¿Por qué Frankie Wilde convierte a David Guetta en un telettubie?

Tuve la oportunidad de conocer a Pete Tong hace apenas un mes, en Ibiza. Todavía no había visto la película que él mismo produjo en 2004 y que, pongo la mano en el Traktor, le propinó a él y a sus colegas unas risas que a día de hoy siguen haciendo historia.
Como muchos sabréis, la película It's All Gone Pete Tong narra la historia de Frankie Wilde, un DJ de hábitos algo excesivos que está en la cresta de la ola y que pasa el verano reventando clubes en Ibiza. El personaje goza de un carisma fuera de lo común, no solo por poner un musicón "supuestamente" buenísimo, sino por comportarse las 28h como un rockstar de manual: drogas, pasta, temazos, onfireismo y chorbas circulan por su mansión sin límite alguno. Más allá de estos seductores y entretenidos tópicos, el personaje de Wilde merece otro análisis más amplio que nos permita ubicarlo respecto a otros DJs que, ni por asomo, logran estar a su altura.

¿Por qué Frankie Wild mola mucho más que David Guetta?

Ahí va Frankie, dejen paso al menda electrónico.
 
1. No le importa parecer gilipollas todo el rato y vive en una permanente euforia mediática
 
Más que un DJ comedido, selecto y con aires de businessman —lo que se lleva ahora—, Frankie Wilde parece salido de las cavernas de la Inglaterra lumpen. Apenas es capaz de pronunciar dos frases seguidas que tengan sentido, está siempre afónico y sus chistes no tienen gracia. Entonces, ¿por qué mola tanto? ¡Porque está encantado de la vida! La energía que desprende es pura, sin filtros ni postureos, en las entrevistas se comporta como el señor que se rocía de cava delante de las cámaras al haber ganado la lotería de Navidad. Cuando pincha es capaz de vestirse de aviador, de aplaudir durante media hora seguida y de lanzarse al público con mucha más vitalidad que el papanatas de Steve Aoki.
Yo me apartaba.

2. Se droga todo el rato.

Recientemente se ha puesto de moda el discurso políticamente correcto de que los Djs no toman merca y van al gimnasio. Y eso está muy bien, no puedes estar delante de las cámaras diciendo que eres un farras y un yonkie. Salvo si eres Frankie Wilde. Nuestro Dj vive con una bolsa de 10 gramos de cocaína pura en el bolsillo y que no duda en usar como quien tiene los labios cortados y va con el tubo de crema de cacao en la mano.
3. Lleva el ritmo in da body
 
Su control de los vinilos y otros utensilios musicales es propia de la intuición que gastan los maestros Zen. Es como un alfabeto que pilla un lápiz y dibuja e ilustra cosas que reflejan lo que quiere decir incluso mejor que con simples palabras. ¿No es acaso maravillos, tan maravilloso como un poema de Shakespeare?
David Guetta (lila) y sus amigos.
4. Nadie entiende exactamente qué pasa por su cabeza.
Frankie apenas siente la necesidad de explicar cómo se siente, qué piensa de las cosas o cuáles son sus planes. Sencillamente, se deja llevar. Si en el discurso del bienestar personal no paran de machacarnos con esa necesidad de fluir sin limitarnos podemos reivindicar sin miedo a nuestro gurú y maestro electrónico.
5. Los héroes nunca mueren.
ATENCIÓN: NO SPOILER. No revelaremos aquí la clave que vertebra la película, pero sí comentaré que Wilde se encuentra en una situación límite y patética que está a punto de costarle todo. Mal hacen los que le dan por perdido y no confían en él.
Por todo esto, y mucho más, Frankie Wilde es el technorockstar que puede iluminar nuestro sendero en el mundo tan aséptico que nos rodea.
Keep that base.
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust