Por un mundo sin píxeles

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Los japoneses no ven los escotes como nosotros.
Ben Harper suena. Un cuadro encima de mi escritorio blanco esmaltado. Grande, con dos caras esbozadas a grandes trazos. Las caras expresan algo así como mal rollo. Por eso me gusta. Es bueno decorar algunas partes del estudio con puntos decadentes. Destellos putrefactos que mancillan la pared blanca, pura, a la que Lars Von Trier rendiría un discreto homenaje. Los altavoces están lo suficientemente altos como para despertar a los vecinos. Tengo dos vecinos. Una familia de mierda, y unos payeses mayores. Y mi casa en medio. Como un epicentro de tabaco y ruido. También de retiro espiritual acelerado. Esta vez he subido con un compañero de batallas que se acaba de comprar un Golf Cabrio del 89. Gris plateado, llantas de aleación, suspensión bajada y subwoofer que hace vibrar la entrepierna aunque esté situado en el maletero. Es algo choni y, al igual que los cuadros con caras de mal rollo, el toque periferia de Barcelona mezclado con un coche de pijas maduras de los noventa es necesario, interesante. 
Siento una especie de éxtasis comedido al saber que me quedan tan solo 3 exámenes para ser algo así como libre. Es decir, viajar a Nueva York este verano e ir a un festival en Bélgica con gastos pagados para hacer un reportaje epiléptico. Mientras tanto, escribir absurdidades en Twitter y seguir provocando a Bisbal y fomentar el uso nocivo de Facebook. Y a ver si el mundo se hunde de una puta vez. Es curiosa la capacidad de aguante de la especie humana. La ambición por superar la humillación a marchas forzadas. Nunca estamos lo suficientemente hundidos. Vayámonos de acampada y hagamos algo bonito, como mirar al cielo y clamar por la revolución. Mientras tanto, las abuelas, aquellas que un día salieron a la calle a luchar por la República, compran juguetes Lego a sus nietos. Éstos, a escondidas, se hacen pajas con pósters pseudoeróticos de teenagers millonarias, que llegaron a la cumbre tras superar la fase del deep anal de sus representantes. Y estas chicas cantan con micros fabricados en China, relucientes, plateados, que reciben pequeñas gotas de saliva virginal que, obviamente, no lo es.
Entre tanto, llueve en la casa de campo. Y los cerdos braman en la lejanía. La lluvia se lleva el olor a mierda. Tengo que estudiar para qué sirve el saber y cómo este se legitima hoy en día. El saber, en la época del Renacimiento, se percibía en su totalidad como necesario para forjar la personalidad y el estilo de vida de las personas letradas. Ahí teníamos a Miguel Ángelo, dándolo todo. Estudiando el sistema de recogida de basura de la ciudad y, al mismo tiempo, midiendo el pene proporcional de su escultura más laureada, David. Hoy, quizá el único ente capaz de construir un David sea IKEA. Sería más barato porque lo podrías montar en casa con instrucciones para borderlines. Además, habría tres o cuatro penes de diferente tamaño que podrías intercambiar según...¡El humor del día! Día bueno, monstercock. Día malo, tamaño Alejandro Sanz. Tú eliges. El Do it yourself pasa a ser el Fuck yourself
He pensado una cosa. Cuando termine la Universidad me pasaré doce horas escribiendo y tomando Speed. Es otra forma de legitimar el saber. Es decir, no sé cómo se fabrica el Speed. Tampoco sé cómo funciona un ordenador. Pero tengo la plantilla de blogger y me gusta vomitar encima de ella y también me gusta el efecto del Speed y me gustan los vídeos porno de xvideos que me ayudan a relacionarme con mi miembro viril. Por cierto, sigo preocupado por Japón. ¿Realmente van a permitir que su gobierno siga imponiendo la pixelación de penes y vaginas? En España somos especialistas en crear partidos de mierda. Legalizar la marihuana como proyecto político, legalizar los burdeles (no del todo mal) o partidos a favor de la Gumball 3000. ¿No podrían crear un partido en Japón por la liberación del píxel en el porno? Este podría ser un fragmento de un discurso de su líder:
-Las japonesas tienen las vaginas poco peludas, y bastante finas. ¡Queremos verlas enteras! ¡Abajo el píxel!
Y la multitud, enloquecida ante tal declaración de principios, grita:
-¡Chunog pa yu ing nijlai! (¡Queremos más epilepsia con los Pokémon!)
Ahora ha dejado de llover. Cosa que me da igual. Tengo que hablar de Fausto en el examen. Explicar que se preocupaba por la aplicación práctica del saber. Aunque sigue teniendo nombre de DJ de Hardtechno.
Me retiro a leer a César Aira. Paso de píxeles. He decidido volver a no justificar los textos.
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