Pinterest: vagos y holgazanes del mundo, ¡uníos!

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VANITY GEEK ltd. ANALIZA PINTEREST con entusiasmo y dedicación.

Pierde el tiempo, pero con estilo.
Es lógico y previsible que salgan inventos como Pinterest durante épocas de crisis y de falta de recursos. Puedes coleccionar ropa que no vas a tener, casas que apenas vas a ver desde detrás de la verja, gente a la que nunca te vas a follar. Coches que, si los conductores te vieran, te atropellarían sin pensarlo. PINTEREST es la frustración compartida y, por lo tanto, normalizada. Así que todos a colgar merca por doquier, a ver si la autoestima mejora mientras la nevera sigue vacía.

Sobra decir que Pinterlandia es el nuevo espacio predilecto de los Coolhunters que, cabrones ellos, cada vez saben más cosas de sus víctimas con menos esfuerzo.
Vives de la creatividad de los otros, un parásito selecto. Puedes lograrlo. Solo con cierto buen gusto, ni que sea por lo trash o las gordas en bikini, puedes demostrarle al mundo que eres un enterado en algo. Algo como botiquines de farmacia, libélulas, pinzas para los cereales, famosas con celulitis, libros de los años cincuenta, actores que se han quedado calvos, bolsas de basura.
Es un no parar de crear álbumes y llenarlos con mecánicos repins, te conviertes en un esclavo de merca fotográfica que, en cierto modo, te representa. Pinterest es la lucha por el prestigio de ser un buen comerciante de fotos asociados a conceptos etéreos. “AMOR”, “FELICIDAD”, “ESTILO”. En realidad, Pinterest es un concepto decimonónico, el del coleccionista. De sellos, de monedas, de enciclopedias. Una lucha más de egos, pero con escaparate público, nunca mejor dicho.
Aquí capturas momentos, espacios, objetos, pero todo en tus boards virtuales. No te cuesta nada, es infinito, y es posible que ligues o que, si consigues hacer una colección de 2.000.000 de cinturones, te contrate American Apparel.
Gente que nunca tendrá una mansión se dedica a coleccionarlas.
Pinterest funciona a base de repins. Es EL SECRETO. Un repin es un copy y paste de una foto. Por ejemplo. Quiero colgar un libro que no he leído para lucir my onfireysmo lector. Un libro japonés, mucho mejor. Miro en el buscador algo como “random japanese freak writers”. Veo la portada de la edición más cool, hago un repin y ahí aparece, en mi board, perfecta. La otra persona a la que le he copiado, random, se suma el mérito del repin, y yo me sumo el puntazo por buen curator de libros de petados japos. Puedes hacerte tus álbumes, de las dos mil chorradas más absurdas. La gente colecciona estudios de gente famosa, edificios soviéticos en decadencia, sus uñas pintadas, bebés anoréxicos.
LO GRATIS. Hacer un repin no cuesta nada. No haces tú la foto, apenas la has elegido. Sencillamente la pegas en tu muro. Pero claro, el concepto “PIN” mola mucho más que pegar. Porque pegar es de Word y de polígono industrial. Nada. Fuera. Todos a por el PIN. Todavía no he probado si es posible la censura en Pinterest. Un álbum de gordas en bolas jugando al Tetris. Gordas de todo el mundo con una GameBoy Oldschool. Mi colección de bragas donada por fans altruistas. Mis mejores rayas. Movidas así. Supongo que Pinterest deberá ponerse las pilas con esto. Ojalá no, será mucho más divertido que se llene de SPAM, aunque por ahora lo llevan bien. Porque Internet es una batalla entre el contenido con sentido, trabajado a diario por millones de internautas conecienciados, y la amenaza del SPAM masivo, porno, casinos, loterías, joder, una batalla épica. Como tu lucha con el tabaco es el cáncer. Vas fumando, hasta que, oh, mierda, basta.
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Y la Blancanieves pegándose una buena clencha


Y el pinterest de Vanity, tan esencial


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