Permanentemente colocado y en contacto con el más allá

Para alguien que vive permanentemente colocado y en contacto con el más allá es complicado preguntarle acerca de la inspiración. Sería como preguntarle a un panadero joven y sin estudios medios si alguna vez ha pensado en esnifar harina a las 6 de la mañana mientras prepara el pan que luego venderá a las abuelas en proceso de descomposición. Sin querer ser impertinente, una vez pregunté a un hombre, permanentemente colocado y en contacto con el más allá, que qué entendía él por inspiración y la subsiguiente materialización en un trabajo creativo. Lo que vino a decir fue lo siguiente:

Imagina una zebra. ¿Te has preguntado alguna vez qué tipo de hierba come o si le gusta el agua calentada por el sol? Este tipo de cuestiones responden a una mente liberada. Es como jugar al tetris con cabezas de cerdo, poniendo las orejas en una u otra forma para terminar el tablero. Es sencillo, todo es creativo; lo único necesario es fragmentar la realidad en mini puntos, como píxeles, que luego puedas hackear.
Quién reflexione acerca de esta confesión, vaso de brandy en mano, puede llegar a escribir tres lineas sin faltas de ortografía. Y es hasta probable que se considere a sí mismo con el talento suficiente para hacer una raya sin tarjeta de crédito, usando únicamente un ticket de metro sin viajes restantes. Aunque es también probable que directamente haga un libro de autoayuda con pretensiones cool. Nunca lo sabremos.
Escuchando a Richie Hawtin en Resident Advisor y tomando un té Darjeeling producido por manos explotadas, pienso en todo ello, reflexiono sobre la trascendencia de las cosas.
En momentos como este, también plasmados en anteriores posts, tengo un karma sincrónico con la desdicha postglamour, y suelo comenzar un relato breve en el que presento al sol como astro benévolo, funcional, y con una rutina de gimnasio establecida. El muy cabrón siempre llega puntual al trabajo, sin gafas, ya que él es la luz que ilumina a sus súbditos. Tiene un ritmo de vientre regular, y los fines de semana toca los cojones a los ravers que siguen de fiesta. Cuando el cabrón se despide lo hace con parsimonia, como si intuyera que algunos depravados fueran a echarle de menos durante su ausencia. Pero cuando desaparece todo el mundo confía tenerle pronto de nuevo entre sus filas. El sol suscita una especie de debilidad y dependencia humana, que solo los tipos permanentemente colocados y en contacto con el más allá pueden lograr exorcizar.
Una vez, alguien dijo una frase que rompió moldes. Creo que fue en un anuncio de cereales especiales para defecar con soltura y asiduidad:
Hoy, ¡me siento tan artista!
Fue en ese preciso instante, cuando lo escuché por televisión en casa de una amiga de la familia que me masturbaba con sus grandes tetas operadas y luego me enseñaba las portadas de la prensa en las que salía, a mis 9 años, cuando decidí (muy secretamente) que sería una figura de porcelana de grandes proporciones y manos de hierro que sobrevolaría la narrativa europea (y, de paso, coaccionar la literatura postmoderna universal). Tomada esta decisión, pasados algunos años, comencé con las drogas blandas y el sexo con prostitutas argentinas. Tras algunas crisis personales solventadas por tipos permanentemente colocados y en contacto con el más allá, llegué a interiorizar y comprender la conclusión del anuncio de los cereales. Hoy, ¡Me siento tan artista! Y fue en ese momento cuando descomprimí la heroína mental del congelador, la puse en el microondas y llamé con el móvil a un número por azar, y todo vino como rodado.
Gracias a los pica piedra por inventar la rueda.
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