Poesía boicoteada con Happy End made in Hollywood

Mis dos sicarios se plantan en la entrada de la Casa social, entran y registran el interior para hallar cualquier trampa postcomunista contra mi casta persona. Parece que todo está bajo control. Sólo hay algo de droga mala y cervezas en las esquinas de la sala. Entro sin quitarme las gafas de sol. Son las 9 de la noche. En Holanda hay gente que ya está durmiendo o tocando la flauta alrededor del fuego. Quizá alguna alma lúcida se pregunte qué hace Vanity en un sitio parecido, con fines sociales y con gente politizada. Hay una respuesta clara: desgrabar impuestos. Tras haber pasado algunos percances jurídicos por evasión de impuestos e inyectar dinero negro en Las Caimanes, tuve que recapacitar y contentar a Hackcienda con la creación de un orfanato y realizar diversas "ayudas" sociales. De entre ellas, las casas sociales, ocupadas y fuera del sistema. Me encomendaron la pestilente tarea de hacer regresar una casa social cada mes al capitalismo tardío.
Con mi prosa y mi intelecto cromado, seguro que los habitantes de la casa social -que llamaremos Home Cinema- seguro que recapacitarán y se lanzarán a hipotecarse para ir de vacaciones a Punta Cana.
Así es, mi gran amigo de batallas URA me ha hecho hueco en un recital de poesía dónde podré exponer mi seria y coherente visión del mundo.

URA me sirve una cerveza, que rechazo gentilmente ya que llevo mi propia petaca. Pasa el rato y empezamos. Primero le toca a él. Se sienta en el taburete y deja algunas perlas en la palestra. Mientras, me siento al lado de una chica muy interesada en el mundo de la poesía y calculo grosso modo que tiene una 90. Los primeros seres extraños que detecto en el local, de techo bajo y mal iluminado, son algo parecido a una forma femenina con el pelo corto y pelos en la nariz. Yo sigo con mi nueva amiga 90. URA termina con una merecida ovación y se retira prudentemente a leer el Corán y a esnifar Speed. Es el turno de una chica que prepara una performance poética. Me gusta, dice cosas profundas de su yo interior y sus miedos y se queda en ropa interior como forma de mostrar su liberación ante la muerte y sus miedos. Casi consigo terminar el juego Wars of World, pero el marciano final me bloquea con un láser sónico y rompe el ala izquierda de mi caza. Creo que me toca. Quito la mano del muslo de 90 y subo a la palestra. Mis dos sicarios se situan detrás mio y el niño brasileño que me lia los cigarros me entrega un American Spirit sin filtro. Luego saca una pelotita del bolsillo y comienza a hacer toques a lo Ronaldinho. Primer texto narrado. Se producen algunos resoplos del sector combatiente del bigote puntiagudo, pero yo pienso que tras mi recital termino la jornada con Hackcienda y podré de nuevo vivir en paz retirado en mi cabaña llena de sherpas tibetanos. No obstante, la mayoría del auditorio ríe conmigo y eso llena mi desdichada alma. Los sicarios fruncen el cejo. Segundo poema, bien, los resoplos vacunos dan paso a vocecillas putrefactas:

-machista, ¡energúmeno!

Me pregunto que tiene que ver la poesía o mis textos con estas cosas tan decimonónicas. Pero en realidad me la trae al fresco. Nuestra querida Madonna, objeto pureta del deseo mundial, dijo una vez que lo que importa no es gustar, sino que hablen de tí. Soy tuyo nena.

Los homo erectus con tetillas y bigote continúan su recital alternativo, visiblemente molestas por mis caricaturas burlescas que sus dos dedos de frente no atinan en, por ejemplo, relativizar. Su nivel de desquiciamiento me hace sentir bien. Mientras tanto, las chicas simpáticas y lúcidas como 90, fuman, rien y toman cerveza a pequeños sorbos. Todo es arrolladoramente bello y variado.
Termino. Culmino mi trabajo esperpéntico rodeado de cánticos y alabanzas, salvo el sector retrógrado anclado en el maravilloso mundo de
Simone de Beauvoir.
Bajo de la tarima y me planteo regresar a casa, pillar el Hummer
H2 y convertir el Home Cinema en Dust, pero en realidad hay gente abierta y con una dentadura bonita que ha pillado mi tono erótico-festivo y me ha tratado bien.

El bigote con patas y pelo corto se situa cerca de mí.
-deberías repensar tu poesía, es puro machismo camuflado de arte.
-Primero, me tratas de usted. Segundo, estamos en un país técnicamente libre. Tercero, mis abogados estarán encantados de tener el placer de hablar con un espécimen tan raro como el Pokemon 151. Cuarto, podría añadir tantos puntos como quisiera, pero me estás pinchando el brazo con tu bigote Dalí.
-Eres una víctima del sistema patriarcal y de la dominación machista, tu discurso es basura.
-Orco, déjame citar a Nabokov: hay dos tipos de arte. Primero, el que considera que todos somos seres lo suficientemente formados como para apreciar el placer estético y dejarnos de tonterías morales. Segundo, los que consideran que el arte debe ser moralista y pedagógico. Como sabes, estoy en el segundo grupo. ¿Qué problema hay? Si me disculpas, esta chica que tiene una noventa de pecho y el pelo normal quiere hablar conmigo.


Rememoro mi última visita al sensei del gimnasio, con el que hice un randori bastante decente, y le planto un codazo en tsuki en la mejilla del bicho con tetillas, pelo corto y bigote. La mujerzcuela sangra. ¡Dios! No es una sangre cualquiera, es verde. Mierda. Le están cayendo los mocos. Mis dos sicarios intervienen en la jugada y la bloquean. El sapo intenta escapar y levanta las axilas para dañar el olfato de mis sicarios, pero ellos ganan mucho dinero y soportan cualquier cosa. Dicho esto. La chica 90 se lanza sobre mis brazos y me besa.

-Has estado muy bien, me encanta como escribes.
Hace tiempo que no terminaba con un Happy End con una frase sencilla y Hollywoodiense. Hoy, quizá por cuestiones atmosféricas, no he podido evitarlo.

VD 2010
http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust