de montaña (se compró otra enseguida después de que le robaran la primera al mes de tenerla), una moto de segunda mano, una PSP, unas Converse negras, una Xbox 360 y una guitarra con amplificador.
La mayoría de las compras las realiza a crédito, de ahí que aún este pagando mes a mes su bici robada. Le quedan otros 8 meses para abonar el importe final. Lo rocambolesco de la historia, es que no va acumulando sus compras, sino que al poco tiempo de tener una la vende y adquiere otra. De ese modo, se gastó 230€ en un ipod nuevo que luego revendió por la mitad. Por la guitarra le dieron un tercio de su valor en Cash Converters. Con el dinero del ipod y de la guitarra, compro la Xbox, que acabaría en manos de un amigo suyo a mitad de precio. Este amigo subastó la consola en ebay y ganó 100€ más de lo que le había pagado a Uri. Con el dinero de la Xbox y un crédito compró el macbook y la PSP. Al cabo de dos meses decidió vender ambas cosas para pagarse un billete de avión a Mexico. Sus pies llevan la única pieza que todavía conserva, las Converse negras.

Su súbito interés por viajes abusurdos culminan su trastorno consumista-obsesivo. Realizó un viaje, en pleno mes de enero a Oslo para visitar a una azafata de vuelo que había conocido en una discoteca de Barcelona en verano. Según sus propias palabras "Está tremenda, una rubiaza con un culo perfecto". Convenció a un amigo para pasar tres días en la capital noruega. Calculaba gastar unos 100€. Lo que no sabía es que en Oslo un café vale 5€ y una botella de vino 20€. Afortunadamente para su bolsillo, no pagó alojamiento, se alojó en casa del supuesto pivon despampanante al que se quería tirar. La rubia había engordado unos 20 kilos desde su visita a Barcelona, el acné se había expandido como una plaga por su cara. El único sexo que tuvo fue en la ducha, masturbándose untando su miembro con jabón, para acercarse más al tacto de una vagina.
En total, gastó el triple de lo previsto.

En estos momentos, Uri está de viaje a Mexico. Ha pagado unos 800€ para ir a ver a una pueblerina amante del cybersexo. -Tiene una cara de guarra!, como me pone-me dijo la última vez que le vi.
Le deseo suerte.

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