Entrevista a Donald Ray Pollock, autor de 'Knockemstiff' y 'El diablo a todas horas' «¿Por qué no debería poder ser una persona normal?»

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El tatuaje de Donald Ray PollockMe dijo que la foto que le pedí es la más rara y original que le han pedido nunca mis compañeros del gremio. 

«Sí, te esperaremos en el C3 Bar del CCCB. Como hace buen día, búscanos en la terraza»

Karm, editor adjunto de Libros del Silencio, cuelga y me quedo con el iPhone en la mano y el libro de Knockemstiff en la otra. Mi jeto es, sin exagerar, parecido al que supongo que puse cuando recibí cordialmente la primera mamada, a eso de los 13 años. En otras palabras, lo flipo. Así que, momento de salir de casa, cruzar el MACBA y plantarme delante de uno de mis nuevos referentes literarios del, llamémosle por decir algo, realismo sucio classic style. Las historias de Pollock son muy jodidas, es decir, imagínate lo peor que le podrían hacer a tu hermana. Trata de esbozar en tu imaginación qué tal es conocer a un camionero de la América profunda que toma pastillas de ácido y quiere llevarte en autoestop de un modo muy cariñoso. Pregúntate cuál sería el peor oficio de tu madre. Júntalo todo, mételo en un pueblo perdido de la mano de Trash en Ohio, llama a Donald Ray Pollock y convierte todo esto en un librazo y una voz que barre todo el malditismo que hayas podido maquinar incluso en tu peor noche de insomnio. Súmale ahora una novela, El diablo a todas horas, venerada por los fans, y ahora dejémonos de prolegómenos que tenemos a Pollock tomando el sol al lado del CCCB y estas cosas pasan una vez en la vida.
Para cerrar y enrollarme algo más, cosa mal hecha, podría tratar de definir a Pollock pero, al plantear la entrevista en un plano sosegado e informal, creo que poco a poco se va definiendo a sí mismo, y de ahí se desprende el verdadero escritor: un tipo licenciado en la Universidad de la Vida y con un Máster en Trash Rural Extreme, con una vida hardcore a las espaldas y que goza de un agradable y merecido período de bienestar creativo y emocional. ¿Y eso? Ahora tiene 58 tacos, y decidió comenzar a escribir sobre la cuarentena, no antes. Le puso tantas ganas, destreza y sordidez, y tenía tanto que contar, que el resultado fue arrollador. Aunque lo avala el mismísimo Chuck Palahniuk, autor de El Club de la Lucha, salta a primera vista: Pollock sabe defenderse solo. Y no hablemos de palizas.
 
Vanity: La peña que vive en sitios como Knockemstiff, o este tipo de pueblos alejados de las grandes ciudades, que a ti personalmente no te gustan, ¿cómo ve el mundo y lo que ocurre ahí, fuera de sus chozas, en un Universo que incluye, por ejemplo, Wall Street o las celebrities? 
Donald Ray Pollock: En su mayor parte, desde mi experiencia en el Sur de Ohio, creo que desconfían del resto del mundo. También a los políticos y al gobierno. Culpan a todo el mundo por sus problemas. Por otro lado, también hay gente que presta muy poca atención a lo que ocurre en el planeta. No leen prensa ni ven las noticias. Estoy seguro que más del 50% de la gente no se interesa por absolutamente nada vinculado a la actualidad.
La manera en que los medios de comunicación se han configurado en la actualidad hace que, como consumidores, no tengamos nunca una idea clara de lo que está ocurriendo. Porque está lleno de programas llenos de comentaristas dando su opinión, como en Fox News, y a veces sus opiniones no pueden estar más lejos de la verdad.
V: Los medios de comunicación también proyectan lo fascinantes que son las grandes ciudades, como Nueva York, donde encontramos los mejores diseñadores, artistas o empresarios. Parece que sea obligatorio vivir en un sitio así si eres joven. ¿Se puede seguir viviendo en Ohio?
 
DRP: Puedo entender por qué alguien joven puede desear vivir en una gran ciudad. Para vivir en una macrociudad tienes que ser joven y tener bastante dinero. Yo no tengo tanto dinero, así que vivo en un sitio barato. Especialmente, como escritor, me es mucho más fácil. Me parece que hay un grupo pequeño de gente con mucho dinero que controla prácticamente la totalidad de Estados Unidos: la economía, la política, todo...Da miedo saber que todo lo gestionan unos pocos. Tengo 58 años, pero si fuese joven claro que me plantearía vivir en Nueva York o Los Ángeles.
V: Las grandes ciudades siempre se asocian a grandes escritores. Y, en este sentido, muchos jóvenes quedan fascinados por autores como Bukowski o Bret Easton Ellis. Recrean historias chungas, sobre drogas y violencia, buscando ellos mismos participar de este mito. ¿Cómo ves este rollo? Quiero decir, tú precisamente llegas a la escritura ya con más de cuarenta años y no precisamente en busca de una vida trash y bohemia.
DRP:Yo viví parte de esta vida cuando era joven. Hasta los 32 estuve trabajando, bebiendo y colocándome. Así era mi vida. En mis treinta tenía muchísimos problemas. Me iban a despedir, y cosas así, y en ese momento tuve una especie de epifanía, fui a rehab y quedé limpio. Desde entonces, intenté poner orden en mi vida. Más tarde, en mis 45, cuando empecé a escribir, mirando atrás a lo que había vivido, y descubrí mucho material literario. Para nada era una exageración o un fake, lo que recordaba era la pura realidad, lo que había visto y vivido.
«Hasta los 32 estuve trabajando, bebiendo y colocándome»
La mano es mía.
 
«Comencé a escribir a los 45 años»
V: Parece como si, en ese momento, le hubieses plantado cara a esos años chungos de tu juventud  En vez de dedicarte a la autoayuda, metiste el dedo en la llaga.
 
DRP: Realmente solo pude escribir sobre lo que sabía. Cuando empecé a escribir únicamente copiaba a otros escritores. Luego fui escribiendo sobre cosas que le habían pasado a la gente que conocía. Quizá no fuesen grandes historias, pero eran mucho mejores que lo que había escrito antes. La mayoría de escritores escriben sobre su vida y lo que conocen, incluso aunque no lo reconozcan.
V: Entraste en la escritura tarde en comparación con los teens vocacionales, pero, ¿cuándo empezaste a leer? 
 
DRP: Siempre me ha encantado leer. Desde pequeño, aunque no teníamos libros en mi casa. Mis padres estaban más interesados en los periódicos y las revistas basura. Con siete años leía las secciones de ‘confesiones’ o ‘crímenes’. Más tarde, en la escuela, teníamos una pequeña biblioteca. Entré ahí antes de que tuviese el permiso de edad para hacerlo, ya que había un control para acceder. Leía de todo, no sabía lo que era bueno o malo. Estamos hablando de los sesenta, y no existen, claro, ni la televisión por cable ni los videojuegos, así que leer era normal.
V: Al escribir sobre tus historias reales, ¿Qué sientes cuando gente de todo el mundo queda fascinada por lo que cuentas de Knockemstiff? Apuesto a que en un 99,99% no tienen planeado visitar el lugar…¿Hay ahí historias que en cierto modo son universales?
 
DRP: Cuando el mundo parece hacerse más pequeño, y viajas a un lugar buscando confirmar un tópico concreto y único, pero ves que en realidad todas las tiendas y cafés son los mismos que en tu ciudad, necesitas seguir investigando. A medida que crece esta sensación de encontrarse siempre con las mismas cosas, la gente busca lugares diferentes. Por eso, Knockemstiff es una experiencia diferente de Nueva York, por ejemplo. O podrías ir a Nueva Zelanda, verás que todo el mundo tiene smartphone y ve las mismas películas.
V: Sí, claro, no viven realmente como los hobbits, en cabañas perdidas debajo de pequeños montículos de tierra. Pero tampoco son como los habitantes de Knockemstiff, ¿no?. En cuanto a la gente que lee Knockemstiff o El diablo a todas horas en busca de esas experiencias, ¿qué tipo lectores crees que tienes?
 
DRP: Hay un poco de todo. En su mayor parte, diría, están en la mediana edad, especialmente en Estados Unidos. Creo que es así porque en Estados Unidos hay muchísimos jóvenes que ya no leen, y eso es lamentable; prefieren otras cosas que les puedan entretener. Así que yo diría que es gente entre, pongamos, los treinta y los cincuenta, y una mezcla entre hombres y mujeres, cosa sorprendente, porque sabemos que hay muchas más mujeres lectoras que hombres.
V: ¿Qué hay de tu relación con Chuck Palahniuk? Cuando leyó tu libro quedó impresionado, por lo que he podido ver. ¿Cómo conectan las historias de un born and raised en Knockemstiff con el célebre escritor de Fight Club?
 
DRP: Publicamos en la misma editorial en Estados Unidos, y mi editor le mandó una preview de mi libro. Chuck escribió el blurp para Knockemstiff. Al poco tiempo, él tenía que estar en Columbus, Ohio, porque tenía que salir un nuevo libro suyo, todavía antes que el mío; así que nos conocimos y charlamos un buen rato. Más tarde, cuando mi libro salió, hicimos algunas lecturas juntos, y ello me dio una idea de lo realmente conocido y mediático que es. Tiene una base increíble de fans, y cuando yo hago una lectura pueden venir entre veinte y setenta personas, ¡en su caso son 600! Leer con él fue una experiencia muy diferente para mí.
Otra cosa interesante de cuando conoces a Chuck es que te das cuenta de que no es como ‘deberías’ imaginar que es si te basas en sus libros. Es muy amigable y educado, y no tiene nada que ver con cualquier idea preconcebida basada en sus obras. Quizás conmigo ocurre lo mismo; la gente lee mis libros…
Interviene el editor, Karm, y comenta que el día anterior en la radio, en una entrevista, le comentaron a Pollock, como sorprendidos: ‘pareces una persona bastante tranquila y relajada...’. Y dice que él respondió: ¿Y por qué no debería serlo?
DRP: Sí, me suele pasar bastante a menudo, aunque entiendo que la gente asocie lo que escribo con mi personalidad.
 
«Entiendo que la gente asocie lo que escribo con mi personalidad»
V: No sé si la gente que vendrá esta noche al festival Primera Persona tiene una idea de un escritor loco y alcohólico o más bien de una persona normal y tranquila...pero, en todo caso, ¿qué preparas para tu actuación en el Festival Primera Persona de esta noche?
 
DRP: Voy a hablar del concepto de ‘espacio’ en la ficción, y mostraré algunas fotos de Knockemstiff que hice yo mismo, y una lectura de la novela de El diablo a todas horas, y luego estaré listo para las preguntas del público.
V: Estará genial seguro. En cuanto a la materia literaria de tus obras, en el caso de Knockemstiff, ¿cómo planteaste los relatos, todos de golpe, en algún orden?
DRP: No planeé ninguno, comencé siempre con la primera frase, y de ahí fui avanzando, muy lentamente. Lo revisaba varias veces después de escribirlo. Me tomó mucho tiempo escribir cada  relato. Por eso, cuando pensé en escribir la novela, vi que si seguía el mismo proceso podría tardar como quince o veinte años...Así que escribí un borrador, algo en papel con lo que pudiese agarrarme. Con el libro en el que estoy trabajando ahora escribí unas 20 páginas de guión, ubicando lo que más o menos va a ocurrir. Intento mejorar las maneras de no perder el tiempo escribiendo cosas que irían directamente a la papelera.
V: Y, ya que hablas sobre tu próxima novela, ¿Dónde se ubica, también en Ohio?
 
DRP: En Ohio, sí, en el sur. En una ciudad en la que viví pero a la que le cambio el nombre en el libro. Me desplazo en el tiempo a principios de siglo, en el 1917, una época que no he vivido y con la que no estoy familiarizado. Todo mi trabajo siempre transcurre de los años cuarenta a mediados de los setenta, y tenía ganas de cambiar de época. El background para la novela es un campo de entrenamiento militar norteamericano, ya que los Estados Unidos entraron en la guerra ese año. Construyeron un enorme campo de entrenamiento, lugar en el que vivo ahora, aunque ya no queda nada de él.
V: Quizás este cambio de ubicación y tiempo ha sido una manera de no agotarte con la misma fórmula literaria, y haber continuado con las mismas historias de Knockemstiff de manera repetitiva.
DRP: Quiero mantener todo mi estilo en la nueva novela, pero sí que buscaba temas diferentes a lo que ya había hecho. Siempre me ha fascinado la Primera Guerra Mundial, pero no quería escribir una novela bélica, y por eso acabé pensando en esta posibilidad con la que estoy trabajando del campo de entrenamiento.
V: Para desconectar un poco del ambiente bélico, la última pregunta, ¿planeas ir a la playa en Barcelona?
 
«Ahora mismo nos vamos a la playa» interviene Karm, el editor adjunto que ya ha terminado su caña y debe acompañar al temible Pollock a la playa. Por la tarde, según me comentaban, les queda todavía una buena tourné de entrevistas. Yo con la mía, feliz y con el libro dedicado, paseo felizmente por el Raval buscando yonkies, putas y camellos pastilleros con los que compartir la experiencia Knockemstiff. Ya se dice, compartir tu mierda es una forma de amar y, si te fijas en Pollock, quién lo diría, igual puede acabar convirtiéndote en una persona normal
Sus trashlibros en Goodreads:
Sirva esta entrevista como un sentido homenaje tardío a la muerte de Gonzalo Canedo, editor de Libros del Silencio, al que tuve la suerte de conocer y con el que compartí lecturas y experiencias literarias y vitales. Como sabéis, lamentablemente, Libros del Silencio ha desaparecido como editorial. Nos quedan descubrimientos como el de este perdido pueblo de Ohio, al que regreso, en silencio pero muy on fire, cuando necesito adrenalina y literatura trash con la mayor pureza del mercado.
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