El comunista plagiado

En plena posmodernidad, en la época de alienación masiva de nuestra era, Juan era el anticapitalista más concienzudo y activista de cuantos se han conocido. De acuerdo, no llegaba a la talla de los bolcheviques de 1917, aunque soñaba cada noche con haber vivido en la Rusia de la revolución. 

El caso es que Juan no era un comunista cualquiera. Le encantaban los debates ideológicos; reformismo o revolución, conciencia de clase, asambleas, pero no se conformaba con los métodos tradicionales. Procuraba encontrar formas de expresar sus  pensamientos más sorprendentes y originales.

Por desgracia, sus ingeniosas acciones servían a otros propósitos; de hecho, eran usadas justo por lo que él mismo denominaría el demonio del capital; atentos publicistas seguían de cerca a chicos como Juan, para sacar ideas puras y adulterarlas para vender. Acción tras acción, la creatividad de Juan quedaría ahogada, reducida, aplastada.

En el hospital psiquiátrico definirían su trastorno como “psicosis anticapitalista aguda”. Pero antes de hablar demasiado, pasemos a la senda de sucesos que conducieron al simpático Che Guevara español a la demencia.

El blog de Juan gozaba de una posición saludable dentro de la blogosfera; número elevado de visitas diarias, numerosos comentarios, debates y críticas. Tarde o temprano, la dirección fue chequeada por un publicista, que quedó maravillado por el título del blog: “Todo empieza aquí”. Semanas más tarde, Juan colgaba carteles de una charla de su agrupación política “Chávez, la esperanza de Latinoamérica” por la zona alta de su ciudad. Cuando regresaba a buscar el autobús a la plaza Francesc Macià, un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el eslogan de la gran valla publicitaria que cubría todo un edificio. “Toyota Auris, Todo empieza aquí”. En el autobús, su cabeza funcionaba a mil revoluciones rusas por minuto, se sentía completamente superado por la situación. Su solemne y soberbia frase, incitando al inicio de una nueva fuerza transformadora “Todo empieza aquí”, acababa de ser reducida a un mero eslogan de un coche, que no era ni un deportivo. Clausuró el blog justo al llegar a su casa. Cabreado y desconcertado, dedicó su tiempo libre a dar charlas con sus camaradas y a escribir artículos para el diario de su agrupación.

Dos semanas después Juan estaba preparando una de sus acciones. Se le había ocurrido algo pionero y rompedor, una excusa para salir a la calle a hacer ruido. Una idea que luego se expandiría por el planeta entero, generando una verdadera corriente con seguidores hasta en los lugares más remotos. Juan lo denominó “abrazos rojos”. Se trataba de ir por la calle con un cartel con la estrella roja y la palabra “abrazos” escrita encima. Cuando alguien sonreía o se disponía a abrazarle, él daba un efusivo abrazo. Cuando la persona hacía una mueca o decía ser del PP, entonces todo el grupo se abalanzaba contra él y le daba golpecitos en la cabeza con los carteles.

El anuncio de ONO “llamadas gratis” le provocó la primera crisis neurótica de su vida. Un spot con su genial idea pero sometida a los intereses de una multinacional del sector de las telecomunicaciones. En el anuncio, un chico joven se paseaba por la calle con un cartel similar al de Juan, abrazando a la gente y reclamando llamadas gratis. Descolocado y humillado, solo se calmó tomando tranquilizantes durante dos semanas.

Su sistema nervioso estaba dañado; dormía mal, tenía cambios de humor bruscos. Juan ya no era el mismo. Su creatividad tuvo aún dos repuntes que se girarían en su contra, mandándolo una temporada a un hospital psiquiátrico. Su nuevo truco era un juego de palabras con las manos. Escribía palabras en las dos manos, en las palmas, dedos… y luego hacía juegos girando, abriendo o alargando las manos. Al ritmo de la III Internacional, Juan elaboraba un juego de manos en el que se iban leyendo : Cuba libre, Revolución o muerte, Marx campeón… Colgó el vídeo en Youtube y fue visitado por mucha gente. “Communist hands”. Cuando lo vio por televisión, no se podía creer el anuncio de Movistar, tenía que ser una broma de mal gusto. Un juego de manos igualito al suyo, pero promocionando las tarifas y los móviles de Movistar.

Le dolía la cabeza todo el día, no tenía apetito, estaba al borde del trastorno. Antes de alcanzar el delirium tremens, dedicó todas sus fuerzas a elaborar unos carteles en forma de globo de cómic, como si la frase de la pancarta fuera dicha por los personajes de un tebeo. Se trataba de hacerlas para una de las conocidas manifestaciones por el derecho a una vivienda digna. “Una solución, Ocupación”, “Ni una casa en la puta vida”,…

En las elecciones municipales, todos los autobuses de Barcelona lucían el mismo diseño con propaganda electoral de CIU “Una solució, votans”, “amb CIU és possible”,…

Los últimos gritos en libertad de Juan fueron en medio de plaza Cataluña entre sollozos y desvaríos, hasta que llegó la policía y le llevó a la comisaría.

-¡Donde cojones está la cámara!, decídmelo cabrones!, Salid de donde estéis!

No es tiempo fácil para los comunistas originales.

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